Aída Trujillo

julio 5, 2011

Carta a mi hijo Jaime Mª, en el primer aniversario de su partida de este mundo

Mi hijito querido, mi Jaime del alma,

Mi querido hijito

Mi querido hijito

Hoy hace un año que decidiste “coger tus alitas” y marcharte de este mundo.  Parece que no avisaste a nadie.  Pero a mí, y de forma bastante violenta, sí.  Hoy hace un año que, por muy poquito, no pierdo mi ojo derecho.

Tu rinconcito, con las flores que me regaló Haydée, en casa

Tu rinconcito, con las flores que me regaló Haydée, en casa

Curiosamente, estaba pintando unas imágenes que me recordaban a ti.  En mi casa de Madrid, en la puerta de entrada al aseo, había pintado unas muy similares, pero en tonos rosa.  Te gustaban y me decías que, como a veces hacías tu, aquella pintura resultaba algo agresiva.

Aunque yo te lo negaba, era verdad.  No se sabe bien si son plantas, si son ondas marinas o etéreas, o qué.  Estas son de color morado, un color que me encanta pero que representa un “alivio de luto”.  ¿Qué “casualidades” tiene la vida, verdad, mi amor?

El año pasado, en el día de esta fecha, llevaba, desde por la mañana, llamándote por teléfono pues algo me empujaba a hacerlo.  No sé cómo explicarlo.  Llamé, desesperadamente, en muchas ocasiones y hasta llegué a dejarte un mensaje en el contestador.  Pero, desafortunadamente, ya no estabas para coger el móvil ni para escuchar mi mensaje, ni para nada…

Sentí un desasosiego y una inquietud que no podía quitarme de encima pues aquello no me pareció normal y, aunque hubiese podido haber motivos lógicos, me alarmé enormemente.

Cuando, después, me caí de un taburete bastante sólido, con un pincel en la mano, mientras estaba pintando, presentí que había ocurrido algo muy grave.  Me preocupaba la posible pérdida de mi ojo, claro, pero sentía que había “algo más”.

Intenté volver a llamarte, con mi ojo tapado, pero no obtuve respuesta: yacías, sin vida, en tu cama.

Fue tu hermano Carlos el que, un par de días después, me confirmó lo que tanto temía: “Jaime se ha muerto…”

Recuerdo muy bien el alarido que emití, como una fiera herida, y que no me creía capaz de lanzar.  Pero, después de un año, la frase de tu hermano sigue retumbando en mi cabeza, como si acabase de decírmela.

Te fuiste estando solito y con los brazos queriendo asir algo o a alguien, según me contó Carlos. Quiero pensar que estabas agarrándote a alguno de tus acompañantes espirituales.

Después de bastante tiempo tu hermano me mandó el informe del forense.  El galeno dice que falleciste, según su criterio, el día 4 de julio de 2010.  Pero yo sé que fue el día 5.  La Ciencia cambia, se supera, avanza, lo que antes servía ahora no, o al contrario.

Recuerdo una época en la que la OMS llegó a decir que el aceite de oliva no era bueno para la salud.  Yo, intuitivamente, me negué a aceptar aquello y seguí llevándolo a casa.  Al poco tiempo, la institución rectificó aquella afirmación.

La Ciencia dice y se contradice.  La Ciencia se equivoca.  El corazón de una madre no.

Cuando quedé embarazada de ti, los médicos me aseguraron que tenías que nacer por cesárea.  Como tu hermano Carlos, el mayor, nació así, tu también, y los demás hijos que tuviera, tenían que nacer ayudados por esa intervención quirúrgica.

Pero yo, ni corta ni perezosa, le dije a mi ginecólogo que quería que nacieses de parto natural y él, en un principio, se negó.  No quería arriesgarse a que me ocurriese algo grave.  Como veía que insistía, ante mi tozudez y para que le dejase en paz, asintió con una condición.  Si el proceso de dilatación del parto se prolongaba excesivamente, tendría que operarme.  Accedí e hicimos ese pacto.

Me pasé el resto del embarazo imaginando que, en pocas horas, nacerías de forma natural.  Y así fue.

