Aída Trujillo

mayo 23, 2010

“Vida entre letras”, curioso reportaje de la presentación de “A la sombra de mi abuelo”

Vida entre letras

 

Con Guillermo Cote y Bismar Galán,

Con Guillermo Cote y Bismar Galán, Editorial Norma

Saram Leyla Puello – 7/19/2008

 
 
 

Aída Trujillo
Al pasar las puertas, adentrándome así al gran salón rojo, sospeché a sorpresa de mi estrata psíquica consciente, que vería a un monstruo. Una figura fofa hasta hacer brotar verrugas verdes como las de los sapos, ojos saltones como esos mismos sapos, tez ceniza llena de pliegues insalvables y una melena más semejante a la de un león que a la de un ser humano.

No alcanzaba a ver -ya mis compañeros de otros medios la habían rodeado queriendo azotarla con el látigo de las preguntas domadoras. No alcanzaba a ver y mientras me acercaba tuve que extender el cuello, soltar cartera y cámara en silla cualquiera hasta llegar a mi monstruo.

Me detuve a un metro suyo finalmente, ante un escenario que parecía el podium de una deslumbrante estrella.  Y vi su figura.

Pero esta ya no me parecía igual a aquella culpable, nieta de asesino, hija de asesino, ahijada de asesino, aquél monstruoso linaje que me había imaginado. Se trataba más bien de una mujer de facciones expresivas y atractivas, con un pelo rojo como el incendio de la injusticia, con unos ojos cansados por los años de llorar. Una mujer normal.

Aún así me quedé observándola por varios minutos, desconectada todavía de sus palabras, como si fijar la mirada en su iris pudiera ser la llave para liberar al monstruo que de seguro llevaría los genes de la tiranía.

Pero nada de eso ocurrió. Aída denotó el mismo porte sosegado que luce el ex-Jefe en el retrato que acosaba las paredes de los hogares dominicanos, fantasma mental hoy en día de los habitantes de esas mismas moradas. Se le veía preparada, compuesta y erguida, como quien se resigna a enfrentar el calvario, aceptando su culpa (ajena en este caso) y entregada a una voluntad suprema de salvación.

Yo conocí a Aída Trujillo y me pareció un ser normal. Tan normal que casi roza el papel de víctima frente a su casa editora, visionaria de una oportunidad de mercadeo con la publicación de su libro de desahogo, su diario hecho novela: Aída Trujillo “a la sombra de [su] abuelo”, confesando las intimidades del que alguna vez fue considerado el “Todopoderoso” y descendiente de la impunidad.

Es criticable el truco publicitario, aunque entendible e inevitable, pues imposible suprimir la herencia histórica de la persona y qué bueno, así el lector tiene la posibilidad de sentarse en primera fila para hurgar dentro del relato, las respuestas a tanta impotencia. ¿La calidad literaria de la obra? Realmente poca a excepción del desarrollo de los diálogos. Sin embargo, un brillo inesperado y un ligero quiebre de voz me dieron a entender que escribir “A la sombra de mi abuelo” fue necesario para Aída Trujillo poder destituir su impotencia.

 
 
   

 

 
 
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