Aída Trujillo

junio 4, 2012

Publicaciones en el periódico El Nacional, La Ermita de la Virgen de los Remedios de Colmenar Viejo (Madrid)

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1 Junio 2012, 10:54 AM

Imagen de la Virgen de los Remedios

Imagen de la Virgen de los Remedios

Entrada a la Ermita de la Virgen de los Remedios

Entrada a la Ermita de la Virgen de los Remedios

Vivencias cotidianas de allí y aqui

Escrito por: Aida Trujillo Ricart (https://aidatrujillo.wordpress.com/)

 

Ermita de la Virgen de los Remedios, en Colmenar Viejo (Madrid)

 

Ana y Javi Garrosa, mis queridos amigos

Ana y Javi Garrosa, mis queridos amigos

El pasado sábado, día 26 de mayo, para distraerme de mis penas y pesares, unos amigos entrañables, Ana y Javier Garrosa, me invitaron a almorzar y pasear fuera de Madrid.

Estuvimos en Navacerrada, un pueblo que está emplazado en la sierra madrileña, en la Residencia de Militares, en donde degustamos unos “judiones” exquisitos, acompañados de chorizo, tocino y morcilla.

Judiones, un manjar típico castellano

Judiones, un manjar típico castellano

Una delicia que, por puro placer y glotonería, antecedió a un cochinillo asado y unas “natillas”.

Vistas desde la carretera de Navacerrada

Vistas desde la carretera de Navacerrada

Uno de tantos balcones, repletos de flores, en Manzanares

Uno de tantos balcones, repletos de flores, en Manzanares

Castillo de Manzanares El Real

Castillo de Manzanares El Real

Después, nos dirigimos a otro pueblo, Manzanares El Real, famoso por su castillo, muy bien conservado, como podrán comprobar en la foto, en donde dimos un largo y agradable paseo, caminando.

Caminando por Manzanares

Caminando por Manzanares

Sin embargo, a pesar de lo bien que mis amigos hicieron que transcurriese mi sábado, gracias a su amorosa y simpática compañía, no esperaba encontrarme con una hermosa sorpresa: la Ermita de la Virgen de los Remedios, en el término municipal de Colmenar Viejo, una villa cercana a la capital, adonde insistieron que acudiésemos.

Ellos ya la conocían, pero yo no tenía idea de su existencia, como muchos otros, incluso siendo madrileños.

Entrada a la ermita

Entrada a la ermita

Entrada al recinto de la ermita

Entrada al recinto de la ermita

Vista general de la capilla

Vista general de la capilla

A la entrada a la capilla, me senté en uno de sus bancos de madera y permanecí rezando, ante su presencia, un rato, en el que se me llegaron a saltar las lágrimas.

Quedé, además, impresionada por la belleza de la figura de la Virgen, del altar, por la sencilla beldad de su templo y la de su entorno natural.

Mis amigos, y yo, juntitos, en el parking de la Residencia Militar de Navacerrada

Mis amigos, y yo, juntitos, en el parking de la Residencia Militar de Navacerrada

Con la repoblación de Colmenar Viejo, en los restos del primitivo templo, dedicado a San Bartolomé, el pueblo levantó una ermita, inspirados por el propio santo, según se comenta, en donde se incorporó el culto a Nuestra Señora de los Remedios, en 1670.

Importante es, también, tener conocimientos sobre los restos y yacimientos arqueológicos, de gran interés, que confirman la presencia visigoda en la fundación de esa villa.

Los vetustos hallazgos, efectuados en las inmediaciones de la ermita, nos mantienen al tanto de que existieron pequeños núcleos de población, que organizaron esta zona, alrededor del siglo VII d. C.

Tumbas visigodas cercanas a la ermita

Tumbas visigodas cercanas a la ermita

El terreno, en donde está emplazada dicha ermita,  escondía una necrópolis que corresponde, aproximadamente, a los siglos VI y VII. Estos datos los refiere una campaña arqueológica que tuvo lugar en noviembre y diciembre de 1999 y en junio de 2003.