El día 2 de mayo de 1973, a la 1 de la noche, viniste al mundo.  ¡Tu siempre con tus ambigüedades, hijito!  Por muy poco no naciste el día anterior.  Al igual que en tu muerte, unos dicen que fue el 4 y yo afirmo que fue el 5 de julio.

Cuando cumpliste los dos meses de edad, enfermaste hasta el punto de que creí perderte.  Una vez más, por aquella época, la Ciencia se equivocó.  Te hicieron todo tipo de pruebas pero no podían admitir que tu dolencia era una estenosis de píloro porque decían que era demasiado tarde para que se manifestase.

Y eso era lo que por poco te lleva a la tumba, siendo un bebé adorable y precioso.  Al cumplir los tres meses, tu pediatra, desesperado por no entender lo que te ocurría, decidió, como último recurso, ver si cabía esa posibilidad.  ¡Y era esa afección la que te estaba matando!  Te operaron y, una semana más tarde, habías recuperado 100 gramos de los tantos que, en un mes, habías perdido.

Jaime Mª, un añito de edad

Jaime Mª, un añito de edad

Mi sangre pertenece al grupo 0 negativo.  Con la única excepción de tu hermana Haydée, vosotros, mis tres varones, sois Factor Rhesus positivo.

Carlos nació en el año 1970 y, por lo menos en España, todavía no existía la vacuna que protege al siguiente feto que vaya a fecundar una mujer, después de inmunizarse contra ese factor.  De modo que, además de pasarme todo su embarazo, el de tu hermano, a base de pruebas para comprobar si existían anticuerpos, que no detectaron, en mi sangre, no pudieron vacunarme para salvaguardar al próximo bebé que pudiese engendrar.

De modo que, puedes imaginar que, durante el embarazo tuyo, me vigilaron aún más pues era más fácil que, al haber tenido un niño con un RH positivo, si tu lo eras también, mi cuerpo se defendería y te atacaría.  ¡Nada de eso!  No tuvimos, ni tu ni yo, el más mínimo problema.

Quizás la Ciencia, es casi seguro, ya haya avanzado y tenga una explicación lógica a ese asunto.  Pero, por entonces, los médicos no se explicaban como había pasado dos embarazos con niños que portaban, e intercambiaban conmigo, un factor que es mortal para mí y que mi cuerpo no se hubiese protegido, destruyéndoles.

Haydée y Carlos, mis hijitos, octubre 2010, Boca Chica

Haydée y Carlos, mis hijitos, octubre 2010, Boca Chica

Al nacer tu ya existía en España la famosa vacuna y me la pusieron.  Pero fue innecesario porque, después, nació Haydée, que tiene mi mismo grupo sanguíneo y es RH negativo.

Igualmente, por prevención, me pusieron la vacuna “para el próximo, si lo había”.  Ella también nació sin necesidad de que se me practicase una cesárea.  No hubiese dado tiempo ni a preparar el quirófano de lo rápido que vino al mundo.

Mucho después, como sabes pues estabas esperando, nervioso, junto a tus hermanos, en los pasillos de la clínica, nació Nicolás, también de forma natural.

Día del Bautizo de Nicolás, Jaime lo tiene en sus brazos

Día del Bautizo de Nicolás, Jaime lo tiene en sus brazos

Pero, volviendo a tus vivencias y relación con la Ciencia, cuando estabas a punto de cumplir los tres años de edad, hubo que repetirte la operación de estómago.

El médico, una eminencia de la cirugía infantil, el Dr. Monereo, que en paz descanse, me dijo que si tenías algunos problemas, motivo por el que acudí a él, era porque, en la primera intervención simplemente te habían salvado la vida.  Jamás criticó a sus colegas, al contrario.  Según me explicó, estabas demasiado débil y de haberte operado con más esmero, te hubieses quedado en la mesa de operaciones.

De modo que, tras una intervención de casi cuatro horas, que se me hicieron eternas, por fin te subieron a tu habitación en la clínica.

Durante aquella semana, en la que no me separé de ti ni para ir a comer, no tenías apetito, pobrecito mío, ¡tan chiquitín!  Como mucho ingerías un yogur al día.  Y, claro, como no “hacías de vientre”, como se dice en España, los médicos llegaron a alarmarme mucho.

Se te prohibió, durante un año, el comer verduras y frutas, con la excepción de la patata y el zumo de naranja.  Había que evitar que, ese canal que habían abierto, volviese a obstruirse.

