Aída Trujillo

enero 26, 2016

Artículos publicados en el periódico El Nacional Dominicano, La masonería o francmasonería I y II parte

Vivencias cotidianas de allí y aqui
Publicado el 14 de enero del 2016 – 12:30 pm por Aida Trujillo Ricart

La masonería o francmasonería (I)

escuadraycompas12Es una entidad de carácter iniciático, filantrópico, filosófico y progresista, basada en el sentimiento de fraternidad, igualdad y libertad. Su objetivo es la búsqueda de la verdad y fomentar el avance intelectual, moral y el progreso social.

Los masones se organizan en estructuras de base apeladas logias que pueden estar agrupadas en una organización de ámbito superior denominada “Gran Logia”, “Gran Oriente” o “Gran Priorato”. Orienta al escudriñamiento racional de las leyes de la naturaleza que va desde la representación geométrica hacia la abstracción metafísica.masoneria_escaleras
Es filantrópica porque practica el altruismo y no está inspirada en la búsqueda de lucros personales. Sus esfuerzos están dedicados al progreso y felicidad de la especie humana, sin distinción de nacionalidad, raza, sexo ni religión. Es progresista pues enseña y practica la solidaridad humana y la libertad de pensamiento. Tiene por objeto la búsqueda de la verdad, desecha el fanatismo y aborda sin prejuicios todos los nuevos aportes de la invención humana, estudia la moral universal y cultiva las ciencias y las artes y no pone obstáculo alguno en la investigación de la verdad.
Los Masones: constructores de piedras: Este movimiento es considerado como la orden más grandiosa que alcanzó niveles mundiales. Al principio, las cofradías masónicas se limitaban a los trabajadores, que compartían sus secretos, mediciones, técnicas, etc.talla masonica

No obstante, cuando la Reforma Protestante, sobre todo en Inglaterra, estas fraternidades empezaron a aceptar hombres provenientes de sectores altos de la sociedad.
La construcción de una iglesia, un palacio o un edificio público podía durar décadas, tiempo que permitía a los albañiles establecer sólidos vínculos de amistad con sus compañeros. Cada gremio exigía a sus miembros a aceptar la autoridad de un gran maestro situado en el vértice superior de una sólida escala jerárquica.

La cofradía acogía tanto a los canteros, que convertían la piedra bruta en sillares como a los artistas que tallaban las esculturas y a los arquitectos que proyectaban la obra. El aspirante a ingresar en el gremio debía demostrar que su vida discurría de acuerdo con la virtud y las buenas costumbres, que era fiel a su esposa y cumplía con los deberes de su religión.
Tras ser admitido mediante una ceremonia ritual, el candidato se convertía en aprendiz quedando a cargo de un maestro que le enseñaba los secretos de la profesión hasta considerarlo apto para su ascenso a compañero, grado intermedio en la jerarquía de la logia. El año de 1717 dio lugar a la “Gran Logia” para Londres y Westminster, fruto de la unión de cuatro cofradías situadas en la capital inglesa. Seis años más tarde se conocería con el nombre de “Gran Logia de Inglaterra”.
Esta logia se convirtió en la predecesora de todas las uniones masónicas, y de ella surgieron las otras reconocidas. En 1725 se fundó la “Gran Logia de Toda Inglaterra” en York; y en junio del mismo año se creó en Irlanda, y al año siguiente en Escocia.

La masonería o francmasonería II
Publicado el 21 de enero del 2016 – 12:17 pm por Aida Trujillo Ricart

salomo4Parece ser que el Templo del Rey Salomón fue la obra arquitectónica más importante de la época. Los secretos tales como utensilios, herramientas, vocablos, propios de la construcción, son hoy parte de la Masonería Moderna, la cual ha cambiado, con el transcurso del tiempo, como es lógico.
Existe una leyenda negra sobre algo acaecido por entonces.
Según una versión de esta leyenda, Hiram Abif fue un hábil artesano enviado desde la región de Tiro para trabajar en la construcción del espléndido templo. Se convirtió en el único conocedor de los secretos de los maestros masones, entre los cuales se hallaba la palabra secreta masónica: el nombre oculto de Dios.hiram2
Se dice que, llegado el mediodía, el arquitecto tenía la costumbre de ir al Sancta Sanctorum para orar a Yahvé y planificar las obras del día siguiente. Mas, uno de esos días, al concluir sus oraciones, se topó con el brusco final de sus días. Cuando iba saliendo por la puerta sur, Jubela, uno de sus aprendices, le cerró el paso armado con una regla vertical.
Le conminó a que le revelara sus secretos.

Pero Abif contestó que sólo tres personas en el mundo los conocían y sin su consentimiento no podía divulgarlos. Jubela enarboló la regla y asestó un golpe en la sien derecha a su maestro. Allí estaba Jubelo, otro de sus aprendices, quien le propinó un golpe en la sien izquierda.
Perdiendo grandes cantidades de sangre, Abif llegó a duras penas a la puerta oriental donde fue rematado por Jubelum, que usó una gran maza de piedra para aplastarle la frente.
Los asesinos tuvieron que ocultar el cadáver de Abif para evitar la ira del rey Salomón y escapar del país.
Al llegar la medianoche lo trasladaron a la cima de una colina para enterrarlo. Pero no tuvieron éxito ya que no consiguieron que ningún barco los sacara del país y tuvieron que refugiarse en los montes.
La ausencia de Abif llegó a oídos del rey Salomón que mandó a buscarle.

