Aída Trujillo

marzo 25, 2010

Roberto Marcallé Abreu, escritor, jurado del Premio Nacional de Novela de Republica Dominicana

Santo Domingo.- El escritor Roberto Marcallé Abreu, uno de los tres integrantes del jurado que otorgó el premio de literatura a la novela “A la sombra de mi abuelo”, escrito por Aída Trujillo, rechazó ayer las críticas a la decisión y defendió las actuaciones, capacidad e independencia del jurado.El también Premio Nacional de Literatura atribuyó los comentarios en contra de la selección por parte de escritores y organizaciones patrióticas a que la figura de Trujillo sigue viva en el alma nacional y se presta a polémicas.

Señaló, además, que el texto de Aída Trujillo no era el único de los 14 presentados que se refería a la persistente presencia en el espíritu nacional, del paso de su abuelo por el poder y su dictadura de 30 años. “En la mayoría de las obras estudiadas, quizás 12 del total de 14, la personalidad de El jefe es como un espectro que planea –y lo sigue haciendo– sobre la vida de los dominicanos”, afirmó.

También es de la opinión que la mayoría de los comentarios se originan en el desconocimiento del texto premiado.

Manifestó que la obra pertenece a la categoría de novela, en contradicción con la afirmación de varios escritores.

Tampoco “A la sombra de mi abuelo” es una apología, enfatizó. “No es un escrito en el que se defienda las maldades y perversidades del régimen de Trujillo”, dijo.

Narrador y periodista. Nació en Santo domingo, el 30 de mayo de 1948. Durante muchos años ha desarrollado una activa labor periodística en distintos medios de comunicación, tanto en el país como en el exterior, distinguiéndose por sus trabajos de investigación sobre la realidad social dominicana. Desde muy joven se distinguió por su participación en concursos literarios celebrados en el país, habiendo obtenido premios y menciones en poesía, cuento y novela. En 1979 fue galardonado con el Premio Nacional de Novela con Cinco bailadores sobre la tumba caliente del licenciado. En 1999 obtuvo el Premio Anual de Novela con Las siempre insólitas cartas del destino.

Obras publicadas

Las dos muertes de José Inirio (1972), El minúsculo infierno del Señor Lukas (1973), Sábado de sol después de las lluvias (1978), Cinco bailadores sobre la tumba caliente del licenciado (1978), Espera de penumbras en el viejo bar (1980), La comunidad dominicana en el exterior: El desarrollo de la década (1986), Esas oscuras presencias de todos los días (1998), Las siempre insólitas cartas del destino (1999), Sobre aves negras cortes de media luna y lágrimas de sangre (2002), Contrariedades y tribulaciones en la mezquina existencia del señor Manfredo Pemberton (2007).

 

marzo 24, 2010

Paul Rivero, escritor, opina sobre Aída Trujillo, “Una discipula de Proust en la familia de Trujillo”

DIARIO LIBRE|RAUL RIVERO

Una discípula de Proust en la familia de Trujillo

  • 06.06.2009

>Jueves

Árbol y después bosque

Conocí a un poeta que, cuando murió su madre, le escribió una elegía en décimas. Un poema enorme, espiritual, de quintillas cerradas, en el que prometía reencontrarse con ella una mañana clara en un lugar de la primavera. El jefe de uno de aquellos partidos estalinistas empotrados en América le reprochó al escritor la forma subjetiva, inmaterial y desesperada que usaba -un hombre de izquierdas como él- en ese trance. El autor le respondió: «Señor, a mi madre yo la recuerdo como me da la gana».

Pues sí. Yo creo que ni las ideologías, ni el miedo, ni los compromisos comerciales, ninguna de las prótesis que se usan para andar por la vida, pueden interferir en los asuntos familiares, en los sentimientos y, mucho menos, en la memoria, ese reino de neblinas, imprecisiones y extravagancias donde todos los hombres controlan el tiempo, violan la ley de la gravedad y viven como dioses unos pocos segundos de las noches inmensas.

Todo esto viene a cuento porque en República Dominicana ha vuelto salir, como una exhalación, el tricornio de Rafael Leónidas Trujillo. Recorre pueblos, valles y montañas en las páginas de una novela escrita por la nieta del dictador, Aída Trujillo Ricart, una mujer de 54 años residente en España.

El libro se titula A la sombra de mi abuelo y acaba de recibir el Premio Manuel de Jesús Galván que entrega el Ministerio de Cultura.

Para algunos críticos y para personas emparentadas con víctimas de Trujillo, que gobernó esa nación como una finca o un cuartel durante 31 años (1930-1961), la obra no da la talla artística y enaltece la figura de uno de los numerosos payasos armados que insultaron con su espadón y su megalomanía el siglo XX americano.

El historiador Franklin Franco Pichardo, que de muy joven tuvo que salir al exilio perseguido por la policía trujillista, dijo a la prensa que el libro sobre el dictador deshonra el Premio Manuel de Jesús Galván y carece de calidad literaria.

A la sombra de mi abuelo compitió con otros 13 libros. El jurado estuvo integrado por los escritores Jorge Volpi, de México; Manlio Argueta, de El Salvador, y el dominicano Roberto Marcallé Abreu.

El ministro de Cultura, José Rafael Lantigua, tampoco está feliz con el galardón para la nieta de Trujillo, pero pidió comprensión a los sectores soliviantados porque el tribunal que juzgó las obras actuó con plena libertad.

Marcallé Abreu, quizás el más cuestionado de los jurados, dijo que el libro tiene algunas deficiencias técnicas, pero que narra un increíble drama humano.

No se trata de un apología de Trujillo, dijo el escritor, que llamó a los detractores de la obra a leerla con detenimiento. Se trata, más bien, de «una amarga situación que ella [la autora] ha sobrellevado de una manera muy sufrida toda la vida».

Las declaraciones de Marcallé Abreu no han impedido que dos dominicanos considerados héroes nacionales y siete organizaciones patrióticas hayan publicado un documento en el que recuerdan que durante el mandato de Trujillo fueron asesinados 35.000 dominicanos y otros 55.000 sufrieron cárcel y persecución.

La escritora, Aída Trujillo Ricart, explicó que su intención ha sido dar una perspectiva familiar de su abuelo, «el ser más tierno que la acompañó en su infancia».

En una entrevista concedida en noviembre, la señora Trujillo dijo que el libro es un relato novelado, en el que ha dejado volar la imaginación. «Éste», aclaró, «no es un ensayo de Historia».

