Aída Trujillo

agosto 29, 2010

Publicaciones en el periódico El Nacional de República Dominicana, “El verdadero amigo”

19 Agosto 2010, 11:33 AM

Vivencias cotidianas de allí y aquí

Escrito por: Aida Trujillo (El verdadero amigo)

A mi modo de ver, en general, el término “amigo” se utiliza demasiado a la ligera.   Uno suele tener, por supuesto, muchos conocidos y  “amiguetes”, como se les llama en España, gente que le rodea a uno en las noches de bonche (juerga, en aquel país), etc.

Pero a esos no les considero verdaderos amigos.  Un amigo es sagrado, único, especial; tan valioso que resulta indescriptible.  Las acciones son las que determinan una auténtica amistad.  Un amigo está con uno, de corazón, en los buenos y en los malos momentos de este sendero al que llamamos vida.

Cuando era aún muy joven, falleció mi mejor amiga.   Tardé mucho en reponerme de su pérdida y, destrozada por la pena, le dediqué unas palabras:

“He perdido un gran amor que no es ni carne ni sangre…  Es un consuelo inesperado, una llamada a tiempo…  Es una amiga fiel…”

Por entonces sólo escribía para mí misma.  Tenía un cuaderno, que aún conservo, con anillas que facilitan el sacar y volver a colocar las hojas, sin dañarlas.

Un amigo podría ser un familiar, que se comporta como tal y que trasciende los lazos de sangre, o una persona que acabamos de conocer.  La relación puede empezar de una manera inimaginable e insospechada.

El verdadero amigo, no tiene porqué coincidir ni profesar con nuestras creencias.

He podido comprobar que, cuanto más se opone y nos las discute pero a pesar de ello nos ama, más auténtica es su amistad.  Su cariño no está supeditado a coincidir con nosotros porque es incondicional.  Y viceversa…

En el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española la palabra amistad se define así:   “Relación de confianza y afecto desinteresado entre personas, ordinariamente recíproco, que nace y se fortalece con el trato.”

Por ello opino que, antes de pronunciar esa importante palabra, deberíamos pensarlo dos veces.  Los auténticos amigos no siempre se encuentran a pares y merecen destacar y ser respetados.

Cuando los encontramos, tomamos conciencia del valor del cariño desinteresado.  Un valor que no es “carne”, o sea objeto de nuestra pasión carnal, ni “sangre”, como lo es nuestra familia biológica.  A eso me refería con mis palabras para Isabel (q.e.p.d.)…

Gozo de la gran suerte de ser rica en amigos verdaderos, aunque también he sufrido muchas decepciones a lo largo de mi existencia terrenal.

Ese es uno de los numerosos motivos por lo que siento un inmenso respeto por ese vocablo.

Aída Trujillo Ricart

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2 comentarios »

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      Comentario por Aida Trujillo — junio 16, 2013 @ 6:01 pm | Responder


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