Te dieron el alta con la condición de que, si a los dos días no habías hecho caca, tenía que volver a ingresarte pues eso denotaba algo que podía ser grave.

La Ciencia te prohibió el comer verduras y frutas durante un año.  Pero, tu madre, yo, preocupada por lo que me habían advertido, tomé una decisión unilateral, impulsada únicamente por mi intuición, mi instinto maternal.

Decidí prepararte un buen plato de puré de verduras pensando que, por una vez, no podría hacerte daño.  Sin embargo, sí podría ayudarte a hacer tus necesidades.  Si la cosa no resultaba, me dije, te llevaría de regreso al centro médico y hasta confesaría mi culpa.

Parece que te apetecía pues, aquel puré, lo comiste con avidez.  Era un plato hondo, lleno hasta los bordes, y lo ingeriste por completo y, a juzgar por tu carita de expresión placentera, con mucho gusto.

No habría pasado ni media hora cuando ocurrió lo que yo pretendía.  Nunca he sentido tanta alegría por tener que limpiar mierda, con perdón pero ese es su nombre, en grandes cantidades.  Nuevamente mi intuición había triunfado.

Muchas cosas de este tipo me han ocurrido, lo sabes hijito, contigo y con tus hermanos.

Jaime Mª 1979

Jaime Mª 1979

La Ciencia es algo frío, matemático.  El corazón de una madre no.

Por eso hoy, que cumples tu primer aniversario fuera de este mundo, te lloro, te echo de menos, no me resigno, te quiero con mi alma…

Jaime, el día de su Primera Comunión, muy serio mi niño

Jaime, el día de su Primera Comunión, muy serio mi niño

Sé que estás en otro plano, sé que eres un ángel, estoy segura de ello… Pero yo, que te he parido, anhelo, como ser material que todavía soy, el poder besarte, el poder tocar tu cabello fino, coger tus manos, hablar contigo de arte, de cocina y de cualquier cosa…

Jaime Mª y el perrito Craken en el campo

Jaime Mª y el perrito Craken en el campo

Te gustaba el mar, el campo, la montaña, el skate, el snow…

JAIME Y HAYDÉE CON SUS PRIMOS RAFITA Y BÁRBARA

JAIME Y HAYDÉE CON SUS PRIMOS RAFITA Y BÁRBARA

Pintabas y esculpías muy bien.  Hacías algo que jamás me atrevería a hacer:  tatuabas, y con mucho arte.

Fuiste, además, un cocinero profesional reconocido.  Amabas la cocina y discutíamos sobre su elaboración, aunque a veces me pedías alguna receta, que tu te encargabas de complicar para hacerla “más moderna”.

Tengo tantas cosas que decirte que, si lo hiciese, esta carta se haría interminable.  De los 57 años que tenía, cuando te me fuiste, 37 estuviste en mi vida.

Por cierto, tengo que darte las gracias por mandarme este regalo, tan preciado para mí, que es el perrito Chilling.

Chilling, tu regalo

Chilling, tu regalo

Nicolás y Craken, tu regalo, hace unos cuantos años

Nicolás y Craken, tu regalo, hace unos cuantos años

Sé que fuiste tu, a través de un amigo, pocos días después de iros, primero Craken, el schnauzzer que también me regalaste, y enseguida después tu.

Tu conseguiste que tu hermanito Nicolás leyese mi libro “A la sombra de mi abuelo”.  Recuerdo perfectamente la conversación que tuvimos por teléfono, y no sabes cuanto te lo agradezco, mi vida.  Siempre me hiciste sentir lo orgulloso que te sentías.

¡Gracias, hijo de mi alma!  ¡Nunca te olvidaré!  ¡Te adoro, mi “Garbancito de la Mancha de Santo Domingo”, como te llamaba!