Recordó que en varias oportunidades ha pedido perdón a las posibles víctimas directas o indirectas de su abuelo o de su padre, Ramfis Trujillo. «Todos tenemos derecho a tener distintos puntos de vista, por supuesto. Y más cuando, de un modo u otro, hemos sido victimas de una dictadura. Por suerte, hoy en día, tanto en Dominicana como en España vivimos en democracia», añadió.

El escritor mexicano Jorge Volpi dijo que la novela era la mejor de las que se presentaron al concurso. «El premio es para la novela, no para su autora. Y desde luego no debe interpretarse como una reivindicación de la figura de Trujillo».

La Historia es la crónica leal de la vida. La descripción, la copia al carbón de los acontecimientos. Son páginas donde la imaginación no puede (no debe) pervertir la realidad.

La memoria suele ser la evocación de una historia personal recordada y compuesta con libertad.

marzo 22, 2010

A la sombra de mi abuelo, disertación del escritor Odalís G. Pérez

Narración, Fábula y universo de sentido.

“A la sombra de mi abuelo” de Aída Trujillo
Por Odalís G. Pérez

lunes 22 de marzo de 2010, actualizado hace 11 horas, 27 minutos

Leer un universo de sentido a través de la narración y la fábula que le sirve de base, implica algunas operaciones, no solo imaginarias, sino también sociopolíticas y textuales que podemos advertir en un determinado género literario o discursivo. El texto narrativo o específicamente novelesco, transmite registros que se contextualizan en un arqueado de eventos reales o ficticios, pero sobre todo organizados en un eje de escritura, imaginación y fabulación.

Esperar de una novela una respuesta histórica, aun la misma parta de un hecho histórico, o puntualmente político, o respuesta política, significa equivocar el trayecto, la travesía literaria y ficcional de un texto novelesco articulado sobre un modo y un mundo posible de sus personajes y narradores estratégicos.  No debemos olvidar que A la Sombra de mi abuelo (2008) es un texto novelesco basado en un tema que la autora escoge desde un yo encarnado, invertido y desinvertido, posicionalmente narrado desde varias voces implicadas en la red de los veinticuatro ritmemas, inserciones, “tememas” y narratemas que componen y se recomponen en la narratividad de A la sombra de mi abuelo.  (Ed. Norma, Santo Domingo, 2009, 2ªedición).

Debo expresar que lo único que puede ser el texto de Aída Trujillo es novela, tal y como lo precisó el jurado que le otorgó el “Premio de novela 2008”.  Un sondeo a más de 120 lectores realizado por nosotros en un pesquisa sobre dicha novela, nos dice que las opiniones en tal sentido se inclinan inclusive, a favor de la “calidad narrativa” de la novela.  No quiero en este momento entrar en aspectos estructurales de las opiniones de lectores al respecto y en dicha encuesta.  Me basta con saber que los niveles de lecturabilidad del texto en cuestión, se inclinan por dicho género narrativo y por la lógica textual en el orden de un argumentario aparentemente ficcional y testimonial que evoca los varios momentos de la autora, reconocida como personaje y función en la novela.

Es por eso que A la sombra de mi abuelo abre incluso posibilidades de relato en sus “dobletes” actanciales y en sus hilos de conducción narrativa.  Las secuencias se llevan a cabo en un tipo enunciativo revelador de una diégesis y una historia concatenada con sus incidentes o accidentes ficcionales.  El cuadraje por donde circulan personajes como Ramfis Rafael, el doctor Morgan, Aída, Octavia Ricart Martínez, Tantana, Nieves Martínez, Pedro Adolfo Ricart, María Martínez, Dulce la Fiel, Adulación, Perdigón, Luigi, “Tinín”, José Manuel, Chopera, Pepa Martínez, Paloma y otros, se justifican en el trazado imaginario y narrativo de la novela.

Pero lo que no se ha podido advertir en A la sombra de mi abuelo es el “estado de personaje”, encarnado mediante el yo-Aída-personaje y el yo-narrador-narratario que incluye lo que es el territorio presentificado en el relato novelado y sus líneas de articulación expresiva y temática.  Se trata, pues, de un material narrativo donde la autora habla, dice su contenido mediante lo fantasmático de sus eventos-secuencias y tópicos narrativos.

Cada núcleo centrado en la voz direccional de la narradora espacializa, temporaliza y actorializa, en el sentido greimasiano de estos términos, la relación entre forma de la expresión forma del contenido en la novela.  Los diferentes focos que encontramos en los activadores textuales 1, 2, 3 y 4 (ver, pp. 11-68), constituyen planos narrativos donde los predicados funcionales del texto novelesco ayudan a construir el contexto-espacio-mundo, sobre la base de sus líneas morfológicas y propiamente enunciativas, tal como se hace observable en el capítulo VI, a propósito de los actores “Difteria”, “Muerte”, “Rafael”, “Julia” o “María Julia”, “Dolor” y Enfermedad, entre otras.

Los ejes narrativos marcados por las pautas novelescas narrativizan el orden actancial en A la sombra de mi abuelo:

Rafael Leonidas Trujillo Molina contaba con solo cinco años de edad y se debatía entre entre la vida y la muerte.
Difteria era el nombre de la parca y le visitaba a diario con intención de llevárselo de este mundo.
Sus atribulados padres seguían teniendo un pequeño rescoldo de esperanza porque doña Chen, la santera del pueblo, había prometido que vendría a verle.
En el mismo momento en que llegó a la humilde casa, la anciana puso cara de asco cuando vio a Muerte, que vestía sus mejores galas, sentada al lado del chiquillo que miraba hacia otro lado e intentaba ignorarla.
Aquella misma noche y a pesar del cansancio que le invadía, Rafael permaneció despierto, aunque cuando su madre entraba él se hacía el dormido.
De pronto vio como una luz resplandeciente que penetraba por la angosta ventana de su humilde cuartito y que, tras ella, entraba un ser blanco, transparente, y desmesuradamente alto que le dijo…
¡Rafael, soy tu patrono, no tengas miedo!
Todavía no ha llegado la hora de que abandones la tierra.  (Cap. VI, p. 69)

Cada estructura mitográfica y fantástica, produce como elemento integrador y temático, un efecto alegórico y a la vez simbólico importante para reforzar la trama novelesca.  Lo que activa el personaje es justamente aquello que la voz autorial figuraliza en la lectura interna y externa de la novela.  Las líneas de relato, construyen también la travesía de Rafael Leonidas Trujillo Molina en el marco de la fábula-novela y sus trazados complementarios o predicativos:

    “Al cabo de tres días y sus tres noches, el niño abrió los ojos, llamó a su madre y le dijo que tenía hambre.  Julia pensó que su hijo estaba delirando y fue corriendo a despertar a don Pepe, su marido.  Pero Rafael estaba bien despierto, se sentía perfectamente y devoró todo lo que ella le trajo” (ver, p. 70)

Ciertamente, las pautas narrativas y el ritmo narrativo reconocido en la estructura de superficie, son los que hacen de este texto una novela y no historia o testimonio.  Pues el mismo hecho de que la autora utilice el marco testimonial, es que permite o lo hace movilizar desde el punto de vista meramente ficcional, las visiones propias de la novelista y su elección o elecciones particulares.

