Aída Trujillo

noviembre 25, 2010

Publicaciones en el periódico El Nacional, Aniversario del nacimiento de Manuel de Falla, primera parte

25 Noviembre 2010, 10:46 AM

Vivencias cotidianas de allí y aquí

Aniversario del nacimiento de Manuel de Falla (I)

Escrito por: Aida Trujillo

Manuel de Falla

Manuel de Falla

En estos días se celebra el nacimiento de Manuel de Falla, uno de los músicos más emblemáticos de la primera mitad del siglo XX.  El célebre autor nació en Cádiz el 23 de noviembre de 1876, hijo de José María Falla y de María Jesús Matheu.  El fin de sus días le llegó en Alta Gracia, Argentina, el 14 de noviembre de 1946.

Algunas generaciones españolas recuerdan muy bien su rostro ya que ilustró los billetes de 100 pesetas, sustituyendo al de Gustavo Adolfo Bécquer.

Manuel de Falla tuvo una vida profesional y personal altamente rica que me sería imposible exponer en tan pocas líneas.  Por ello, me

Rey Alfonso XIII

Rey Alfonso XIII

estoy permitiendo la licencia de redactarla, también brevemente debo decir, en dos partes.

Falla recibió sus primeras lecciones de solfeo de mano de su madre, intérprete de piano, y de su abuelo.  A los 9 años de edad prosiguió sus estudios musicales con su profesora de piano, Eloísa Galluzo. En 1889 continuó estudiando piano con Alejandro Odero y armonía y contrapunto con Enrique Broca. Sin embargo, a los quince años sus intereses se centraron en la literatura y el periodismo.  Entonces fundó la revista literaria “El Burlón”.  En 1890 participó en la fundación de otra, llamada “El Cascabel”, que acabó dirigiendo. Pero ya en el año 1893 proclamó que su vocación definitiva era la música.  Esto ocurrió tras haber  presenciado un concierto en Cádiz  en donde se interpretaron, entre otras, algunas obras de Edvard Grieg.

Tras haber compuesto una melodía dedicada a Salvador Viniegra, se trasladó a Madrid.  Allí, en el Conservatorio, obtuvo la calificación de sobresaliente en tres años de solfeo y cinco de piano. En el año1899 terminó sus estudios en la Escuela Nacional de Música y Declamación y obtuvo el primer premio de piano organizado por este importante centro.

Felip Pedrell

Felip Pedrell

Trabó amistad con Joaquín Turina y con Felip Pedrell, quien influyó poderosamente en su posterior carrera pues despertó en él el interés por el Flamenco y el “Cante Jondo”. Colaboró con Amadeo Vives en la creación de las zarzuelas “Prisionero de guerra”, “El cornetín de órdenes” y “La cruz de Malta”.

En 1904, en colaboración con Carlos Fernández Shaw, creó la ópera “La vida breve” que obtuvo el primer premio de un concurso convocado por la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Falla hubo de esperar, empero, ocho años para dar a conocer su partitura. Y no en Madrid, como hubiese correspondido, sino en Niza, Francia.

En el año 1907 se afincó en París en donde se relacionó con Debussy, Ravel, Dukas, Albéniz, Roland-Manuel, Schmitt, Viñes y Picasso, entre otros. Debussy, quien también admiraba el arte Flamenco, le aconsejó que se inspirase en él.  Así fue como creó su obra “Noches en los jardines de España”.

Debussy

Debussy

En 1908 el rey Alfonso XIII le otorgó una beca para que pudiese seguir residiendo en París y concluir las “Cuatro piezas españolas.” En 1914 compuso, además, las “Siete canciones populares españolas”.  Continuará.

 

noviembre 18, 2010

Publicaciones en el periódico El Nacional, Enrique Gabriel, director, en el Festival de Cine de República Dominicana

18 Noviembre 2010, 11:41 AM

Vivencias cotidianas de allí y aquí

Escrito por: Aida Trujillo

Enrique Gabriel, director, en el Festival de Cine RD

Se celebra, ahora, la cuarta edición del Festival de Cine de República Dominicana y me siento orgullosa y complacida por ello.

Al mismo, ha sido invitado Enrique Gabriel Lipschutz, del que prometí volver a hablar.  Presenta su interesante documental  titulado “La pérdida”.

Le conocí en el año 1987 y de nuestra unión nació Nicolás, nuestro hijo de dieciocho años.  Ahora, Enrique, está felizmente casado con una mujer a la que aprecio mucho y que es productora ejecutiva: Lina Echeverri.

Enrique Gabriel y su hijo Nicolás

Enrique Gabriel y su hijo Nicolás

Enrique nació en Buenos Aires el 7 de noviembre de 1957 y se trasladó a España en el 1974, junto a sus padres y hermanas, Elena y Masha. A continuación, durante algunos años, fijó su residencia en Paris, regresando después a Madrid.

