Aída Trujillo

junio 3, 2010

Secretaría de Estado de Cultura, Archivo General de la Nación y “A la sombra de mi abuelo”

A la sombra de mi abuelo

 

Jueves, 17 de Diciembre de 2009
El libro de Aída Trujillo, una de las nietas del Dictador, ha levantado un gran revuelo. Que sí es o no una novela, que el premio estaba amañado, que cómo es posible que la nietísima lo ganara, que si esto que si aquello. Ante todo creo que es una novela, narrada en tercera persona. La novela, hace mucho tiempo, dejó de obedecer a patrones tradicionales, y lo mismo ha pasado con los poemas. Los de ahora nada tienen que ver con los de antes y nadie se atreve a decir que no sean poemas. Pues ahí está A la Sombra de mi Abuelo. Recuerdos novelados de un abuelo cariñoso, del que los dominicanos guardamos un mal sabor. Las críticas han despertado un gran morbo y el libro se ha vendido como pan caliente. A mí me dejó de una pieza, con la boca abierta y fuertemente impresionada.

Nunca pensé que alguien cercano al Jefe le diera por buscar su lado bueno y se topara con que ese hombre no tenía ni un pelo de bondad. Por más que la nieta indagara, le contaran, lo leyera, jamás sería igual, ni siquiera parecido, como vivir en carne propia lo que hizo ese hombre con nuestro país. Ni tampoco pensé que una persona que había heredado los millones y las propiedades que le dejó pudiera caer en la inopia y tener que irse a vivir en carromato, en un camping. Ni que su vida fuera tan azarosa. Aída, según cuenta, vivió en un hogar, si es que a eso se le puede llamar hogar, con una madre deprimida siempre y un padre parrandero y siempre ausente. Cerca a una abuela paterna recia y despiadada, y cuando murió el abuelo-bueno-protector que conocía, tenía nueve años y desde los siete vivió interna en un colegio de monjas que la hacían bañar con la ropa puesta y le hacían creer que todo era pecado.

Pues bien, volviendo a la novela, creo que mucha gente la ha satanizado sin leerla. Está bien escrita, y además, aporta datos y hechos desconocidos hasta entonces, por lo menos para mí. Entiendo a los que no la quieran leer. Lo que no se puede descartar es que Aída Trujillo no encontró, ni encontrará en el resto de su vida, un solo acto de bondad de su abuelo para con nuestro pueblo. Ella se pregunta porque todos hablamos de ajusticiamiento y no de crimen, es que como no vivió bajo esa sombra tenebrosa, donde la única justicia era la voz del dictador y allí no había más que su justicia de crímenes, robos y torturas, no había otra forma de hacerle justicia, más que ajusticiándolo a balazos.

El libro es sacado de su Diario, unas veces con hechos novelados y en otras con ficción y algún momento sale la realidad, como en todas las novelas. A los dominicanos nos causa pavor que otros, y no nosotros, escriban del Tirano. Ahí está La Fiesta del Chivo, de Vargas Llosa que hasta se llegó a hablar de plagio. Que la nieta presente al abuelo como bueno y cariñoso, no me extraña. Tengo una amiga que estuvo casada con uno de los peores torturadores de la 40 y cuenta de lo buen esposo y padre. Pero no nos rasguemos las vestiduras que por ahí viene un libro de Angelita Trujillo. Y ya veremos.
Denver, Colorado

Por más que la nieta indagara, le contaran,

lo leyera, jamás sería igual, ni siquiera parecido,

como vivir en carne propia lo que hizo

ese hombre con nuestro país.
Fuente: Ligia Minaya/Diario Libre
15 Agosto 2009

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