El arqueado biográfico y por lo mismo temático y narrativo, garantiza una ilocución marcada por sus indicios, tramados y funciones narrativas:

    “José Trujillo, su padre, era extremeño y como tantos otros españoles en la época había emigrado a Dominicana, buscando nuevos horizontes y mejores oportunidades.  Allí conoció a Julia Molina, una joven de estatura pequeña, rasgos bellos y dulces, ligeramente mulatos, muy piadosa, afable y amorosa y que se convertiría, posteriormente en cariñosa madre de sus hijos” (İbídem.)

La determinación de una “cursividad’ narrativa en la novela, desarrolla un campo de producción estético-verbal que enuncia y anuncia la ascendencia familiar de Rafael Leonidas:

    “En San Cristóbal, la ascendencia haitiana de Julia estaba mal vista.  A menudo la mujer se disgustaba con sus convecinos por el trato que daban a algunos de sus hijos, los de piel más oscura, y a ella misma por ese motivo”.  (Ibíd., loc., cit.)

Parecería que la problemática haitiana marcada como epígrafe en el capítulo VI y como secuencia insertada en la página 77, resalta el asesinato, la historia, el relato de “el corte”, llevado a cabo en 1937 por el abuelo de Aída, “y por desgracia” con “el apoyo de muchas compatriotas”.  El relato forma parte del argumento narrativo, equilibrando en el capítulo dos fases o focos de contenido del problema:

1ª fase
    “Muchos de los haitianos que permanecieron indocumentados en Dominicana corrieron peor suerte que sus hermanos.  Por orden de Trujillo y de sus secuaces, miles de ellos fueron asesinados impunemente.  Pero el mandatario intentó convencerse de que aquel genocidio había sido altamente justificado y necesario.  Y, en aquellos momentos, le amparaban su espíritu nacionalista y, por desgracia, el apoyo de muchos compatriotas”

2 ª fase
    “Además, un hecho histórico acontecido a principios del siglo anterior también le animó a cometer aquella terrible matanza.  El emperador de Haití hubo promulgado una orden similar en contra del pueblo dominicano.  La barbarie se produjo durante una ocupación haitiana de la que finalmente la República Dominicana se proclamó vencedora.  El triste suceso parecía tener el poder de aquietar a Trujillo”.

Las dos fases citadas de dos acontecimientos con implicaciones históricas directas, hacen que la novela “ensaye” un Factum del mundo real, documentado también como problemática no solo histórico-política, sino como trasunto ético-ontológico y fantasmático:

    “Trujillo consiguió lo que parecería imposible, y mantuvo buenas relaciones diplomáticas con las autoridades de la República de Haití, gracias a la donación de una importante suma de dinero.  Considerando que la vida de un ser humano no tiene precio, no lo fue tanto.  Gracias al dinero y al poder, que pueden resultar más nocivos que una droga dura, Trujillo soterró durante mucho tiempo el mal sabor que le dejaban algunas de las pesadillas en las que se veía a sí mismo, asqueado, nadando en un mar de sangre.  La sangre de miles de personas de cuya vida él se había adueñado y que, en sueños, venían a reclamarle”.

Al leer este complemento narrativo de las dos fases citadas anteriormente podemos destacar la combinación de dos narratemas o unidades composicionales de relato, también observables en la novela y que producen un efecto de conmutación de código en la escritura.  Se trata del nivel ensayístico y el nivel propiamente narrativo, novelesco, mezclados ambos en un mismo ritmo y movimiento.  El primero asegura el argumento histórico y el segundo el fabulario como posibilidad e invención.

Esta estrategia posicional de la escritura ha llevado a algunos periodistas, críticos y ensayistas a equivocar la lectura de la novela y a plantearse si la misma es testimonio, historia o proselitismo.  Pero el error de este planteamiento y sus aseveraciones erráticas o erróneas, surge de la mala lectura del texto.  En este sentido, la autora le gana el juego a sus “desnutridos” y pobres contrincantes, alímentados solo por el hecho de que el personaje Aída no es la autora, ni mucho menos la nieta de Trujillo, sino más bien el pretexto de la novela.

¿Cómo probar entonces que la novela es historia, testimonio sincero, justificación histórica, defensa del padre, del abuelo, en fin, de la familia Trujillo?  El error de una lectura cuasi “bolchevique”  de la novela A la sombra de mi abuelo, está en la mala formación literaria de sus críticos y sobre todo de la deficiente y tergiversadora mirada política del universo novelesco presentado y narrativizado por la autora.

La relación entre historia y novela no desafirma el universo elegido por un autor o autora de motivos verosímiles o inverosímiles.  Y en este caso, en la República Dominicana el tema de Trujillo y su Era, ha dado lugar a muchos textos mal conformados y astutamente asumidos como política de la interpretación, sin advertir que toda novela histórica o historia novelada es, ante todo, literatura, modalidad de lo imaginario marcado por lo verosímil y lo inverosímil.

La discusión bizantina sobre si A la sombra de mi abuelo es novela o no, historia o novela, desconoce lo que es un género discursivo o enunciativo.  Y así, en la prensa dominicana, a propósito de esta novela, se han generado discusiones de semidoctos que pueban lo poco que en el país se ha trabajado, escrito y publicado sobre teoría de la novela e historia y crítica conceptual.

El texto escrito e inscrito por Aída Trujillo, en este caso, remite a una cardinal temática y narrativa que trasciende la tensión o tensividad existente entre historia y literatura, historia-ficción y verosímil-inverosímil, máxime si se lee atentamente el comienzo mismo de la novela que parece borrado, olvidado, desleído por los críticos o periodistas que participan en el debate sobre dicho texto.

