Aída Trujillo

julio 19, 2013

Artículo de José Rafael Sosa, Historia yTrujillo: ¿Objetividad o parcialidad?

Los libros que tocan el tema Trujillo requieren un debate serio de la historia

José Rafael Sosa

José Rafael Sosa

6 Julio 2013, 4:54 PM

Historia  yTrujillo: ¿Objetividad o  parcialidad?

Escrito por: José Rafael Sosa (www.joserafaelsosa.com)

El tema Trujillo siempre apasiona, vende, escandaliza o convoca  justas reflexiones, informaciones verídicas, fantasmas creados o justificados o deformación parcial de la figura del dictador dominicano.

El historiador Fernando Infante, quien nos merece todo respeto por su labor intelectual, publicó en 2009 una nueva edición revisada de su Biografía de Trujillo, que nos mueve a algunas reflexiones, en conocimiento de que probablemente lo que hacemos será llamar la atención sobre un texto que se se encuentra hace tiempo en librerías, aulas y bibliotecas personales o institucionales.

portada libro infantePero -siempre hay un pero- nos preocupa tras leerlo, el enfoque que entendemos un tanto  edulcorado, desconocedor de los aspectos gruesos de la sangrienta represión, las matanzas, las torturas, los “accidentes de tránsito”, que aun cuando aparece referidos en un marco que ofrece una visión “objetiva de lo bueno y lo malo”, nos parece que proyecta la imagen de un estadista con luces y sombras y que sus puntos brillantes aparecen mucho más destacados.

Quién no conozca nada de lo que fue el Trujillato, tras leer a nuestro amigo Fernando Infante, la idea que tendrá incluso puede ser la de compadecerse de actitudes de lucha o rebeldía contra el dictador.

Fernando Infante

Fernando Infante

Es una biografía complaciente y aparentemente inocente que nos deja un vacío porque no transmite la verdad del tiempo histórico descrito.

La foto de portada, que presenta una imagen inédita de Trujillo en la Hacienda María inspeccionando la leche de las vacas ordeñadas, es cedida del archivo personal de Angelita Trujillo, según se establece en los créditos editoriales.

Sobre libros y libros

Aída Trujillo Ricart

Aída Trujillo Ricart

Cuando Aida Trujillo Ricart, publicó su novela A la Sombra de mi Abuelo, las reacciones no pasaron de algunos comentarios personales, en los espacios anti-trujillistas.

Fue cuando la obra gana el Premio Nacional de Novela por parte jurados internacionales y uno local contratados por el Ministerio de Cultura, cuando se produce una reacción que incluso generó un documento firmado por 201 intelectuales acusando la obra de trujillista y pidiendo que no se le entregara el galardón obtenido.

En la novela, la nieta de Trujillo – la única que ha renunciado a la herencia de su abuelo y que ha enfrentado su autoritatismo  y a sus propios parientes, comenzando con Angelita Trujillo-  reniega de los métodos de Trujillo distinguiendo lo que era el dictador del que era padre de su padre.

Hoy Aida Trujillo, que ha seguido escribiendo, vive en Puerto Plata, lejos de toda actividad pública, rechazada por los anti-trujillistas y los familiares del tirano, en un caso de ostracismo  que debe cuidarse de las posiciones dogmática de su propia familia y de quienes, por ser apellido Trujillo, la rechazan y la ignoran como una realidad. También es apellido Ricard, que es conocidamente anti-trujillista. Quienes firmaron el documento acusando el libro de Aida Trujillo, sencillamente actuaron por solidaridad con las víctimas de la dictadura, sin haberlo leído. Y nadie ha admitido ese error. 

 El de Angelita

Angelita Trujillo

Angelita Trujillo

Cuando Angelita Trujillo publica su infamante libro Mi Padre, en el cual incurre incluso en acusaciones a personajes anti-trujillistas de haber tenido responsabilidad en asesinatos como el de las Mirabal, se produjo una reacción como era de esperarse, en unos afanes en los que se reprimió a libreros por venderlo. No debió haber sido. Si se ajustició a Trujillo fue para tener la garantía de que cada quien tuviera derecho a la palabra. Lo que procedía (y se puede hacer aún) es el sometimiento a la justicia por difamación de la autora, por una parte, y por otra, insistir en la labor educativa sobre lo que fue la dictadura, responderle a su libro y fijar verdades que ella manipula. El camino es el debate de ideas contra posturas que buscan reinvindicar la imagen del sátrapa.

Por un debate

Sobre el libro de Fernando Infante, en lugar de acusarlo de historiador trujillista, lo correcto sería montar un debate con la participación de historiadores, él incluido, para que se escuchen los diversos enfoques.

Los historiadores tienen una responsabilidad moral, además de científica, con la formación del criterio de las actuales generaciones. La tarea esta planteada.

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julio 6, 2013

Publicaciones en el peródico El Nacional, Homenaje post-mortem a mi hijo Jaime María

5 Julio 2013, 2:13 PM

Vivencias cotidianas de allí y aqui

En nuestra casa, 1978

En nuestra casa, 1978


Escrito por: Aida Trujillo Ricart (https://aidatrujillo.wordpress.com/)

Homenaje post-mortem a mi hijo Jaime María

Hoy, día 5 de julio, se cumplen tres años del fallecimiento de mi adorado hijo Jaime Mª. Me resulta, por lo tanto, imposible escribir cualquier cosa que no se refiera a él.

Con su hermano Carlos, 1994

Con su hermano Carlos, 1994

Sé, por convencimiento, que se encuentra en un lugar mejor y más elevado que este deteriorado, aunque hermoso, planeta. Sé que está cumpliendo su misión, su propósito.

