Aída Trujillo

noviembre 6, 2011

Publicaciones en el periódico El Nacional, Hacer la compra en la República Dominicana

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24 Septiembre 2011, 11:26 AM

Vivencias cotidianas de allí y aquí

Escrito por: Aida Trujillo Ricart (https://aidatrujillo.wordpress.com/)

 

Hacer la compra en la República Dominicana

 

 

Desde que en España, en el año 2001, sustituyeron la peseta por el euro, adquirí, sin apenas darme cuenta, una costumbre: empecé a calcular, los nuevos precios, en la moneda caída en desuso.

Aquella era la única manera de enterarme cuánto estaba pagando por lo que quería comprar. Además, siendo agente de seguros, como lo era en la época, la gente seguía solicitándome, las coberturas de los mismos, en pesetas.  Tampoco les estaba resultando, en general, fácil adaptarse al cambio.

Por cierto, desde aquel suceso, el costo de la vida empezó a subir paulatina y fuertemente. En un principio me costó mucho pensar en euros pero, como a casi todo en la vida, uno acaba acostumbrándose.  Esta divisa terminó ganando la batalla, en mi cabeza, y ahora, cuando viajo fuera de Europa, todo lo traduzco, inconscientemente, a ella.

Aunque llevo ya dos años residiendo en nuestro país, sin ser consciente de ello, cuando me fijo en el precio de algo que necesito o deseo adquirir, se pone en marcha mi “calculadora mental” y, sin querer, computo el monto, de pesos a euros.

Uno de los supermercados con mejores precios pero aún así...

Uno de los supermercados con mejores precios pero aún así...

20 pesos dominicanos, en su nuevo y absurdo billete, por increíble que parezca, dado su valor

20 pesos dominicanos, en su nuevo y absurdo billete, por increíble que parezca, dado su valor

En la actualidad, la europea moneda, está a algo más de 52, pero, para no errar, por las fluctuaciones del mercado, suelo calcular que 1 euro equivale a 50 pesos.

He ido percibiendo, en el tiempo transcurrido aquí, lo caro que resulta hacer la compra.

Alimentarse no es un lujo, es una necesidad vital y diaria que no puede postergarse, como si de un capricho se tratase.

Madrid no es una ciudad barata, ni mucho menos. El supermercado que estaba más cercano a mi casa no era de los más caros pero tampoco de los más económicos.  No obstante, al no tener vehículo, por entonces, me resultaba cómodo pues podía dirigirme allí caminando.

Es increíble pero, cuando se pone en marcha esa “calculadora mental” mía, que he mencionado, me doy cuenta de que, por ejemplo, comprar un tarro de mermelada es imposible aquí, si uno no dispone de mucho dinero, pues no es un artículo indispensable.

Adquirir un jugo (zumo), de los que vienen en cartón, cuesta más de un euro, cuando, en el supermercado madrileño del que les he hablado, se pagaban unos 40-45 céntimos por litro.

En diversas ocasiones, en las que el presupuesto no me alcanzaba para comprar carne de res, recurría a surtirme de la de cerdo.  Molida, en trocitos para guisar, en una pieza, para hornear, etc., pues salía bastante más económica, y es sana y deliciosa.

Las alitas de pollo, un alimento del cual, si no nos abastecemos de una cantidad considerable, apenas rinde, podía adquirirlas a 3 euros, algo más de 150 pesos, por un par de kilos. Cada kilo, como saben, equivale a más de dos libras.

Un queso y un jamón decente, en este país, también son alimentos prácticamente intocables. Y, con la única excepción de los víveres y los plátanos o los guineos, los vegetales están “por las nubes”.

Si tenemos que comprar algún producto enlatado, despidámonos de otras cosas pues, su precio, suele ser bastante elevado.

Los productos de limpieza, salvo en raras excepciones, son también más caros que en España.

Todo esto sin contar que, si uno quiere evitar enfermarse, no tiene más remedio que comprar botellones de agua, ya que, la de la llave, el grifo, no es potable.

Y así, un largo etcétera, abusivo, a mi modo de ver.