La pauta narrativa es lo que asegura la inscripción de real de dicho texto y escritura:

    “Desde un lugar etéreo y que  después olvidaría para siempre, el alma de Aída decidió encarnarse en las entrañas de Octavia Ricart Martínez.  Nacería en una nueva vida como hija  suya y de su esposo, Rafael Leonidas Trujillo (hijo) más conocido como Ramfis”.  (op. cit. p. 11)

Lo novelesco, lo novelado, lo novelable es lo que como predicamento narrativo de un tópico propuesto, se hace legible en los ritmos de la escritura.  El predicado inicial de dicho narratema se concretiza en la siguiente unidad narrativa:

    “Aída Trujillo Ricart, ocuparía un cuerpo de niña, sano y bien proporcionado, que con los años se convertiría en el de una mujer bella.  Ella, sin embargo, sería tan poco consciente de ello, así como de otras virtudes que durante su vida haría suyas, que mendigaría el amor y la aprobación de los demás mucho, mucho tiempo” (Op. cit., İbídem)

Las peripecias y fórmulas del género novelesco abundan en el trazado de superficie de la novela, así como en el operante de profundidad de la misma.  Leemos a seguidas, y en la misma página de comienzo, las siguientes:

    “Aída no recordaría, por su puesto, que en su encarnación anterior ella había existido siendo un varón, poderoso y bien parecido, nacido en un hermoso y floreciente país del continente europeo que pertenecía a una familia de rancio abolengo”.

La continuidad de aquel foco imaginario se traduce de inmediato en un predicado textual de base explicativa y motivacional:

    “Sin embargo, aquel hombre que ella había sido, utilizó de forma errónea los privilegios de los que gozó durante su corta vida, eligiendo un camino equivocado”.

Las dos citas precedentes encuentran su forma conclusiva en la siguiente:

    “Nunca amó ni respetó a nadie ni a nada, con la única excepción de las riquezas materiales, el poder y la vida disipada e inmoral que llevaba…”

Entendemos que la falta de una lectura de profundidad de este foco narrativo de comienzo, ha hecho que gran parte del lectorado dominicano equivoque la idea de base de esta novela.  Si a esto le añadimos el falso control de la información diseminada con buena y con mala fe en los periódicos principales de Santo Domingo sobre el premio, fácil es reconocer que la novela se leyó, y aun se sigue leyendo ligada a los prejuicios de la más tergiversadora y teóricamente desnutrida crítica literaria con asiento en suplementos y columnas de opinión en periódicos del país.

Precisamente el escándalo que produjo la mal intencionada lectura de antitrujillistas de oficio y de “vividores de la fortuna histórica y crítica de Trujillo, a propósito de A la Sombra de mi abuelo, demuestra que la literatura posee un estatuto de libertad, imaginación y lenguaje atado a una sola política de la interpretación histórica y social.

El jurado que premió en el concurso anual de novela 2008 A la Sombra de mi abuelo, premió una obra literaria y un género que admite todas las aperturas enunciativas, discursivas, estructurales y estéticas que soporta hoy  el mal llamado género novela.  No vemos pertinente en este ensayo hacer una historia y una teoría de la novela para probar que A la Sombra de mi abuelo es justamente una novela en el sentido técnico y estructural de la palabra.

Los hilos conductores propiciatorios de una narratividad explícita en su tratamiento, obligan a entender el texto en su travesía enunciativa, tópica y combinatoria, y sobre todo en su narrativa que particulariza los ejes posicionales de la misma.  El jurado que premió A la Sombra de mi abuelo no premio el trujillato, sino justamente una novela, un hecho imaginario, la textualidad narrativa y el orden escogido por su autora.

Otro aspecto que debemos destacar en este sentido es precisamente el carácter ficcional, verosímil y tensivo del texto en cuestión.  La lectura transversal de la novela implica en este caso el posicionamiento de la autoría y la revelación de un marco histórico asimilado al espacio espiritual de la autora y al territorio específico de la ficción novelesca.  La posición de género de la autora, ligada a vertientes masónicas, rosacruces, herméticas, espiritualistas, “rencarnacionistas” y origenistas, hacen de la lectura no solo un campo donde la política de la historia ocupa el foco principal, sino más bien complementario.

Todo esto argumenta a favor de una lectura direccional y abierta de la novela.  Contrariamente a lo que ha sido una embestida antitrujillista, pseudocrítica, pseudoteórica y atravesada por un prejuicio que, en todos los casos registrados, tiende a desinformar, a cambiar focos, divulgar equívocos y por lo mismo a malinterpretar textos sobre la base de una sola mirada, el escritor Diógenes Céspedes creó una “tribuna” en el Suplemento Areíto del Periódico Hoy, a propósito de premios, editoras, jurados puestos al desnudo”, valor literario, jurados y premios; sobre autobiografía, sobre el yo de la verdad, entre otros, todo esto a partir de la novela de Aída Trujillo.

Lo que se ha hecho visible en las publicaciones de Céspedes, no ha sido más que un exceso de desconocimiento sobre la teoría, la técnica y la historia de la novela no solo dominicana, sino universal.  Céspedes que, como ya hemos señalado en escritos nuestros anteriores, forma parte de una camada de “trujillólogos”, antitrujillistas y escritores de oportunidad, ataca la novela de Aída Trujillo como texto que define una heredad y como texto que aparta según el, de lo que es el género novela.

La incursión desinformativa y malintencionada de este “crítico”, revela una visión y un marco ya repetido y conocido en sus escritos, de sociologismo vulgar de comienzos de siglo XX.  Una actitud resentida y por lo mismo descalificadora notoria en todos sus llamados “escritos críticos” y políticos, lo ha convertido en autoridad de la mentira crítica, de los usos erráticos y falsos en la interpretación de textos literarios y poéticos.

Todo lo que ha publicado dicho “crítico” en el Suplemento sabatino Areíto del periódico Hoy en las fechas 18-7-2009; 25-7-2009 y 15-8-2009, principalmente, y, referente a A la Sombra de mi abuelo y su autora, desconoce las siguientes preguntas en torno a la novela dominicana:

¿Cuáles elementos específicos se pueden reconocer en la novela dominicana de nuestros días?
¿Se puede hablar de una forma de la novela dominicana actual?
¿Cuáles serían las características de la novela dominicana?
¿Se puede decir que la novela dominicana se apoya únicamente en el personaje de base de la misma?
¿Se podría hablar de un estilo o estilística formal de la novela dominicana?
¿Es la novela testimonio, ficción o verdad social?

Precisamente el desconocimiento, y, sobre todo el campo teórico e histórico de tales preguntas, es lo que ha dado lugar a la mala interpretación y a lo inexplicable de toda una masa informativa viciada por prejuicios de diversos órdenes.  Lo que ha permitido la poca comprensión literaria de A la Sombra de mi abuelo de Aída Trujillo,es justamente el obstáculo ideológico de una intelectualidad que sucumbe ante el prejuicio familiar, y que quiere escribir la historia a partir de la genealogía y los imperativos de la marca familiar, esto es, del apellido y la progenie.