En la actualidad, podemos contemplar, junto al santuario, parte de la arquitectura funeraria de un reducido cementerio, que conserva algunas sepulturas pertenecientes a pequeños panteones familiares. En su interior se inhumaron varias personas fallecidas, acompañadas por un ritual en donde no faltaba la “jarrita funeraria”, una tradición pagana que fue sustituida por un culto religioso.

De igual modo, el área funeraria se agrupó a lo largo de este montículo, en cuya parte superior se levantó un templo, que serviría a cubrir las necesidades espirituales de las comunidades rurales próximas.

Escudo de la Familia Mendoza

Escudo de la Familia Mendoza

El pasado representado por los restos romanos, visigodos y medievales, tocó fin con la presencia de la Familia Mendoza. Colmenar recibió, entonces, el privilegio, de “Villazgo”.  Éste fue otorgado, en el 1504, por el Rey Fernando el Católico, quedando, así, Colmenar, segregado de la jurisdicción de Manzanares El Real.

Así, pues, su papel histórico, expone y justifica buena parte de su herencia patrimonial, su engrandecimiento y auge durante el Renacimiento.  De ahí se deriva su riqueza monumental más relevante, que abarca desde la espléndida Basílica de Nuestra Señora de la Asunción hasta la colección de ermitas situadas en el entorno de la villa.

El Cabildo Parroquial dispuso colocar a la Virgen de los Remedios en esa ermita, por estar enclavada en un lugar céntrico, desde donde se divisan muchos pueblos de la parte meridional del Real de Manzanares. Su fin era fomentar, entre los mismos, peregrinaciones y visitas a la imagen de Nuestra Señora. Su hermoso altar fue adaptado para que sirviese, además de a la tradicional devoción a San Bartolomé, también de asiento a la Virgen.

Hablar de la familia Mendoza es, con mucho, narrar la historia de una de las más importantes familias, ligada íntimamente con la historia de Castilla y de España.

De la notabilidad histórica de Colmenar Viejo, los rasgos que fortifican su encanto turístico son su condición de “capital”, y “Puerta de acceso a la Sierra”, condiciones que se cimientan en el devenir histórico en que Colmenar se vio inmerso.  La villa posee una identidad propia, fruto de un rico legado histórico de siglos, y la acumulación de recursos naturales, culturales y patrimoniales.

La Virgen de los Remedios, vista lateral

La Virgen de los Remedios, vista lateral

De los datos que aportan cierta luz sobre el origen de la devoción a la Virgen de los Remedios, parece ser que, la versión con más sentido, es que nos encontramos ante una de esas imágenes que acompañaban a los ejércitos medievales en sus batallas.  Cuando éstas finalizaban, los Mendoza, Señores del Real de Manzanares y sus contornos, la entregaban a la Parroquia de Colmenar Viejo, por ser la principal de la comarca, para que recibiese el mayor agasajo posible.

La imagen de la Patrona de la villa, es una talla en madera, de estilo románico tardío, y se venera en este hermoso altozano, centrado en un pinar, situado a 4.5 Km. del centro urbano.

De ella, se conservan algunas fotos anteriores al 1914, en las que se puede comprobar que estaba compuesta, únicamente, por un rostro y unas manos, siendo el resto del cuerpo un armazón de madera. Éste se cubría con ricos mantos de tela y, como hemos mencionado, su cabeza lucía una espléndida corona.

En 1914, siendo párroco de Colmenar Viejo don Agustín Ruiz de Villarrubia, se llevó a restaurar la imagen a los Talleres Granda de Madrid. De dicha artística restauración volvió, renovada, la actual efigie.

Hoy existe una Fundación Félix Granda

Hoy existe una Fundación Félix Granda

La rehabilitación también retocó su rostro, aportando su serena belleza, que nos recuerda a las más bellas serranas. Los dibujos de sus vestidos fueron tomados por don Félix Granda de unos restos de casullas del siglo XIII, existentes en Roma.