Existen felizmente y no obstante, en la República Dominicana, algunas alternativas,  como son los llamados “colmados”.

Es verdad que, se encuentren en donde se encuentren, suelen ser más caros.  Pero eso es un hecho que considero normalísimo pues, con sólo llamarles por teléfono, te llevan lo que compres a casa, sin cargo extra.  Y, claro, ¡algo tienen que poder ganarse!

En los colmados, no sólo se puede adquirir, al detalle, un cubito de los que llamamos “Avecrem” (aunque sea de otra marca) en España, y aquí llaman “sopita”, además de muchas otras cosas, cuyas cajas no se suelen abrir para ofrecer una única unidad al cliente.

También se puede pedir una sola “media cajetilla” de cigarrillos, de esas pequeñas, algo que resulta muy cómodo para los fumadores que, si se quedan sin tabaco, suelen tener que salir a la calle con el fin de adquirirlos en el primer bar que encuentren.

Y, estos humildes comercios, no sólo no protestan por ello, sino que se alegran ya que, aunque únicamente compres ese artículo, o la susodicha “sopita”, lógicamente, también los cobran más caros que en las grandes superficies.  Algo increíble pero cierto.

Este es uno de los pocos lujos que está alcance de todos y del que no gozamos allí.  Por lo menos, no en las ciudades grandes.

Pero, cuando hablo de “alternativas”, y perdonen la redundancia, me refiero, sobre todo, a la que tiene más importancia: si hoy no hay dinero para comer, o beber agua de la buena, puedes dejar todo a deber, hasta que cobres o consigas el dinero para pagar.

Todavía, en el mismo corazón de Madrid, existe esa posibilidad, en las tiendecillas de las galerías de alimentación, en las que te conozcan.

Una cosa que llamó mucho mi atención, al principio, cuando llegué a vivir aquí hace algo más de dos años, es que en las farmacias, con la excepción de algunos de ellos, también se venden los medicamentos por unidad.

De hecho, la primera vez que pedí, no recuerdo qué cosa, en uno de estos comercios, y me preguntaron que “cuantas quería”, contesté, “Pues, de momento, creo que me arreglaré con una sola caja”.  La farmacéutica se quedó perpleja, pues no estaba acostumbrada a ello y me explicó.

Con el transcurso del tiempo, al comprobar que la “Salud Pública” del país nada tiene que ver con la española, y que las medicinas son caras, comprendí los motivos de esta forma de proceder.

Si no se hiciera así, a la gran mayoría, le resultaría imposible comprarse ni una simple caja de paracetamol, por muy “genérica” que ésta sea.

Me pregunto, cada vez que voy a hacer la compra, para mí que vivo sola, cómo se las arreglarán las familias para poder subsistir.

Los sueldos medios, de esta nuestra república, no están, en absoluto, en concordancia con el precio de la compra alimentaria ni con muchas otras cosas imprescindibles.

Se me rompe el corazón cada vez que veo a alguien consumiendo un plato de arroz blanco, sin nada que le dé un toque de alegre sabor, para no morir de inanición.

 

 

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agosto 29, 2011

Publicaciones en el periódico El Nacional, La parte oscura de las bellezas de nuestro país, primera parte

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Playa de Sosúa, desde el mar

Playa de Sosúa, desde el mar

Vivencias cotidianas de allí y aquí

La parte oscura de las bellezas de nuestro país (I)

Escrito por: Aida Trujillo Ricart (https://aidatrujillo.wordpress.com/)

El pasado sábado, gracias a la grata visita de mi hija, que me llevó en su automóvil, pude deleitarme, al volver a zambullirme, en un delicioso baño de mar, en las transparentes aguas de una playa que mi madre me enseñó a amar: la de Sosúa.

Mi hija Haydée, en el mar, al que ama

Mi hija Haydée, en el mar, al que ama

Aunque sigo estando absorbida por los múltiples arreglos “post mudanza”, el hecho resultó ser muy agradable. En otra ocasión me extenderé en describir la belleza de ese paraje y lo que representa para mí.