En el libro titulado Primeras Novelas europeas del estudioso español Carlos García Gual, (publicado en Ed,. İstmo, Madrid, 1974; Biblioteca de Estudios Críticos), se registran varios tipos de novela y de novelar, procedentes de la tradición occidental cristiana, humanística, helénica, gótica, simbólica, arturiana, en fin, caballeresca y anticaballeresca.

La variedad de lo novelesco y de la novela como género cambiante, ha sido un punto de mucha discusión en el ámbito europeo, y extraeuropeo.  No hay una sola técnica, ni una sola perspectiva, ni tampoco una única visión o modo de concebir o escribir una novela.  Pero dicha problemática no es algo nuevo, ni un tema que carezca de explicaciones en el orden histórico o teórico.

En los ya conocidos escritos de Forster, Lukács, Adorno, M. de Riquer, Goldmann, Ricardou, Todorov, Bremond, Kristeva, Sollers, Barthes, Said, y una pléyade de teóricos, críticos y estudiosos de la novela, existen numerosos argumentos y tratamientos al respecto.  Pero además, en el contexto de la literatura latinoamericana, un archivo inmenso registra estudios específicos en torno a la problemática de la novela como texto, escritura, universo y función imaginaria.  (E. R. Monegal, A. Rama, A. Carpentier, A. Cornejo Polar, Josefína Ludmer, A. Roa Bastos, M. A. Asturias, Vargas Llosa).  Poco se conoce en la República Dominicana de nuestros días sobre teoría, historia y crítica de la novela.  Es por eso que una novela como A la Sombra de mi abuelo ha levantado tantas desinformaciones y dislates bizantinos sobre lo que es, o debe ser, una novela, o la novela como género narrativo.

Finalmente, entendemos que la novela A la Sombra de mi abuelo de Aída Trujillo, es un texto novelesco escrito para ser leído en una perspectiva literaria ampliada, pero que el mismo no debe ser defendido ni atacado, sino leído, analizado en sus consecuencias estéticas, formales, narrativas y comunicativas.

marzo 18, 2010

Columnas publicadas en el periódico El Nacional, violencia de género

Existen en España diversas organizaciones dedicadas a prevenir la violencia de género y doméstica y a intentar aliviar sus consecuencias.  Esto, claro, cuando llegan a tiempo para evitar que se produzcan víctimas, muchas de ellas, mortales.

Dentro de los tres “cuerpos” policiales, es decir la Guardia Civil, la Policía Nacional y las diferentes Policías Municipales o Locales, hay secciones consagradas esencialmente a ello.

Tengo el gusto de conocer a un funcionario especializado, Nazario, Policía Nacional.  Cuando le conocí, por su forma de ser, su delicadeza y una educación intrínseca, y como no suele vestir el uniforme que le corresponde, pensé que se trataba de un psiquiatra o un psicólogo infiltrado.  Nos hicimos amigos y le tengo un gran afecto, al igual que a su familia.  Nazario me ha contado, sin mencionar nombres, unas cuantas historias.  Muchas de ellas muy tristes.  Como por ejemplo esta que paso a relatarles.

Se trata de la de una joven de algo más de treinta años de edad que, cansada del acoso de un hombre, se dirigió al destacamento (comisaría, allí) policial más cercano y narró su caso al oficial de turno.

– Hay un hombre que vive obsesionado por mí.  Me persigue, me llama por teléfono incesantemente.  Hasta se ha presentado, en varias ocasiones, en mi puesto de trabajo.  Allí he tenido que disimular, evidentemente…-

El policía tuvo que hacerle algunas preguntas indiscretas como que si había llegado a mantener relaciones íntimas con él.  Ella le contestó que,  a lo máximo que habían llegado, era a un “flirteo” provocado por una ligera borrachera y en presencia de algunos amigos comunes.  Añadió que, un principio, él le había parecido ser buena persona.  Decidió, al día siguiente,  ponerle “los puntos sobre las íes”, para no hacerle daño.  El hombre le contestó que se conformaba con su amistad pues ella le parecía una persona encantadora e interesante.

De modo que el asunto parecía haberse zanjado de forma positiva.  Pero, algunos días más tarde, la insistencia de aquel hombre se pasó de lo normal.  La llamaba a todas horas, le pedía verla y, cuando ella, harta, se negó por enésima vez,  empezó a llorarle y a amenazarla.

El policía aconsejó que lo que tenía que hacer era ponerle  una denuncia por amenazas y solicitar, además, una orden de alejamiento.  Pero a ella le dio pena y no lo hizo a pesar de aquellas sabias advertencias.  Un día en el que él le suplicó, ella le abrió las puertas de su casa.

Apareció muerta, apuñalada.  Aquel  hombre no había podido soportar su rechazo y la asesinó.  Después se entregó a la policía y corroboró la declaración que ella había hecho.  Pero, por desgracia, la joven ya había perdido la vida.  En España ocurren muchos de estos casos, por desdicha, aunque es verdad que los “cuerpos” de policía están muy alertas.

Algo que me produce gran tristeza es que aún existen hombres que hacen “chistes” al respecto.  O que justifican a asesinos que han matado a sus víctimas por no dejarles ver a sus hijos, por tener que pagarles una pensión, u otras causas más o menos graves.

Algunas mujeres, claro, se aprovechan de cómo están ahora las leyes.  Eso es inevitable cuando “la balanza” tiene que volver a equilibrarse.  Pero ¿esos crímenes se pueden justificar por mucho que esas personas saquen provecho de la situación?  Yo digo que no.  Y la mayoría está de acuerdo conmigo, gracias al Cielo.  ¡A cada cual su opinión!

marzo 11, 2010

Columnas publicadas en periódico El Nacional, Joan Manuel Serrat

Joan Manuel Serrat es un amigo al que quiero y respeto mucho.  Le conocí personalmente en Madrid, en el año 1975, aunque ya le admiraba y tenía todos los “vinilos y casetes” que hasta entonces había editado.

Quisiera dedicarle unas líneas y homenajearle con motivo de su recién estrenado disco, “Hijos de la Luz y de la Sombra”.  El trabajo contiene trece temas cuyas letras fueron escritas por Miguel Hernández.   El próximo 30 de octubre se cumplirá el centenario del nacimiento del poeta en Orihuela (Alicante).

 Serrat ha querido evocarle por segunda vez ya que, hace algo menos de cuarenta años, lo hizo al publicar su primer homenaje al gran creador.  Su característica y agradable voz volverá pues a entusiasmarnos al interpretar sus hermosos poemas.  Pero también nos acercará a la memoria de los años de represión en España.

