Aída Trujillo

mayo 4, 2010

Basilio Belliard, Director de Gestion Literaria, Coordinador de los Premios Anuales de Literatura de la Secretaria de Estado de Cultura, República Dominicana

Palacio de Bellas Artes, Santo Domingo

Palacio de Bellas Artes, Santo Domingo

Carta a Juan José Ayuso

El pasado 23 de junio  leí en su columna “Al Día” del vespertino “El Nacional” una nota que me sacudió la conciencia, en la que usted califica como un “fraude” la concesión del Premio Nacional de Novela a Aída Trujillo por su obra A la sombra de mi abuelo. Lo primero que debo decirle es que un fraude es un delito y de ello usted acusa a la editorial Norma y/o Aída Trujillo por someterla al concurso. Debo decirle que ellos como editorial tienen todo el derecho, igual que cualquier otra editorial que haya publicado un libro de autor dominicano, y hasta donde todos sabemos, Aída Trujillo es dominicana, como usted y como yo. Nosotros como administradores del certamen estamos en la absoluta libertad y derecho de aceptar todo libro de los géneros a los que convocamos porque no hay censuras para los temas, ni para los autores nacionales. Los temas son libres, así como las formas artísticas, según lo establecen las bases del concurso (Art.9), por lo tanto no había ninguna razón para impedir que el libro participara del certamen. De hacerlo hubiéramos caído en la ilegalidad y la arbitrariedad, que tanta sangre, sudor y lágrima nos ha costado a los dominicanos erradicar del seno de nuestra sociedad. Tampoco podíamos recibirlo y luego secuestrarlo para no enviárselo a los jurados porque cada participante llena una aplicación al momento de inscribir su obra inédita o publicada. De igual modo, el jurado no cometió ningún fraude porque ellos son escogidos para premiar una obra y descartar el resto. Entonces, ¿dónde está el fraude? Tampoco ningunos de los jurados está vinculado al grupo editorial Norma, entidad que publicó el libro, como se ha querido decir. 

Usted dice que se trata de un “relato novelado”. Hasta donde yo sé ese género no está contemplado en la convocatoria que hacemos cada año. Para sus conocimientos y fines de lugar, y por si no lo sabe, los géneros de los Premios Anuales de Literatura son: novela, cuento, teatro, poesía, literatura infanto-juvenil, historia y ensayo. Debo decirle que A la sombra de mi abuelo fue sometida por la editorial Norma como novela, porque así lo entendieron ellos y así se la enviamos a los jurados. Por si no los sabe, en una novela cabe el ensayo, el relato, la poesía, la historia, la autobiografía, la memoria, el teatro…todo, pues es un cajón de sastre, y más aún en la época actual. Si no es así, ¿qué son Rayuela, Paradiso, La búsqueda del tiempo perdido, Ulises, etc.? Yo no debo defender la novela ni a los jurados, pero sí este premio que administramos con absoluta transparencia, buena fe y profesionalidad, y donde no hay la menor interferencia en las decisiones de los jurados, quienes hacen su trabajo con total libertad y soberanía. Y ahora más que nunca quedó demostrado que, ni el Secretario de Cultura ni un servidor, actuamos con criterios personales para premiar determinado autor (a) o libro, ni mucho menos intervenimos en las decisiones de los jurados porque no tenemos derecho ni a voz ni a voto, ni participamos de las deliberaciones. Tampoco damos a conocer los miembros de los jurados, sino cuando se dan a conocer los ganadores, contrario a como se hacía en el pasado, así como tampoco nadie puede decir que por parte de los organizadores del concurso se divulgaron previamente los nombres de los galardonados.