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12 comentarios »

  1. Qué arte tienes para contar las cosas, Aída… Y las fotos me han gustado mucho… hace poco puse una foto de Carlos, Jaime, Masha… la vida de Jaime fue un continuo desafío, hacia sí mismo, contra sí mismo también… sólo recuerdo ahora al chico guapo, cariñoso y encantador con el que hablábamos de música y me llevaba en su Vespino. Al que llevé a una entrevista que hice a Nils Lofgren, guitarra de Springsteen y luego nos fuimos a tomar algo por ahí antes del concierto. Al que me ayudó a localizar chavales que hacían skate para un programa de televisión.
    Cuando Masha me llamó a la una de la mañana del 8 de julio, hace casi un año, le dije “Tú no me llamas para felicitarme por el pase de la selección española de fútbol a la final ¿verdad?”
    …y entonces, la segunda pregunta fué “Dios mío, ¿y esto cómo se lo decimos a Aída?”
    Aquí seguimos, Truji… espero que la escritura sea una vía para tu desahogo. Ya sabes que no tengo más que decirte sobre lo que siento porque tú lo sabes, tú me conoces bien…

    Comentario por elena gabriel — julio 5, 2011 @ 6:43 pm | Responder

  2. Que lindo y emocionante articulo, como solamente una madre puede hacerlo. Te deseo resignacion y paz
    . Abrazos

    Comentario por Magaly Montes de Oca — julio 5, 2011 @ 6:45 pm | Responder

  3. Mi Querida y estimada Aida.

    La partida de un ser querido siempre es un episodio desgarrador de nuestras vidas; y mucho mas si en un hijo. Lo puedo describir como cuando “se busca el aire para respirar y no se encuentra”, O, “Cuando se quiere despertar pronto de una larga noche de pesadillas, sin resultados favorables”. Solo le puedo decir que, ojala y Dios le de las fuerzas necesarias para vencer el desafio de la superacion emocional y que encuentre precisamente en su presencia divina, toda la fé para creer y temerle a su voluntad. En lo personal he tenido perdidas irreparables, que me han hecho desesperarme ante la voluntad de Dios, pero para mi suerte, he encontrado algunos que me han consolado con palabras de vida y esperanza, que me han ayudado a superar las frustraciones.

    !La Quiero mucho!

    Att: Su amigo Apolinar

    Comentario por Apolinar Joaquin Hijo — julio 5, 2011 @ 7:15 pm | Responder

    • Muchas gracias, Apolinar, por tus hermosas y cálidas palabras. Bueno, en mi caso, con lo que me dices, tú eres una de esas personas que ayudan. Gracias por tu afecto. Yo también te lo tengo. Un abrazo grande, para tí y los tuyos, de corazón,
      Aída

      Comentario por Aida Trujillo — enero 27, 2013 @ 3:36 pm | Responder

  4. Aída Recibe mi abrazo a la distancia. Buscando otra cosa, entré sin saber en tu carta, tan intima, tan llena de amor y dolor. Soy madre tambien y puedo imaginar lo q sentis por estos días. Hace algunos años perdí a uno de mis hermanos q tendría casi la edad de tu hijo. Hoy al leer tu carta me conmovió tu sentimiento. Solo una madre puede sentir tantas cosas fuertes q te desgarran y a la vez seguir adelante porque hay otros hijos. Espero q lo que te voy a decir no lo tomes a mal, al contrario, va con todo el amor de una mujer a otra, con todo el respeto q la situación amerita… Aferrate a la vida ! a tus otros Hijos , a tu Arte. seguí adelante que vos podes ! Podes porque justamente ese es un don de la Mujer ! Supongo q tus hijos te quieren ver bien, fuerte, alegre! y supongo tambien q eso es lo que hubiera querido Jaime. El tiempo va pasando, no podemos olvidar ni al ser querido ni el dolor , pero si, podemos ir sanando de a poco. Y mirá q se pued. Yo veo en mi peqreño hijo varón la cara de mi hermano cuando era pequeño, y sus géstos. Y le agradesco a Dios poder ver un poquito de mi hermano en mi hijo, que es un torbellino de picardía y vitalidad. y así debe ser Aída, así de a poco le vas encontrando otra vez lo bueno a la vida desde un nuevo enfoque quizá pero, vamos, arriba! como se dice en mi país Arriba q podes!!! Madre, mujer, te envio un abrazo enorme a la distancia y todo mi anhelo de que te sientas cada vez mejor, por tus hijos y sobre todo por ti !
    Soy Adriana. tengo 41 años y soy de Uruguay. Hasta siempre.