Miguel Hernández murió en la cárcel, durante una posguerra repleta de salvajes y criminales resentimientos, olvidado y abandonado por casi todos.  La suya fue una historia muy triste que les recomiendo que lean.  En este reducido espacio me es imposible redactarla.

Pero volviendo al “Noi de Poble Sec”, muy querido también en nuestro país, quisiera darle las gracias por ser lo que es:  un gran cantante, poeta y compositor.  Pero también un luchador, defensor incansable de la democracia, y un auténtico amigo de sus amigos.

Además de haber enfrentado directamente a Franco durante la dictadura, nunca se ha mantenido al margen de los problemas de su país natal ni de los del resto del mundo.

En estos momentos en los que el Juez Garzón está siendo atacado duramente, Joan Manuel Serrat no ha permanecido callado.  Sus declaraciones al periódico El Mundo fueron, entre otras, las siguientes (sic):  “El mundo está al revés si un sindicato ultraderechista puede acabar con Garzón”, y añadió “Yo a Garzón le enviaría flores”. “No hay mejor manera de expresar el desconcierto y la desazón que sentimos, un sector importante de la sociedad española, ante unas actuaciones que no denotan otra cosa que el deseo de “acabar” con el único juez que, cumpliendo la ordenación del Derecho Internacional, ha pretendido investigar los crímenes contra la humanidad cometidos por el franquismo”.

A cada cual su opinión.  Esta columna no intenta inmiscuirse en asuntos políticos.

Sin embargo sí hay que reconocer que este hombre, Serrat, Juanito como le llamamos los amigos, siempre ha estado en la lucha a pesar de incluso haber arriesgado su vida.

Desde aquí quiero felicitarle por su nueva creación y reiterarle todo mi cariño y amistad.  ¡Espero que nos visite pronto para que nos deleite con su arte y su presencia!

marzo 9, 2010

Día Internacional de la Mujer

PAN Y ROSAS
Mientras vamos marchando, marchando, a través del hermoso día
un millón de cocinas oscuras y miles de grises hilanderías
son tocados por un radiante sol que asoma repentinamente
ya que el pueblo nos oye cantar: ¡Pan y rosas! ¡Pan y rosas!

Mientras vamos marchando, marchando, luchamos también por los hombres
ya que ellos son hijos de mujeres, y los protegemos otra vez maternalmente
Nuestras vidas no serán explotadas desde el nacimiento hasta la muerte,
los corazones padecen hambre, al igual que los cuerpos
¡dennos pan, pero también dennos rosas!

Mientras vamos marchando, marchando, gran cantidad de mujeres muertas
van gritando a través de nuestro canto su antiguo reclamo de pan;
sus espíritus fatigados no conocieron el pequeño arte y el amor y la belleza
¡Sí, es por el pan que peleamos, pero también peleamos por rosas!

A medida que vamos marchando, marchando, traemos con nosotras días mejores.
El levantamiento de las mujeres significa el levantamiento de la humanidad.
Ya basta del agobio del trabajo y del holgazán: diez que trabajan para que uno repose
¡Queremos compartir las glorias de la vida: pan y rosas, pan y rosas!

Nuestras vidas no serán explotadas desde el nacimiento hasta la muerte;
los corazones padecen hambre, al igual que los cuerpos
¡pan y rosas, pan y rosas!

James Oppenheim (poeta y activista afiliado al sindicato IWW -Industrial Workers of the World)

Inspirado en el slogan “pan y rosas” de la famosa huelga de las obreras textiles de Lawrence –Massachussets

Versión original en inglés:

Bread and Roses

by James Oppenheim

As we come marching, marching in the beauty of the day,
A million darkened kitchens, a thousand mill lofts gray,
Are touched with all the radiance that a sudden sun discloses,
For the people hear us singing: “Bread and roses! Bread and roses!”

As we come marching, marching, we battle too for men,
For they are women’s children, and we mother them again.
Our lives shall not be sweated from birth until life closes;
Hearts starve as well as bodies; give us bread, but give us roses!

As we come marching, marching, unnumbered women dead
Go crying through our singing their ancient cry for bread.
Small art and love and beauty their drudging spirits knew.
Yes, it is bread we fight for — but we fight for roses, too!

As we come marching, marching, we bring the greater days.
The rising of the women means the rising of the race.
No more the drudge and idler — ten that toil where one reposes,
But a sharing of life’s glories: Bread and roses! Bread and roses!

-1911

This poem, written by James Oppenheim to celebrate the movement for women’s rights and published in American Magazine in 1911, is closely associated with the Lawrence textile mill strike of 1912. During the strike, which was in protest of a reduction in pay, the women mill workers carried signs that quoted the poem, reading “We want bread, and roses, too”. The photo above was taken during the strike.

Bread and Roses was set to music by Mimi Fariña in the 1970s, and has become an anthem for labor rights, and especially the rights of working women, in the United States and elsewhere.

 

Bernardo Vega, insigne literato dominicano

PARA BERNARDO VEGA, “A LA SOMBRA DE MI ABUELO” ES UNA NOVELA BASTANTE BIEN ESCRITA

By Editor

Jimmy Hungría [Buena Lectura]

Contrario a quienes consideran que el libro de Aída Trujillo, “A la sombra de mi abuelo”, está mal escrito y no es novela, Bernardo Vega opina lo siguiente: “Una hija de Ramfis publicó en nuestro país una novela, bastante bien escrita y que ganó un importante premio nacional, donde narra como la niña que sólo había escuchado cosas buenas sobre su abuelo llega al país y lee libros que le permiten darse cuenta cómo éste en realidad era un tirano”.

Columnas publicadas en periodico El Nacional, Bomberos sin Fronteras

Al igual que a otras personas, me produce gran alegría el saber que en el mundo existen diversas organizaciones, sin ánimo de lucro, dispuestas a acudir allí adonde se las necesite.

Ya mencioné en esta columna a “Payasos sin fronteras”.  Quisiera rendir homenaje también a “Médicos sin Fronteras” que lleva más de 23 años realizando una gran labor a pesar de que no cuenta con todo el equipamiento y avances que necesita.

Recuerdo uno de los primeros anuncios de esa O.N.G. que vi hace ya algunos años.  En una caja de cartón yacían unos bebés africanos gemelos y prematuros.  Eran muy pequeños y estaban envueltos en algodones y mantas.  Una fogata ardía a pocos metros de distancia de ellos.  Los médicos se las habían arreglado para que no les faltara cierto grado de humedad.  En fin, que habían conseguido, en el interior de una tienda de campaña, crear un clima muy similar al de una incubadora.