Yo leí la novela y puedo hablar, pero no debo hacerlo para evitar malentendidos, y por razones éticas y técnicas, debo mantener distancia y evitar opinar sobre ella. Sí debo decirle que muchos intelectuales no la han leído y opinan movidos por intereses políticos, envidia, mala fe y resentimiento. Y algunos han subordinado su formación intelectual y aun su conocimiento de la novela y la teoría de la novela, con el propósito de enturbiar el premio o para desconocer a la autora y su obra. Con la intolerancia y la arbitrariedad le hacemos un “flaco servicio” a la causa por la que lucharon nuestros héroes y mártires en el camino de la libertad. No hay fraude cuando se actúa apegamos a los principios de las reglas de un concurso ni cuando se respeta la decisión de un jurado calificador ni cuando se acepta que una obra literaria participe de un certamen, cuyas bases no prohíban. Para descalificar un premio y a sus organizadores por una decisión de un jurado hay que conocer las bases del mismo, conocer la obra premiada y los procedimientos de admisión de las obras. Usted se pregunta ¿por qué extranjeros para un concurso nacional? Mi respuesta es: porque son los mismos autores dominicanos los que no confían en sus autores como jurados. Además había por años un clamor generalizado de que había que utilizar los servicios de jurados extranjeros para evitar el tráfico de influencias y los cabildeos y para darles mayor legitimidad y transparencia a los veredictos de los jurados. Si usted observa, sólo en historia los jurados son exclusivamente dominicanos porque se trata de obras sobre temas nacionales. Debo decirle que una obra de ficción (poesía, novela, cuento o teatro) perfectamente puede ser evaluada por un jurado extranjero porque una obra literaria es universal y sus valores trascienden lo local. En otros países, por si no lo sabe, se hace lo mismo. Al contrario, más que desayudar, ayuda a difundir nuestras letras y a colocar nuestros autores bajo el tamiz del juicio de expertos extranjeros. En novela, los jurados internacionales Jorge Volpi y Manlio Argueta, lejos de desacreditar el premio, lo prestigian y enaltecen, debido a su prestigio, fama y calidad de su obra.

Espero que estas precisiones no se malinterpreten. Simplemente se las hago en razón de que soy y he sido el responsable de administrar estos premios con absoluto celo, transparencia y profesionalidad, y porque me dolió leer en su artículo la palabra “fraude”, que nos trae tantos malos recuerdos para el proceso democrático del país.  Mi conciencia está tranquila porque he cumplido con un deber institucional e histórico muy difícil, pero que me ha dado también muchas satisfacciones del deber cumplido. Que quede claro: la Secretaría de Cultura sólo administra los premios. Quienes otorgan los premios son los jurados, y cuya decisión es soberana e inapelable. Y eso ha hecho esta Secretaría de Estado.     

Atentamente.

Basilio Belliard

Director de Gestión Literaria

mayo 2, 2010

Manlio Argueta, escritor, Jurado del Premio Nacional de Novela 2009, Manuel de Jesús Galván, República Dominicana

Manlio Argueta

Manlio Argueta

Las declaraciones de Manlio Argueta, escritor y jurado en esta ocasión, tras habérsele concedido el Premio Nacional de Novela de República Dominicana al libro “A la sombra de mi abuelo”, fueron las siguientes:

–         El escritor salvadoreño, también de mucho prestigio y de militancia izquierdista, deja abierta la posibilidad de tomar “alguna medida sabia” que no ofenda ni al escritor, ni al jurado, ni los sentimientos de quienes sienten las heridas”, aun cuando no especifica si se pretende modificar el veredicto.

“Soy de un país donde hubo una guerra que, por lo que tuvo de sucia, murieron miles en condiciones deleznables que no puedo describir para no hacer vomitar al lector, pero les doy una pista: aquí no hubo prisioneros políticos, la persona civil capturada bajo sospechas era desaparecida y ni sus mismos familiares podían acudir a honrar sus restos bajo el peligro de muerte. Nuestra historia ha sido así desde la independencia en 1821. En 1932 hubo una masacre campesina que sobrepasó los 30 mil muertos. En fin, toda una historia de carnicería”, señaló Argueta.

Agregó que, sin embargo,  “en este fecha que elaboro estas notas, el partido que representó a la guerrilla, está recibiendo el poder de parte de su principal contendiente en la guerra”.

Argueta dijo que  “Estoy en una situación como si me estuviera entrometiendo en las emociones y sentimientos de los dominicanos, en sus acciones políticas, lo cual no deseo. Quisimos calificar una obra literaria. Muchas de las obras, casi el cien por ciento, eran políticas y casi el 90% se referían a la dictadura del trujillismo. No puedo hablar por los jurados, ni fijar una posición al margen de ellos. Necesitamos reflexionar y sobre todo dar un apoyo a quienes organizan el certamen sin culpa por la decisión de los jurados.”

 Explica que, como jurado, se valoró el aporte literario. “La obra ganadora no pondera ni justifica la dictadura, es un libro con mucha emoción, expresa todas las dificultades que pasó una joven por tener un abuelo que ella no había escogido.”

