Aída Trujillo

marzo 9, 2010

Primera entrevista de D. José Rafael Sosa, periodista y escritor

4 Junio 2009, 11:39 AM

Aída afirma ella escribió su  novela; editorial recomendó no usar pseudónimos

Escrito por: José Rafael Sosa El Nacional

José Rafael Sosa

José Rafael Sosa

La nieta de Rafael Leonidas Trujillo rechazó desde Madrid que el texto finalmente publicado en la novela “A la sombra de mi abuelo”, no fuera suyo y aclaró que hubo reducciones autorizadas por ella, en razón de que se disgregaba con algunas historias secundarias al tema central.

Apunta que su texto fue solicitado por la Editorial Norma, por lo que deja entender que no fue a iniciativa suya la propuesta para la publicación y que tampoco fuera rechazado y mandado a rehacer, como afirma el ingeniero Hamlet Hermann, en un artículo publicado en el matutino Hoy.

Igualmente revela que el texto fue escrito inicialmente con seudónimos y que por recomendación de la Editorial se pusieron los nombres reales involucrados en la narración.

Aída Trujillo Ricart  respondió  por vía electrónica un cuestionario de El Nacional. La escritora, quien es nieta, por parte de madre, de un reconocido opositor del régimen de Trujillo, Pedro Adolfo Ricart, solicitó que sus respuestas fueran publicadas como las ha enviado, en vista de lo polémico del tema y las numerosas versiones que en todo sentido han circulado. En su respuesta critica al redactor de estas crónicas por citar señalamientos aislados tomados de la misma obra, lo cual fue aceptado ayer mismo por el periodista.

***

P.¿Qué opinión tiene de las protestas que ha originado el premio a su novela?

R. Son naturales y humanas, cuando no se ha leído la novela completa y uno se ha quedado únicamente con frases sueltas, fuera de contexto.

P-En su novela hay expresiones que han provocado mucho revuelo. Llama asesinos a los matadores de Trujillo.  Niega que haya sido un ajusticiamiento. Justifica que su padre,  Ramfis, estaba en el deber de indagar y ajusticiar a los matadores de Trujillo. ¿Puede comentar esto?

R. Con gusto y punto por punto: a). Repito, si lee el libro entero, se dará cuenta de que, en ningún momento llamo asesinos a los que finalizaron los días de Trujillo.  En ese momento, la protagonista mantiene una lucha consigo misma porque, cosa también natural y humana, no quiere ver la realidad.  Entonces intenta ampararse, infructuosamente, bajo el significado de una palabra.  Pero, al final se da por vencida, reacciona  y toma conciencia de que, por mucho diccionario que consulte, por mucho que rebusque en cualquier libro, tiene que rendirse a la evidencia y enfrentar los hechos.  Y queda moralmente destrozada, como es lógico.

b)      Con respecto a mi padre ocurre lo mismo.  Si se lee el texto completo uno se da cuenta de que aquellos son pensamientos que tuvo él, en su momento.  Nada que ver con lo que yo opino.  Soy una persona pacifista, rehúyo la venganza, repudio el crimen.

Aunque en silencio, por ser menor (cuando él murió yo contaba con 17 años de edad), siempre le reproché el hecho de que él hubiese asesinado a esos hombres.  Y, cuando mi madre me contó lo de las torturas, sufrí indeciblemente, temí por su alma, recé mucho por él. Este es un doloroso tema que estoy tratando de explicar en el libro en el que estoy trabajando ahora. En “A la Sombra de mi Abuelo” reconozco que lo evité todo lo que pude.  El asunto de Trujillo ya me resultaba demasiado penoso como para profundizar en el de mi padre.

P-  Hamlet Hermann  sostiene que su texto inicialmente fue rechazado por Editorial Norma y que viendo las condiciones del mercado, mandó a reconstruirlo por parte de su editor en jefe para rehacerlo. ¿Es cierto? El texto que usted escribió es el que se publicó finalmente? Hermann dice que tenía 100 páginas más de las que se publicaron. ¿es cierto?

 R. Punto por punto, de nuevo: a)      No sé en qué argumentos se basa este señor para afirmar tal cosa.  Conservo todos los emails de la época y puedo asegurarle de que, desde el principio, Norma Editorial estuvo interesada en mi escrito.

b)      Una cosa es “reconstruir” un texto y otra son las correcciones que normalmente sugieren las editoriales y que siempre tienen que ser supervisadas por el autor, salvo que se haya pactado lo contrario.

c)      Sí, es verdad que el texto era demasiado largo y se suprimieron, siempre con mi autorización, bastantes páginas.  Pero también es cierto que dichas páginas, en términos generales, desviaban la atención del tema central de la novela.  Por ejemplo, en alguna de ellas se relata cierta historia.  Ésta trataba sobre el hermano de mi ex marido, el torero, que tuvo un desafortunado accidente cuando toreaba y tuvieron que amputarle una pierna, a la edad de 16 años.  Por supuesto, pienso aprovechar para un cuento corto ese relato.  No me voy a pasar la vida escribiendo únicamente sobre Trujillo y el resto de la familia. Pero la novela es mía y, repito, no ha sido reconstruida, ni mucho menos.

d)      Lo que también me llama mucho la atención es que el señor Hermann no mencione un detalle muy importante, ya que parece conocer,  mejor que yo misma, el proceso de creación y realización del libro.  En un primer momento, éste fue escrito con pseudónimos.  Obvia y humanamente era natural que yo no tuviese el valor de enfrentarme a todos aquellos fantasmas, llamándolos por el  suyo verdadero.  Pero, la idea de restaurar los auténticos, fue también mía.  Pensé, “Aída, si vas a dar la cara, ¡hazlo de verdad!  No te refugies en unos nombres falsos…”  Por supuesto, este reemplazo fue bien recibido por la editorial.

P- ¿ Está dispuesta a venir al país a recibir su premio?

R- ¿Esa es una pregunta que se suele hacer? 

P. Alguna otra consideración sobre el tema?

R- Sí, señor Sosa.  Y esa va dirigida a usted directamente.  No se puede titular un artículo, como hizo usted en “El Nacional” del día 1 de este mes, con una frase que es una auténtica calumnia.  Jamás he llamado “asesinos” a los Héroes, entre otras cosas porque nunca he pretendido, ni pretendo, meterme en asuntos políticos, ni aquí en España, ni allá en la República Dominicana, ni en ninguna parte.  ¡Y afirmar algo de ese calibre sería llegar demasiado lejos! Eso, como lo ha logrado usted con el mencionado artículo, significa herir a muchas personas.  Y no sólo eso, sería intentar alterar lo que fue la verdadera historia.

Con mi libro quise compartir con mis lectores el estado de mi ánimo, el sufrimiento y la lucha interna que mantuve conmigo misma, cuando descubrí “la otra cara” de mi abuelo.  Una cara que yo desconocía y que no fue fácil digerir.  Hay que tener en cuenta que, por entonces, aún vivía Francisco Franco y que aquí, en España, sólo se hablaba bien de sus homónimos.  Eso, sin contar que yo creía en lo que mi familia, y los amigos, me contaban.

Si describo “la parte tierna” de mi abuelo es porque la hubo.  Hubiese sido mucho más fácil aceptar la realidad si él hubiese sido también un déspota en casa.  Eso existe en muchos más hogares de los que imaginamos, por desgracia.

 
   
JOSE RAFAEL SOSA

JOSE RAFAEL SOSA

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