El lema de aquel anuncio era “No tenemos medios pero tenemos imaginación”.

Aquello me impactó y comencé a informarme de la labor que “Médicos sin Fronteras” realizaba.  Y me hice socia colaboradora, por supuesto.  No hace falta donar mucho para ayudar.  Hacen falta muchas personas, eso sí.

Decidí, hace unos días, salir de “mi refugio” y dejar la computadora y mis escritos a un lado.  Me sentía triste por lo acaecido en nuestro país vecino y por las cosas que leo, sobre el planeta, en la prensa diaria. Me dirigí a la franja costera del pueblo. Allí hay un restaurante italiano muy conocido en Juan Dolio.  Su cocina es deliciosa, la relación calidad-precio es excelente y sus propietarios son encantadores.

Pensé que me haría bien el gozar de un rato de conversación al tiempo que contemplaba el mar.  Pero de lo que no tenía idea era de la agradable sorpresa que allí me esperaba.

En una mesa cercana a la mía había un grupo de hombres más o menos jóvenes.  Su aspecto era recio y fuerte.  Sus conversaciones y sus risas, sonoras.  De pronto me di cuenta de que algunos de ellos llevaban una camiseta con una frase impresa en la espalda:  “Bomberos sin Fronteras.  España”.

Pregunté a Teresa, la dueña del local, y me confirmó que aquellos hombres habían estado en Haití y regresaban a España tras haber desempeñado una labor bienhechora y agotadora.  Aquel encuentro fortuito consiguió aliviar la pesadumbre que unos instantes antes me embargaba.  Sentí una súbita e inesperada alegría.

Hurgué en mi memoria y, después, también en Internet y recordé a esta O.N.G.D. tan eficaz y humanitaria.  “Bomberos sin Fronteras” se creó a partir de una idea que tuvo un grupo de profesionales del Cuerpo de Bomberos de Valencia (España), en el año 1993, cuando solicitó en donación un “coche bomba (de agua)”, marca Magirus, que iba a ser desmantelado. 

Una vez que les fue concedido, aquel grupo reparó con esmero el vehículo que pudo realizar su última gran labor.   Recorrió la inmensidad del desierto subsahariano hasta llegar a Burkina Faso, cargado de alimentos, medicinas, material educativo, etc.  Esta primera experiencia superó todas sus expectativas.  El Magirus no sólo cumplió su tarea sino que permitió que aquel colectivo tomara conciencia de la necesidad de proyectar su solidaridad más allá de los límites de la que era y es su acción profesional.   Y de este modo fue como nació esta organización que enseguida convirtió el Magirus en su emblema.    

“Bomberos sin Fronteras” es una O.N.G.D. de solidaridad y apoyo formada por bomberos, tanto voluntarios como profesionales, y colaboradores que comparten los siguientes principios:

Ayudar a las zonas menos favorecidas de nuestro planeta.

Respetar toda creencia religiosa, ideológica o política de dichas zonas, sin tener que someterse a su influencia ya que la organización se declara apolítica y aconfesional.

Aceptar el principio de fraternidad y colaboración entre todos los pueblos, basando su ayuda en criterios objetivos. Su auxilio puede desplegarse a nivel regional, nacional e internacional.

Su ayuda deberá ser solicitada y aceptada por la población de la zona afectada que participará de forma activa en el desarrollo del proyecto.  “Bomberos sin Fronteras” no interferirá en los asuntos socio-políticos locales.  Asimismo respetará la cultura, modo de vida, medio ambiente y tecnología de la zona.

Esta organización es autónoma y no depende de ningún grupo de presión, estado, gobierno, asociación política y/o religiosa, así como de ninguna empresa o sindicato tanto a nivel nacional como internacional.

Nunca facilitará sus servicios con fines bélicos ni actividades que atenten contra el medio ambiente o la dignidad de las personas.

Con carácter anónimo y voluntario, sus miembros no buscan protagonismo ni pretenden obtener beneficios económicos o profesionales. Conocen el riesgo de los proyectos que realizan y se comprometen hasta el final una vez aceptada la misión. Los fondos recaudados por la O.N.G.D. se destinarán exclusivamente para los fines de la misma.

¡SEAMOS SOLIDARIOS!  ¡AYUDEMOS A ESTAS ORGANIZACIONES A  SEGUIR AYUDANDO!  Como siempre me decía mi madre, “Hoy por ti, mañana por mí”.

Primera entrevista de D. José Rafael Sosa, periodista y escritor

4 Junio 2009, 11:39 AM

Aída afirma ella escribió su  novela; editorial recomendó no usar pseudónimos

Escrito por: José Rafael Sosa El Nacional

José Rafael Sosa

José Rafael Sosa

La nieta de Rafael Leonidas Trujillo rechazó desde Madrid que el texto finalmente publicado en la novela “A la sombra de mi abuelo”, no fuera suyo y aclaró que hubo reducciones autorizadas por ella, en razón de que se disgregaba con algunas historias secundarias al tema central.

Apunta que su texto fue solicitado por la Editorial Norma, por lo que deja entender que no fue a iniciativa suya la propuesta para la publicación y que tampoco fuera rechazado y mandado a rehacer, como afirma el ingeniero Hamlet Hermann, en un artículo publicado en el matutino Hoy.

Igualmente revela que el texto fue escrito inicialmente con seudónimos y que por recomendación de la Editorial se pusieron los nombres reales involucrados en la narración.

Aída Trujillo Ricart  respondió  por vía electrónica un cuestionario de El Nacional. La escritora, quien es nieta, por parte de madre, de un reconocido opositor del régimen de Trujillo, Pedro Adolfo Ricart, solicitó que sus respuestas fueran publicadas como las ha enviado, en vista de lo polémico del tema y las numerosas versiones que en todo sentido han circulado. En su respuesta critica al redactor de estas crónicas por citar señalamientos aislados tomados de la misma obra, lo cual fue aceptado ayer mismo por el periodista.

***

P.¿Qué opinión tiene de las protestas que ha originado el premio a su novela?

R. Son naturales y humanas, cuando no se ha leído la novela completa y uno se ha quedado únicamente con frases sueltas, fuera de contexto.

P-En su novela hay expresiones que han provocado mucho revuelo. Llama asesinos a los matadores de Trujillo.  Niega que haya sido un ajusticiamiento. Justifica que su padre,  Ramfis, estaba en el deber de indagar y ajusticiar a los matadores de Trujillo. ¿Puede comentar esto?