Don Agustín juró solemnemente, delante del pueblo, que aquella era la imagen de Nuestra Señora de los Remedios. A partir de entonces su culto creció de modo espectacular, hasta nuestros días. Al parecer, carecen de fundamento las versiones acerca de su aparición, ignorándose la fecha exacta en la que el pueblo decidió nombrarla su Patrona.

Su figura, durante la Guerra Civil Española, fue depositada en el Museo de Arte Moderno de Madrid, de donde se recuperó al término de la contienda. Le faltaban, entonces, la corona de oro y pedrería que poseía anteriormente. Sin embargo, existen datos que demuestran que la talla se encontraba oculta bajo el suelo de la ermita.

Cardenal Antonio Mª Rouco Varela

Cardenal Antonio Mª Rouco Varela

En el año 1942 fue declarada, por el Consistorio local, “Alcaldesa de honor de Colmenar Viejo”. A posteriori, fue coronada, canónicamente, por el Cardenal Antonio María Rouco Varela, e1 24 de junio de 2001.

La talla de la Virgen de los Remedios mide tan solo unos 80 cms. de altura.  Está vestida con una túnica y un manto, a modo de capa romana, cerrado con un broche, una toca, que le cae hasta los hombros y rodea su cabeza, y un calzado puntiagudo.

La Virgen de los Remedios vista de frente

La Virgen de los Remedios vista de frente

Se encuentra sentada de frente, en actitud de escucha y diálogo para con sus devotos. Su  Santo Niño, reposa sobre sus rodillas y va vestido de modo semejante al de su Madre, pero con los pies descalzos. A modo de bendición a sus fieles, levanta los dedos índice y medio de la mano derecha, mientras, con la mano izquierda, sostiene un libro que simboliza el Evangelio. Esto es algo propio del siglo XIII pues, en el XII, las imágenes eran más pequeñas y tenían un aspecto rígido.

La conclusión es que nos topamos con una escultura románica, perteneciente a finales del XII o principios del XIII, por tener los caracteres propios de las de esa época. En la parte posterior, tiene una inscripción, en lengua latina, que apunta: “Esta antigua efigie de la Santísima Virgen María de los Remedios, fue restaurada, a instancia de los habitantes de Colmenar Viejo, y dedicada, de nuevo, al culto, el 31 de mayo de 1914.”

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junio 2, 2011

Publicación realizada por Monseñor Ramón Benito De la Rosa y Carpio a Listín Diario, en el 50 aniversario de la muerte de Rafael Leonidas Trujillo Molina, y mi respuesta

                    Puntos de vista 29 Mayo 2011, 10:46 PM

Rafael Leonidas Trujillo Molina

Rafael Leonidas Trujillo Molina

UN MOMENTO

Fin de una era

Monseñor Ramón Benito De la Rosa y Carpio

Monseñor Ramón Benito De la Rosa y Carpio

Mons. Ramón Benito De la Rosa y Carpio

Estudiaba en el seminario, en el año 1961, 21 años de mi existencia, y cuando supimos la noticia de la muerte de Trujillo hicimos fiesta en el seminario. 50 años después, los dominicanos celebran el fin de la Era de Trujillo.

El coche en donde Trujillo fue acribillado

El coche en donde Trujillo fue acribillado

Palacio Nacional de Santo Domingo

Palacio Nacional de Santo Domingo

Sin lugar a dudas, y como acontece con todos los gobernantes de la tierra, nos quedan cosas positivas de Trujillo: ahí está el Palacio Nacional, para poner un simple ejemplo, pero sin lugar a dudas que la Era de Trujillo nos trajo muchos males, no aprendimos a ser democráticos, a vivir en libertad, y todavía pienso que una de las consecuencias que nos dejó Trujillo es esta violencia, esta criminalidad que estamos viviendo actualmente, porque no aprendimos a respetar las leyes libremente, sino porque estábamos obligados en esa época, y porque vivíamos con orden obligados.

