Aída Trujillo

agosto 3, 2010

Publicaciones en el periodico El Nacional de República dominicana, Flamenco parte I

25 Marzo 2010, 12:20 PM

Vivencias cotidianas de allí y aquí

Escrito por: Aida Trujillo (Flamenco (1))

Camarón de la Isla

Camarón de la Isla

Durante más de una década mantuve a mis hijos y mi casa bailando y cantando Flamenco en los famosos “Tablaos” del Madrid de la época.  Algunos de ellos aún perduran.  Debuté, y actué durante mucho tiempo, en el famoso “Los Canasteros” que había sido fundado por Manolo Caracol.   A él no lo llegué a conocer, porque cuando falleció, yo apenas era una niña.  “El Corral de la Morería”, que aún sigue en pie, fue como una segunda casa para mí.  Manuel del Rey, su dueño, nos dejó no hace mucho y su esposa, Blanca del Rey, “bailaora” exquisita, que maneja el mantón de Manila con redomada elegancia, sigue con la labor de su marido.

En El Corral de la Morería 1982

En El Corral de la Morería 1982

En estos locales pude conocer y, en algunas ocasiones, entablar amistad con artistas del calibre de Paco de Lucía, El Camarón de la Isla, Lola Flores, Carmen Sevilla, Paquita Rico, Enrique Morente, Lucero Tena, Ricardo “El Rumbero”, Faíco, Losada, Ketama y un largo etcétera.

Tengo el gusto y el honor de poder contarles anécdotas sobre esta singular cultura y la gente que la rodea, gitanos o payos.  Más variopinto de lo que se conoce, en términos generales, el mundo del Flamenco no deja indiferente.

Importante y hermoso es el cante, que no se interpreta del mismo modo cuando es para escuchar o cuando lo es para acompañar al baile.  Ocurre lo mismo con la guitarra clásica española.  El ritmo de “las palmas”, al compás, produce un efecto de percusión que incita a bailar o a cantar sin necesidad de ningún otro instrumento musical.  Lo crean o no.

Paco de Lucía

Paco de Lucía

Cuando yo era pequeña nadie podía imaginar que ya el Flamenco fluía por mis venas.  Ni siquiera yo que era de carácter tímido.  Recuerdo que, hasta en el coro del colegio, obligada a participar por las monjas, simulaba cantar moviendo mis labios.  Pero  mi garganta no emitía sonido alguno, tal era la vergüenza que me producía que se escuchase mi voz.

Cuando cumplí los catorce años de edad me encontraba con mi madre en Málaga, una de las capitales de provincia de Andalucía.  En agosto se celebra allí una feria muy importante.  Por entonces, aquel evento se desplegaba en pleno centro de la ciudad que se engalanaba con las típicas “casetas”, farolillos y guirnaldas multicolores.

Fue en aquella primera ocasión cuando tuve el placer de presenciar la actuación de distintos artistas.  Resulté sorprendida de mi estremecimiento al oír los acordes de las guitarras.  Quedé pasmada al observar la belleza plástica de aquellos cuerpos, de hombres  y mujeres, moviéndose al son de una música imposible.  La mayoría de las voces, que entonaban canciones que no había escuchado hasta entonces, me transportaron a otro planeta.

La Faraona

La Faraona

Yo no conocía lo que aquello significaba, no lo entendía, a pesar de mi ascendencia gaditana. Nadie me había introducido a aquel arte.   Pero “aquello” me cautivó, me magnetizó.  Eso es el arte, para mí.  Algo que te eleva sin tener que “entenderlo”.  Entonces pedí a mi madrecita, que en Gloria esté, que me llevase cada noche a las “casetas”.  Ella accedió.  Después, cuando me acostaba, yo no podía conciliar el sueño evocando aquella belleza que me había vuelto loca de pasión.  De hecho, el Flamenco fue mi primera pasión.  Latente en todo mi ser, esperaba a ser despertada.  Aquella feria en Málaga fue la que me la reveló.

De regalo de cumpleaños pedí unas castañuelas, que no sabía manejar, y un vinilo pequeño, de esos de 45 revoluciones.  Sin embargo, hasta mucho tiempo después, no me atreví a llevar a término mi descubrimiento.  Me conformaba con escuchar y ver a los numerosos artistas que tuve, y tengo, el gusto de conocer.  Jamás hubiese imaginado que aquel arte iba a conseguir que pudiese, en el futuro, mantener dignamente mi casa, a conocer otra cultura y, como embajadora del mismo, a visitar otros países.

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