Aída Trujillo

septiembre 5, 2012

Publicaciones en el periódico El Nacional, Cumplí 60 años, versión ampliada

24 Agosto 2012, 11:42 AM

Vivencias cotidianas de allí y aqui

Escrito, el 22 de agosto, por: Aida Trujillo Ricart (https://aidatrujillo.wordpress.com/)

Mañana, 23 de agosto, cumpliré 60 años

Si así está dispuesto por el Todopoderoso, mañana será el día en el que habré alcanzado los 60 años caminando por este planeta.

Bueno, en realidad nací casi a medianoche, por eso pertenezco al signo de Virgo, en vez de al de Leo, como otros que nacieron en la misma fecha, pero a otra hora y en otro lugar. Mi ascendente lo tengo en Géminis.

Muchas personas se avergüenzan de cumplir años, sobre todo cuando han llegado, como yo, a la madurez. Es como si, el no ser joven, implicase el no ser atractivos, el haber dejado de resultar interesante, y un sinfín de ideas que nos meten en la cabeza, ayudados por comentarios, por comerciales que nos hablan sobre las delicias de mantenernos jóvenes, por la sociedad, que en tantas ocasiones ha repudiado y repudia a las personas mayores.

Todo ello es harto sabido por todos, en general. Pero seguimos dejándonos arrastrar por esa trivialidad que puede causar el reducir nuestra autoestima y la de otros.

Nací en las afueras de la capital de la República Dominicana, después de, mi pobre madre (q.e.p.d.), haber pasado tres largas y dolorosas jornadas de parto, sin que la anhelada dilatación se manifestase en su total y necesaria presencia. Vi la luz en mi casa, como se estilaba entonces, enfrente del Mar Caribe.

Muchos suponen que, mi llegada a este mundo, fue motivo de celebración para todos y predecían que mi camino iba a ser “de rosas”.

Sin embargo, ya desde el comienzo de mis días en este mundo, fue diferente a lo previsible pues se esperaba a un varón, y no a la que soy, encantada de serlo, una mujer. De modo que ya nací llevando la contraria.

Y, como estoy doctorada en “Rebirthing”, una técnica de respiración y filosofía de la cual les hablaré en otro de mis escritos, mi entrada no fue “triunfal”, cosa que me marcó durante mucho tiempo, de forma inconsciente, y que aún sigue haciéndolo, aunque trabajo mucho mi Yo interior, o procuro hacerlo.

Confieso que no tenía, en absoluto, planeado hablar sobre mi onomástica en el día de hoy pero, al despertarme, sentí el impulso de hacerlo y, como no creo en las casualidades, me puse manos a la obra antes, ni siquiera, de desayunar. Creo que puede serle útil a alguien como, cada vez que escribo, espero que así lo sea.

Muchas personas se entristecen, cuando cumplen mis años, o menos, porque sienten que la juventud se les ha escapado. Otras, como el insigne Pablo Neruda, se limitaron a deleitarnos confesando que “habían vivido”.

Pero, finalmente, la realidad es que, como nos dice en una de sus maravillosas canciones el célebre cantautor y poeta, muy querido por mí y por multitudes, Joan Manuel Serrat, “cada quien es cada cual y baja las escaleras como quiere”, cada uno toma su decisión anímica al cumplir años o al “hacer”.

Les confieso, con toda sinceridad, que lo único que me entristece profundamente es el haber llegado a esta edad y que, el segundo de mis cuatro retoños, Jaime Mª, no haya tenido esa oportunidad. Hubiese dado cualquier cosa porque las cosas fuesen a la inversa. El no sentir su presencia, en este planeta, me duele.

El níspero que sembró mi hijo, Jaime Mª

El níspero que sembró mi hijo, Jaime Mª

Mi hijo sembró, hace ya muchos años, una semilla de níspero (español) que creció hasta convertirse en un árbol que, cada año, da frutos. Cuando lo contemplo, ahora que estoy en Madrid, se me mezclan la alegría y la nostalgia. Pero es bonito el que, el arbolito, todavía esté en la ciudad que le vio nacer.

Aunque sé que él ya está por encima de esas nimiedades con las que, nuestro ego, nos entretiene para impedir que crezcamos espiritualmente.

Por lo demás, a pesar de estar atrapada en un corsé rígido, encargado de sujetar mi espalda, para intentar sanar una vértebra que se me fracturó hace más de dos meses, y habérseme sustraído mi perrito “Chilling”, hace ya casi cuatro, todo está bien.

De hecho, aunque duela, como solía decir Adolfo Domínguez Martínez, mi maestro (q.e.p.d.), de esa espléndida técnica que menciono antes, “Lo mejor es lo que ocurre”.

Libro cuyo autor, Adolfo Domínguez Martínez, mi querido amigo, me regaló hace años

Libro cuyo autor, Adolfo Domínguez Martínez, mi querido amigo, me regaló hace años

Porque ocurre para aprender más y, mejor aún, para saber amar y ayudar más y amarse, también, a sí mismo, aunque sea un poquito más que el año anterior.

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