Jaime era un gran admirador de Van Gogh

Jaime era un gran admirador de Van Gogh

Pero, como madre, el no poder escuchar su voz, aunque sea a 9000 kms. de distancia y por teléfono, y el saber que ya nunca podré tocarle, abrazarle ni darle un beso, me sigue desgarrando el alma.

Mi hijito, que contaba con treinta y siete años de edad, se acostó, para no volver a levantarse nunca de su cama. Yo fui avisada dos días después, el 7 de julio, día de San Fermín de los Navarros, que fue cuando le encontraron.

Me dijeron que había tenido un accidente, para omitir detalles desagradables, en un Madrid del mes de julio, con un calor que suele llegar a los 40º centígrados. Pero, después, el informe del forense confirmó que había sido víctima de un paro cardiaco mientras dormía.

Tres años han transcurrido, sí, pero parece que su deceso ocurrió ayer y mi pena morirá el día que me toque dar mi último suspiro. Me veréis reír, hacer chistes, escribir, trabajar… Pero el dolor sigue ahí, clavado en lo más profundo de mi corazón.

Dibujo que Jaime me dedicó cuando estudiaba en la Escuela de Artes Plásticas de Madrid, 1990

Dibujo que Jaime me dedicó cuando estudiaba en la Escuela de Artes Plásticas de Madrid, 1990


En la isla Tabarca, con su hermana Haydée y conmigo, 1994

En la isla Tabarca, con su hermana Haydée y conmigo, 1994


Haciendo rabiar a su hermanito Nicolás, 1995

Haciendo rabiar a su hermanito Nicolás, 1995


Sólo logro, mediante estas breves líneas, solidarizarme con todas las madres que han pasado por este trance y exclamar, mirando al Cielo, “¡Jaime, mami no te olvida!”

A JAIME LE ENCANTABA STING. ¡QUÉ FRAGILES SOMOS, COMO DICE ESTE GRAN ARTISTA EN ESTA CANCIÓN!

julio 2, 2013

Publicaciones en el periódico El Nacional, Enamorarse a los quince años

29 Junio 2013, 8:16 AM
Vivencias cotidianas de allí y aqui

Escrito por: Aida Trujillo Ricart (https://aidatrujillo.wordpress.com)

Enamorarse a los quince añosCORAZONES

Una madrugada, una mujer despertó con la agradable sensación provocada por su última ensoñación. Sentía, además, hasta de forma física, un amor puro, ardiente, aunque platónico, idéntico al que había sentido cuando se enamoró por primera vez, en su corazón.

Era como si, después de casi cuarenta y seis años, el tiempo no hubiese transcurrido, borrando las huellas de aquella inocente relación. A pesar de no haber vuelto a ver jamás al joven objeto de su afecto recordó, con lujo de detalles esa noche, cuando ella había cumplido sus quince años.

No deseaba despertar de su sueño. Aquella prematura experiencia había sido la primera vez que su mamá la había llevado a una discoteca. Para la ocasión había regalado a su hija un vestidito de batista perforada blanca que apenas le rebasaba las rodillas.

Ambas habían viajado e iban acompañadas, a esa primera salida de la hija, por una tía suya, que vivía en el país extranjero en el que se encontraban. Ésta era hermana de su mamá por parte materna, y madre del hijo de ésta que les servía de dirigente masculino, imprescindible por aquel entonces.

El joven que le llevaba a la quinceañera casi diez años, no era precisamente un “adonis”. Era de mediana estatura, tirando a bajita, y no demasiado agraciado, aunque sí atractivo y cariñoso. A pesar de su todavía corta edad, ya había pasado por la amargura de un divorcio que le había dejado, a su cargo, nada menos que tres hijos a quienes él atendía con premura.

cupidoHarto es sabido que, cuando a Cupido le da por lanzar sus flechas, no calcula las consecuencias. Aquella mágica noche, el pícaro dios, propinó una en cada corazón de aquellos dos seres que acababan de conocerse y que eran, “medio” primos. Aunque, para sus progenitoras, lo eran por completo y con todas las de la ley.

No hubo besos, salvo los de trato familiar, ni roces que no se limitasen al de las manos de aquel hombre y aquella incipiente mujercita que, como hemos dicho, cumplía sus primeros tres lustros de vida, mientras bailaron. Ella, en un principio, sólo quería hacerlo como se estilaba en le época; separados, a ritmo de música moderna. Aseguraba, y tenía razón, que era incapaz de dejarse llevar en un baile por otra persona. Su timidez se lo impedía, manteniéndola tensa. Pero él, lógicamente más sabio por su edad y vivencias, supo convencerla. Es más, casi la obligó a aceptar danzar dos baladas entre sus brazos, salvaguardando una distancia respetuosa, obviamente. Pero al compás de una suave música, el dios del amor aprovechó para metérseles en las entrañas a aquellas dos personas. Al separarse, los dos ya lo habían percibido. Las progenitoras nada sospecharon mientras conversaban sentadas tomando sus respectivas bebidas.

La consecuencia de aquel tierno amor fue sólo un regalo que le hizo él a ella: dos vinilos con las canciones que habían bailado. Después, cuando ella partió rumbo a su lejano hogar, empezaron a escribirse cada semana: él a ella, primero. Ella a él, después. Lo más intenso de aquellos escritos fue el que ella le asegurase que él era maravilloso. A lo que él contestó que, si lo era, era debido a que ella así lo consideraba.cartas

Unos meses después, esa inocente correspondencia se vio truncada por el descubrimiento de la madre de la jovencita que se escandalizó y amonestó, fuertemente, a su hija y a su “medio” sobrino, no sin antes haber sido avisada la madre de éste. Ellos nunca más volvieron a ponerse en contacto quizás porque la culpabilidad fue más poderosa que Cupido y se asoció con el destino de ambos.

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