Ahora que vivimos en libertad sabemos la importancia de la democracia. Las dictaduras, aunque dejen bienes, hacen también mucho daño.

Ojalá no volvamos atrás y ojalá podamos seguir superando los daños que nos dejó la Era de Trujillo.

Hasta mañana, si Dios, usted y yo lo queremos.

MI RESPUESTA AL LISTÍN DIARIO, ENVIADA EL 2 DE JUNIO DE 2011

(ESPERO QUE SE PUBLIQUE)

Estimado Sr. Franjul:

Me dirijo a usted para responder a un artículo que escribió, en su distinguido diario, nada menos que un sacerdote, en este caso, Monseñor Ramón Benito De la Rosa y Carpio.  No tengo el gusto de conocerle pero sé que es muy querido en nuestro país y que, por lo que he leído, su trayectoria ha sido intachable.

Monseñor De la Rosa y Carpio

Monseñor De la Rosa y Carpio

No quisiera, con esta misiva, herir a ningún creyente ni a nadie.  Si le escribo es porque me sorprendió que, un representante de Jesucristo, fuesen las que fuesen sus ideas político-sociales, afirme, sin ningún pudor (sic):  “Estudiaba en el seminario, en el año 1961, 21 años de mi existencia, y cuando supimos la noticia de la muerte de Trujillo hicimos fiesta en el seminario.”

¿Desde cuando un auténtico católico celebra la muerte de un ser humano?  ¿No nos manda, el V Mandamiento de la Ley de Dios, “No matarás”?  Que yo sepa, no existen excepciones a dicho mandato.  Quizás él, sí lo sepa.

Usted ya conoce sobradamente cual es mi idea sobre las dictaduras pues la he comentado, públicamente, en muchas ocasiones.  Pero, como creo en el fundador de la Iglesia, Jesús de Nazareth, me extrañó y decepcionó su escrito.

Jesús siendo apresado en el Huerto de Getsemaní

Jesús siendo apresado en el Huerto de Getsemaní

Como Monseñor sabe, mejor que usted y que yo, que cuando fueron a prender a Nuestro Señor, ocurrió lo que he copiado de los Evangelios:

“Viendo, pues, los que con Él estaban, lo que ocurría, le preguntaron: «Señor: ¿herimos a cuchillo?» Y sin esperar respuesta, uno de ellos, Simón Pedro, con su brío acostumbrado, desenvainó la espada, e hirió a un siervo del príncipe de los sacerdotes, cuyo nombre era Malco, seccionándole la oreja derecha.

«–¡Basta! –exclamó Jesús. Y, dirigiéndose a Pedro,dijo–: Vuelve tu espada a la vaina, porque todos los que se sirven de la espada, a espada morirán. O ¿piensas que no puedo orar a mi Padre, y me daría ahora más de doce legiones de ángeles? Pero, el cáliz que me dio mi Padre ¿no lo he de beber? Y ¿cómo se cumplirán las Escrituras, según las cuales conviene que así suceda?»

No quiso el Señor que sus enemigos tuvieran que echarle en cara el daño causado a un pobre hombre por sus discípulos; «y tocando la oreja del siervo, le sanó».”

Pintura obra de Francisco de Zurbarán

Pintura obra de Francisco de Zurbarán

No conozco ninguna historia en la que Jesús celebrase el fallecimiento de nadie.  Si Monseñor la conoce, me gustaría que nos la contase.  Otra cosa es sentir alivio por haberse librado de cualquier tipo de dictadura o imposición injusta.

También quiero recordarle, pues por su forma de expresarse parece haberlo olvidado, lo que fue la tristemente famosa “Santa Inquisición”, que de santa no tenía nada.  Tenía pensado hablar de ello en mi columna semanal en El Nacional, curiosamente.  He recabado, pues, bastante información que iré publicando por capítulos, pues la historia es muy larga, muy extensa y… ¡terrible!

Este tribunal eclesiástico fue establecido, como sabemos, para inquirir y castigar los delitos contra la fe. Sus orígenes se encuentran en la persecución de las herejías populares del siglo XII.