La verdad afloró enseguida gracias al testimonio de doce trabajadores del templo que confesaron que ellos y otros tres más, Jubela, Jubelo y Jubelum, habían conspirado para arrancar los secretos masónicos a su maestro. Agradecido por su honestidad, el rey los envió a buscar el cuerpo de Hiram y, tras varias semanas los obreros dieron con sus restos. Pero no pudieron levantar el cadáver.

el rey salomonEntonces el propio Salomón fue al lugar donde yacía Abif para alzarlo con el “apretón de manos de un Maestro Masón” del Tercer Grado. Y no sólo pudo levantar el cuerpo, sino que sorprendentemente la vida regresó a él.
La primera palabra que Abif pronunció fue recogida por los masones y desde entonces ha sido trasmitida de generación en generación.

La tradición ocultista afirma que saber el nombre de Dios equivale a poseer su poderío. De ahí que se sospechara que Abif manejaba el de Yahvé y que por ello poseyera muchos otros secretos.

Acerca de los tres primeros grados de la masonería, los investigadores británicos Christopher Knight y Robert Lomas dicen en su libro “La clave masónica”: El personaje central de la masonería libre es el constructor del templo de Salomón, Hiram Abif, que fue asesinado por tres de sus propios hombres. Su estilizada muerte y resurrección es el hecho que le convirtió en “Maestro Masón”. (continuará)

octubre 4, 2012

Publicaciones en el periódico El Nacional, Aceptar a los demás como son, versión ampliada

1 Octubre 2012, 11:28 AM

Vivencias cotidianas de allí y aqui

Escrito por: Aida Trujillo Ricart         (https://aidatrujillo.wordpress.com/)

Aceptar a los demás como son

Este es uno de los grandes retos que nos impone la vida pues resulta muy difícil aceptar a los demás cuando su comportamiento no se ajusta a nuestro modo de pensar y de sentir. Pero, como también es una elección, el poder llegar a ello supone un auténtico camino a la plena libertad personal.

Sin embargo hay que tener la precaución de no caer en una mentira que nos perjudique. Cuando uno sienta que, para mantener el cariño de otra persona, tiene que renunciar a su esencia, e incluso rogar y sufrir innecesariamente, es mejor retirarse a tiempo.

Habría que meditar sobre el hecho de si se quiere a esa persona, en concreto, o a un ídolo forjado en nuestra mente. Para poder amar a los demás, tenemos que aprender a amarnos a nosotros mismos, sin caer en el egoísmo, algo muy diferente al auténtico amor.

El aceptar a los demás no implica el entregarles nuestro Poder Superior. Cuando tomamos las riendas de nuestra vida, impidiendo que nos afecte lo que el otro sienta, piense o haga, recibimos una gran lección que, aunque en un principio pueda resultar dolorosa, después nos resultará muy beneficiosa.

Esto lo voy aprendiendo, poco a poco, pero no siempre lo consigo, lamentablemente. Se necesita mucha práctica y fuerza de voluntad para lograrlo.

Pero, a través de mis experiencias, me he dado cuenta, cada vez con más frecuencia de que, cuando mi forma de sentirme, mi buen o mal humor, dependen de otra persona, le estoy entregando ese inmenso Poder Superior de mi Espíritu.

Se puede complacer, en múltiples ocasiones,  a los demás pero, repito, hay que ser cauteloso/a y saber diferenciar si únicamente estamos buscando la búsqueda de reconocimiento, de amor y de aceptación, lo que lo convierte en una insana necesidad.

Si complaciendo a los demás me olvido de mis propios deseos y dejo de escuchar lo que anhelo, a menos que sea por motivos auténticamente altruistas, y no por temor a no ser amado y aceptado, no estoy haciendo el bien a nadie.

Las personas creyentes saben que, según dicen las Escrituras, Dios decretó, en sus mandamientos, “Ama a tu prójimo como a ti mismo”. A pesar de todas las versiones que he llegado a leer, no he encontrado ninguna que dijese “…más que a ti mismo”. Esto es algo que, a lo largo de mi paso por la vida, me ha hecho meditar en más de una ocasión.

En términos generales, es nuestro deseo el querer mantener todo bajo control, que es lo que  realmente nos afecta, muchas veces sin percatarnos de ello. Y, obviamente, cuando alguien no responde a ese “control”, nos sentimos vulnerables y heridos, con las consecuencias que eso conlleva.

Entonces culpamos al otro por no ser como esperábamos.

Es, por lo tanto, muy importante el que entendamos que nuestro personal sistema de valores no es una regla que rige ni tiene que “gobernar” al resto de los seres humanos, y viceversa.

Lo realmente trascendental es que seamos coherentes con lo que creemos y dejar que los demás actúen del mismo modo y se rijan por su propia escala de valores.

Sería bueno también el saber agradecer las diferencias existentes entre los distintos criterios de las personas ya que, de ese modo, podremos compararlas y aprender de ellas.

El cegarnos, que es lo que se suele hacer cuando comienza cualquier relación, no nos  conduce a nada. Hay que intentar que “el amor no sea ciego”, en ningún caso.  Eso significa el aceptar, aunque no nos guste, sin intentar modificar, ni manipular a nadie.  ¡Y viceversa también!

Ese es el afecto auténtico; aquel que reconoce la luz del otro aun conociendo su “parte oscura” y que, a pesar de ello, a pesar de no comulgar con sus ideas, se mantiene firme dentro de nuestra alma.

El amor verdadero no es ciego, al contrario, y nunca nos “fallará”.

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