En octubre 2010. con "Tomás", el mar estaba enfadado

En octubre 2010. con "Tomás", el mar estaba enfadado

También comentaré los cambios que he percibido que se han producido en ella, la playa de Sosúa, desde que, de adulta, y de las manos de mis primeros tres hijos, la reencontré, allá por el 1983.

A pesar de "Tomás, mi hijo Carlos y mi nuera Mayte, se metieron en el agua

A pesar de "Tomás, mi hijo Carlos y mi nuera Mayte, se metieron en el agua

Sin embargo, el gozo que sentí en un principio, se vio súbitamente truncado  por un inesperado y triste acontecimiento. Uno de tantos que se producen a diario y que parecen ser ignorados por una gran mayoría, que los vive como si de algo natural se tratase.

Mientras ella, mi hija, una amiga suya y yo disfrutábamos del hermoso entorno, sentadas y bien atendidas, apareció un jovencito.  Calculo que tendría menos de veinte años de edad e iba sosteniéndose mediante un par de rudimentarias muletas.

Vestía un pantalón corto que permitía vislumbrar una profunda herida en su pierna derecha. La hendidura era de tal magnitud que dejaba ver, con claridad, la tibia y el peroné.

Como es obvio, entablamos conversación con el chico. Le dimos algo de dinero y le preguntamos lo que le había ocurrido.

Nos dijo que fue atropellado por un vehículo al que ni se le ocurrió detenerse. Esto es algo que ocurre, por desgracia, en todas partes, incluso en lugares supuestamente altamente civilizados; un hecho criminal, indignante y carente de humanidad.

Quise averiguar si se le había llegado a gangrenar parte de la pierna o del pie. El joven respondió negativamente y le dije, entonces, que todavía había esperanzas de salvársela. Añadí que no debía llevar el hueso destapado ya que, aquello, podría ocasionarle una infección que afectaría todo su organismo.

En su caso, se lo habría advertido su médico, era indispensable someterse a un implante de carne sustraída de alguna parte de su propio cuerpo. Una simple sutura no podría sustituir esa intervención pues, el golpe, le había arrancado extensos fragmentos de la misma.

Aunque no me entendió bien, era consciente y estaba resignado a su destino: de todos modos se la iban a amputar. A su familia le es imposible solucionar su terrible problema, dada su precaria condición económica.

Lo más que se puede hacer es cortarle la pierna, evitando así su muerte que, de seguir en ese estado, se produciría más temprano que tarde.  Eso es lo que sucede en este país, aunque no sea necesario, al que carezca de caudales y padezca una enfermedad o sufra un accidente,

Tras referirme su situación, el chiquillo me expuso que,  ya que la pérdida de su extremidad era inexorable, y aunque le hace padecer intensos dolores, había pedido un favor al galeno que le atiende: que le conceda unos días de margen con el fin de poder pedir limosna.

Una limosna que, con tantísimos amputados que pululan por nuestra patria, se reducirá considerablemente desde el momento en el que se le seccione la pierna.

Por supuesto, no me animé a hacerle una fotografía, aunque ahora creo que tenía que haberlo hecho para, de ese modo, denunciar el hecho y pedir ayuda.

Este es uno de los numerosos sucesos que he escuchado y presenciado en el tiempo que llevo viviendo aquí. Son situaciones que me hacen meditar mucho.

No suelo, ni tengo intención, de meterme en temas políticos, pero sí en asuntos humanitarios.

Y me pregunto, con frecuencia, si nuestro país se hará internacionalmente famoso por estar, su población, mutilada en un elevado porcentaje.

Me inquiero también cuantos jóvenes perderán su vida, su salud o su talento en el camino de un progreso del que tanto se habla.

La unión hace la fuerza, reza un conocido dicho.

Unámonos y luchemos por los jóvenes, nuestro futuro. Y también a favor de nuestros mayores, quienes hicieron lo que pudieron, o supieron, para crear y sostener esta nación.

¡ Seamos solidarios con nuestros compatriotas!

 

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