Desde sus comienzos hasta su total finalización, acontecieron millones de barbaridades, crímenes y refinadamente rebuscadas torturas pues, al parecer, no fue abolida definitivamente hasta el año 1834.  Muchos siglos dan para mucho.

Instrumentos de tortura de la Santa Inquisición

Instrumentos de tortura de la Santa Inquisición

Tomás de Torquemada

Tomás de Torquemada

Reina Isabel La Católica

Reina Isabel La Católica

Pero, lo que no he encontrado, por más que he investigado, es que la Iglesia celebrase su abolición, ni tampoco el fallecimiento del también tristemente famoso Tomás de Torquemada, el primer gran Inquisidor de España, en el siglo XV, y confesor de la Reina Isabel la Católica.

Quiero recordarle también que, en la época en la que su vocación le llamó a convertirse en sacerdote, Trujillo firmó el Concordato con la Iglesia (año 1954), cuyo Papa era entonces, Pío XII.  Éste bendijo el armamento de Hitler y la Iglesia gobernaba, junto a su dictador, Francisco Franco, en España.

Pío XII junto a Hitler

Pío XII junto a Hitler

Si me equivoco, también le ruego a Monseñor que me lo haga saber, para poder informar bien a mis lectores.  Pero lo de España lo he vivido y sufrido en carne propia y, lo de la unión de Trujillo con la Iglesia, también.

Francisco Franco bajo un palio

Francisco Franco bajo un palio

Estuve presente en ese viaje, aunque aún no había cumplido los dos años de edad, pues fui bautizada por Franco y su señora, Dª Carmen, antes de viajar a Roma.  Mi madre, que era muy católica, conservaba un pergamino con la imagen de Pío XII, en el que bendecía a Trujillo y a su familia.  Al fallecer ella, lo destruí, por la rabia que me producía ver tanta hipocresía.  Ahora me arrepiento de ello pues era un documento bastante valioso.

Los libros, a partir del siglo XVI, debían tener, antes del texto y después de la portada, una serie de páginas, denominadas preliminares, que le daban legalidad a la obra para poder ser leída, comprada y distribuida en el reino español.

Los libros, a partir del siglo XVI, debían tener, antes del texto y después de la portada, una serie de páginas, denominadas preliminares, que le daban legalidad a la obra para poder ser leída, comprada y distribuida en el reino español.

Trujillo junto al Papa Pío XII

Trujillo junto al Papa Pío XII

Monseñor prosigue, en el arriba mencionado artículo (sic): “Ahora que vivimos en libertad sabemos la importancia de la democracia. Las dictaduras, aunque dejen bienes, hacen también mucho daño.  Ojala no volvamos atrás y ojala podamos seguir superando los daños que nos dejó la Era de Trujillo”.

Hace cincuenta años que se supone que se supone que vivimos en democracia.  Que no se me malinterprete.  He afirmado, y sigo haciéndolo, que no creo en dictaduras, ni de derechas ni de izquierdas.  Pero tampoco creo en las religiosas, que pueden llegar a ser aún peores.

Juan Pablo II junto a Fidel Castro

Juan Pablo II junto a Fidel Castro

Juan Pablo II junto a Pinochet

Juan Pablo II junto a Pinochet

Pío XII junto a Mussolini

Pío XII junto a Mussolini

Imagino que en el 1884, cincuenta años después de ser abolida definitivamente la Inquisición, muchísimas personas pensarían lo mismo que Monseñor.  “Ahora que vivimos en libertad, que no nos van a mandar a la hoguera por cualquier cosa (una herejía era fumar tabaco, por ejemplo), que no nos van a torturar por no pensar como ellos quieren, sabemos la importancia que esa abolición tiene. Ojala nunca volvamos atrás y podamos superar los múltiples daños causados por ese malévolo tribunal eclesiástico.”

Señor Franjul, le agradezco su atención y le mando un cordial saludo,

Aída Trujillo Ricart

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