    Comentario por Adriana Mascaró — agosto 30, 2011 @ 7:29 pm | Responder

    • Adriana, perdona por no haber contestado antes. Esto es debido a que tengo demasiado trabajo acumulado no a que me pueda tomar a mal lo que me dices, que es la verdad pero… Duele mucho perder a un hermano, yo he perdido a dos, perdí a mis padres jóvenes, perdí al amor de mi vida, a amigos que eran más que hermanos. Tengo 3 amigas que perdieron antes que yo a sus hijos y, como madre, imaginaba su dolor. Sin embargo, hasta que no te ocurre, no puedes saber lo que es. El dolor, el pesar, el abatimiento es muy diferente. Como tengo 4 hijos, es como si me hubieran arrancado una cuarta parte de todo mi ser. Sigo luchando, acabo de publicar otro libro, es de amor, pero, curiosamente (lo empecé antes de la muerte de mi Jaime), se llama “Más allá de la muerte”. Este sentimiento, aunque el tiempo lo vaya suavizando, muy lentamente, eso sí, morirá conmigo, como una estaca clavada permanente en mi corazón.
      Por más divertido que sea el plan que tenga, lo que comparta con mis amigos, incluso la puesta en circulación de mi novela (que me hizo muy feliz) siempre hay en mí un sentimiento de que “falta alguien” y un regusto amargo en mi alma, al no poder compartir con ese alguien: mi hijo de mis entrañas y de mi corazón, mi alma, todo mi ser.
      ayuda el tener otros, claro, pero no sustituyen. Piensa que lo tuve con 20 años y murió antes de yo cumplir los 58. Eso, incluso en una persona extraña pero que ha compartido toda tu vida, es duro de por sí. ¡Imagínate cuando se trata de un hijo!
      Gracias por tus palabras de aliento. Conocí una parte muy bella de tu tierra, que me encantó, hace muchos años: Punta del Este. Y, en Montevideo vive un gran amigo mío que se fue de España justo antes de que empezara esa crisis que está destrozando a tantas personas.
      Me encantaría poder regresar… ¡La gente era realmente dulce y encantadora! Viajé cuando el más pequeño tenía 9 meses de edad… Este año cumplirá 20 años.
      Nací en Rep. Dominicana pero hace solo 2 años y pico que he vuelto a instalarme aquí. Antes vivía en España, a la que echo muchísimo de menos. Además, con la excepción de mi única hija mujer, los otros dos hijos, y mi nietecita, viven en Madrid. ¡Ojala los tuviese a todos juntos! Eso ayudaría aún más pero bueno… ¡la vida hace lo que le da la gana!
      Un abrazo muy fuerte y gracias por leer mi blog,
      Aída

      Comentario por Aida Trujillo — diciembre 2, 2011 @ 2:41 pm | Responder

    • No sé qué ocurrió. Te respondí, y bien largo. Pero, en vez de salir mi respuesta, ha vuelto a salir tu comentario. Hoy no tengo tiempo. Volveré a escribirte Adriana. Pero te agradezco tus buenos deseos y que leas mi blog. Un abrazo muy fuerte,
      Aída

      Comentario por Aida Trujillo — diciembre 2, 2011 @ 2:44 pm | Responder

  5. Jaime era un buen chico y tanto mi hijo Carlos como yo le recordamos con cariño.

    Comentario por Maria Concepción — enero 31, 2012 @ 8:58 pm | Responder

    • Muchas gracias, Mª Concepción… No me gustaría que, su memoria, cayese en el olvido. Besos y abrazos, Aída

      Comentario por Aida Trujillo — febrero 3, 2012 @ 6:56 pm | Responder

  6. no se como dirigirme,por vuestro dolor creo que le conoci,por la foto de la comunion si estudio en el colegio de San Anton,calle Farmacia,Madrid.

    Comentario por Isaac — enero 26, 2013 @ 12:45 am | Responder

    • Efectivamente, Isaac… y fue allí adonde hizo su primera Comunión. Gracias por escribirme, con eso es suficiente condolencia, no tiene que emplear palabras. Su gesto es hermoso…

      Comentario por Aida Trujillo — enero 27, 2013 @ 1:44 pm | Responder

      • pues un beso y un abrazo para todos,si necesitais algo aqui teneis un amigo.

        Comentario por Isaac — febrero 9, 2013 @ 9:24 pm


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