Durante un rodaje, conoció a la actriz británica Lesley Anne Down con quien contrajo un matrimonio que no duró mucho tiempo.

Nacido en un hogar en el que la inquietud por toda expresión cultural ha sido relevante, Enrique escribe guiones en tres idiomas: español, francés e inglés.  Su padre, Isidro, un hombre entrañable, fallecido hace algunos años, era un reconocido periodista. Su madre, Lucía, una señora a la que adoro y admiro, es escritora y hasta llegó a traducir, del ruso al español, nada menos que “Archipiélago Gulag”.  Me encanta que mi Nicolás sea nieto de estas dos maravillosas personas.

Cuando conocí a Enrique luchamos por conseguir que uno de sus guiones, un largometraje, se proyectara en la gran pantalla.  En el 1992, después de gran esfuerzo, dedicación y trabajo, se estrenó, al fin, “Krapatchouk”.  Les invito a que lo vean y se deleiten con una trama inesperada, dramática y divertida al mismo tiempo.

Le siguió la realización de otros films no menos interesantes:  “En la puta calle”, “Las Huellas Borradas”, “Suspiros del corazón” y, por último, “Vidas pequeñas” que acaba de proyectarse en el prestigioso Festival de Cine de Valladolid, con gran éxito.

Aunque nuestra relación como pareja no funcionó, nuestro vínculo como seres humanos y amigos ha resultado ser un éxito absoluto y un gran aprendizaje en la vida.

 

noviembre 5, 2010

Publicaciones en el periódico El Nacional, “Uno de los graves problemas cuando se pierde un hijo”

4 Noviembre 2010, 11:22 AM

Vivencias cotidianas de allí y aquí

Uno de los graves problemas cuando se pierde a un hijo

Escrito por: Aida Trujillo

No he querido seguir abrumando a mis lectores volviendo a contarles mi dolor por la pérdida de mi hijo Jaime.  Sin embargo, hoy no he podido resistir el compartir con ellos ese pesar que pervive en mí, después de casi cuatro meses tras su muerte.

Estos días están siendo muy duros aunque no ha ocurrido nada nuevo.  Al contrario, la gente piensa que estoy, que debo sentirme mejor que hace un tiempo, cuando ocurrió mi desventura.

He estado cavilando sobre el posible motivo que me hace volver a sentir, con gran fuerza, esta tristeza que me embarga.  Me consuelo tontamente pensando que, quizás, la proximidad de la fiesta de los difuntos sea el móvil.

Vivo con mi única hija hembra, Haydée.  Durante el mes de septiembre mi hijo Nicolás me regaló su adorada presencia.  Ahora está aquí mi mayor, Carlos, junto a su mujer, Mayte, y mi nieta, Aitana.  Su existencia, su acercamiento físico, además del emocional, me sirven de consuelo y me aportan gran alegría.  Pero siento que me falta algo muy importante sin lo que esa felicidad no llega a completarse.  Siento que me falta mi Jaime y que desearía que él estuviese aquí también.  Y, aunque estoy convencida de que, de un modo espiritual, lo está, mi condición humana no me permite sentirme plenamente feliz.  Todavía no he alcanzado esa elevación.  Todo me lo recuerda y en todo existe su ausencia y sus recuerdos.

Los padres que hayan pasado por este trance podrán comprender mis palabras.  A los que no lo han sufrido, les deseo que nunca entiendan del todo lo que digo y repito.  Una cosa es sentir temor por lo que pueda ocurrirles a nuestros hijos y otra, muy diferente, es el tener que aceptar que ya les ha ocurrido.

Un hijo es lo más grande...

Un hijo es lo más grande...

Hoy no he sido capaz de escribir sobre otra cosa que no trate de mi desgarro.  Cuando los hijos se van antes que nosotros, nos sentimos mutilados, como si nos hubiesen  arrancado una necesaria parte de nuestro ser.  Nuestro cerebro no está “programado” para que eso ocurra. Nos hemos planteado, desde siempre, el que somos nosotros los que vamos a marcharnos antes que ellos.

Uno de los graves problemas de cuando uno pierde a un hijo viene muy bien reflejado en una estrofa de una canción cuyo intérprete es un insigne cantante y compositor del mundo del Flamenco, Enrique Morente.

Enrique Morente

Enrique Morente

“Mi pena es muy grande porque es una pena que yo no quisiera que se me quitara…”

Una parte de mi ser no quiere seguir sufriendo.  La otra se resiste a olvidar su dolor.

Doy las gracias de corazón a todos los que se han animado a seguir leyendo esta columna hasta el final y que, por lo tanto, han compartido un poco mi pena en el día de hoy.  Procuraré seguir brindándoles, en el futuro,  informaciones y anécdotas interesantes, algunas más entretenidas y divertidas que otras.

Aída Trujillo Ricart

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