R. Con gusto y punto por punto: a). Repito, si lee el libro entero, se dará cuenta de que, en ningún momento llamo asesinos a los que finalizaron los días de Trujillo.  En ese momento, la protagonista mantiene una lucha consigo misma porque, cosa también natural y humana, no quiere ver la realidad.  Entonces intenta ampararse, infructuosamente, bajo el significado de una palabra.  Pero, al final se da por vencida, reacciona  y toma conciencia de que, por mucho diccionario que consulte, por mucho que rebusque en cualquier libro, tiene que rendirse a la evidencia y enfrentar los hechos.  Y queda moralmente destrozada, como es lógico.

b)      Con respecto a mi padre ocurre lo mismo.  Si se lee el texto completo uno se da cuenta de que aquellos son pensamientos que tuvo él, en su momento.  Nada que ver con lo que yo opino.  Soy una persona pacifista, rehúyo la venganza, repudio el crimen.

Aunque en silencio, por ser menor (cuando él murió yo contaba con 17 años de edad), siempre le reproché el hecho de que él hubiese asesinado a esos hombres.  Y, cuando mi madre me contó lo de las torturas, sufrí indeciblemente, temí por su alma, recé mucho por él. Este es un doloroso tema que estoy tratando de explicar en el libro en el que estoy trabajando ahora. En “A la Sombra de mi Abuelo” reconozco que lo evité todo lo que pude.  El asunto de Trujillo ya me resultaba demasiado penoso como para profundizar en el de mi padre.

P-  Hamlet Hermann  sostiene que su texto inicialmente fue rechazado por Editorial Norma y que viendo las condiciones del mercado, mandó a reconstruirlo por parte de su editor en jefe para rehacerlo. ¿Es cierto? El texto que usted escribió es el que se publicó finalmente? Hermann dice que tenía 100 páginas más de las que se publicaron. ¿es cierto?

 R. Punto por punto, de nuevo: a)      No sé en qué argumentos se basa este señor para afirmar tal cosa.  Conservo todos los emails de la época y puedo asegurarle de que, desde el principio, Norma Editorial estuvo interesada en mi escrito.

b)      Una cosa es “reconstruir” un texto y otra son las correcciones que normalmente sugieren las editoriales y que siempre tienen que ser supervisadas por el autor, salvo que se haya pactado lo contrario.

c)      Sí, es verdad que el texto era demasiado largo y se suprimieron, siempre con mi autorización, bastantes páginas.  Pero también es cierto que dichas páginas, en términos generales, desviaban la atención del tema central de la novela.  Por ejemplo, en alguna de ellas se relata cierta historia.  Ésta trataba sobre el hermano de mi ex marido, el torero, que tuvo un desafortunado accidente cuando toreaba y tuvieron que amputarle una pierna, a la edad de 16 años.  Por supuesto, pienso aprovechar para un cuento corto ese relato.  No me voy a pasar la vida escribiendo únicamente sobre Trujillo y el resto de la familia. Pero la novela es mía y, repito, no ha sido reconstruida, ni mucho menos.

d)      Lo que también me llama mucho la atención es que el señor Hermann no mencione un detalle muy importante, ya que parece conocer,  mejor que yo misma, el proceso de creación y realización del libro.  En un primer momento, éste fue escrito con pseudónimos.  Obvia y humanamente era natural que yo no tuviese el valor de enfrentarme a todos aquellos fantasmas, llamándolos por el  suyo verdadero.  Pero, la idea de restaurar los auténticos, fue también mía.  Pensé, “Aída, si vas a dar la cara, ¡hazlo de verdad!  No te refugies en unos nombres falsos…”  Por supuesto, este reemplazo fue bien recibido por la editorial.

P- ¿ Está dispuesta a venir al país a recibir su premio?

R- ¿Esa es una pregunta que se suele hacer? 

P. Alguna otra consideración sobre el tema?

R- Sí, señor Sosa.  Y esa va dirigida a usted directamente.  No se puede titular un artículo, como hizo usted en “El Nacional” del día 1 de este mes, con una frase que es una auténtica calumnia.  Jamás he llamado “asesinos” a los Héroes, entre otras cosas porque nunca he pretendido, ni pretendo, meterme en asuntos políticos, ni aquí en España, ni allá en la República Dominicana, ni en ninguna parte.  ¡Y afirmar algo de ese calibre sería llegar demasiado lejos! Eso, como lo ha logrado usted con el mencionado artículo, significa herir a muchas personas.  Y no sólo eso, sería intentar alterar lo que fue la verdadera historia.

Con mi libro quise compartir con mis lectores el estado de mi ánimo, el sufrimiento y la lucha interna que mantuve conmigo misma, cuando descubrí “la otra cara” de mi abuelo.  Una cara que yo desconocía y que no fue fácil digerir.  Hay que tener en cuenta que, por entonces, aún vivía Francisco Franco y que aquí, en España, sólo se hablaba bien de sus homónimos.  Eso, sin contar que yo creía en lo que mi familia, y los amigos, me contaban.

Si describo “la parte tierna” de mi abuelo es porque la hubo.  Hubiese sido mucho más fácil aceptar la realidad si él hubiese sido también un déspota en casa.  Eso existe en muchos más hogares de los que imaginamos, por desgracia.

 
   
JOSE RAFAEL SOSA

JOSE RAFAEL SOSA

marzo 6, 2010

PREMIO NACIONAL DE NOVELA DE REPUBLICA DOMINICANA

27 de Mayo del 2009, 12:00 AMCultura anuncia ganadores Premios Anuales de Literatura y Música

 
 

Con la presencia del Secretario de Estado de Cultura, licenciado José Rafael Lantigua se dio a conocer el veredicto de los “Premios Anuales de Literatura y Música”, correspondiente a la edición 2008.  Los ganadores recibirán como premio 250 mil pesos cada uno, certificado y la publicación de las obras inéditas.

La actividad coordinada por la SEC y la Dirección de Gestión Literaria, tuvo lugar en la Sala de Arte Ramón Oviedo, a las 5:00 de la tarde, y contó con la asistencia de autoridades de la institución y personalidades del ámbito artístico y cultural del país.

 Los Premios Anuales de Literatura están destinados a galardonar los libros de escritores dominicanos que sean juzgados como los más sobresalientes durante el año en los distintos géneros literarios, así como promover el cultivo de la literatura y la trascendencia del oficio en República Dominicana.

El Premio Nacional de Novela Manuel de Jesús Galván lo ganó la obra “A la sombra de mi abuelo”, de Aída Trujillo.

Novela JURADO:

Manlio Argueta (El Salvador), Jorge Volpi (México) y Roberto Marcalle Abreu.

Prensa CIG

 
 

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