Detalla que nadie escoge a sus progenitores. “Sería interesante conocer los sentimientos de un descendiente de los grandes dictadores democráticos y no democráticos que ha tenido la historia de la humanidad. Puede ser ofensivo al principio, pero al fin se convierte en parte de la historia. Aunque el libro premiado no es necesariamente una obra histórica, es una novela autobiográfica de la autora, la nieta de Trujillo. Habría que reflexionar si acaso se debe cobrar la cuenta a los descendientes de alguien que atentó contra la vida de miles”.

BIOGRAFÍA:

Novelista y poeta. Nació en San Miguel, El Salvador, 1935. Terminó sus estudios de doctorado en Jurisprudencia y Ciencias Sociales, Universidad de El Salvador, donde se destacó como fundador del Circulo Literario Universitario, 1956, una de las promociones literarias más prestigiosas en su país, que formó parte de la Generación Comprometida, de gran reconocimiento literario. Hijo de Adelina Argueta y Julio Cañas.

Ha sido editor y profesor universitario en Costa Rica, Estados Unidos y El Salvador. Fue Director de la Editorial Universitaria Centroamericana (EDUCA), Costa Rica, así como jefe de producción. Fundador y Director de la Editorial Marca, San José, Costa Rica. Trabajó como editor en otras tres editoriales de Costa Rica.

Ha sido dos veces Director de la Editorial Universitaria de la Universidad de El Salvador (1971-72 y 1994-95). Director co-fundador de la Revista Pájara Pinta y Director de Revista Universidad, Director de la Librería Universitaria (1995-96). Fue Secretario de Comunicaciones (1994-95) y Director de Relaciones Nacionales e Internacionales de esa misma Universidad (1996-2000), donde impulsa el proyecto para la construcción de la villa Olímpica en la Universidad de el Salvador, 1999.

Vivió en Costa Rica desde 1972 a 1993, donde fue profesor por ocho años de la Universidad de Costa Rica (Cátedra Apreciación Artística) y dos años de la Universidad Nacional, Heredia (Talleres Libres de Poesía y Cuento). Fue fundador y por diez años Presidente de la ONG Instituto Cultural Costarricense-Salvadoreño donde hizo labor de intercambio artístico centroamericano y Europa.

A partir del año 2000 es Director de la Biblioteca Nacional de El Salvador, CONCULTURA, San Salvador.

abril 25, 2010

Jorge Volpi, escritor, Jurado del Premio Nacional de Novela de República Dominicana 2009

Jorge Volpi

Jorge Volpi

Jorge Volpi fue un miembro del Jurado que otorgó el Premio Nacional de Novela al libro “A la sombra de mi abuelo”.

Tras las críticas, presiones y oposiciones políticas recibidas se hicieron varias publicaciones:

–          El ensayista y novelista mexicano, considerado entre los tres mejores narradores contemporáneos,  aseguró que hasta el momento no ha tenido ninguna comunicación oficial por parte de los organizadores del premio, aunque se ha enterado por informaciones que circulan en la red.

“Mi posición es muy simple: de entre los libros que llegaron a nosotros como miembros del jurado, el premiado era el mejor en términos estrictamente novelísticos”, indica Volpi.  Y agrega: “Insisto: de entre las obras que se nos presentaron, la de Aída Trujillo era la mejor desde un punto de vista novelístico, mi único criterio a la hora de premiarla. De entre las novelas que nos llegaron, era la que mejor definía a sus personajes, la que tenía una mejor arquitectura y una narración más fluida”.

–          Explica que como jurado que ha sido en diversos concursos internacionales, nunca antes había enfrentado una reacción como ésta.

“Es evidente que esta novela, en buena medida autobiográfica, no podía resultar inocente u objetiva a la hora de tratar la “Era Trujillo”. Su autora se encuentra muy involucrada con lo que narra. Pero el juicio para premiarla no tenía que ver con su calidad moral –que a nosotros no nos correspondía juzgar– sino con su tratamiento novelístico. El premio es para la novela, no para su autora. Y desde luego el premio no debe interpretarse como una reivindicación de la figura de Trujillo”, apunta el reconocido escritor.

Biografía

Jorge Volpi (México, 1968) Es licenciado en Derecho y maestro en Letras Mexicanas por la UNAM y doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Salamanca.

 Es autor de varias novelas, como son, A pesar del oscuro silencio (Joaquín Mortiz, 1992; Planeta, 2000), Días de ira, en el volumen Tres bosquejos del mal (Siglo XXI, 1994; Muchnik Editores, 2000), La paz de los sepulcros (Aldus, 1995; Seix Barral, 2007), El temperamento melancólico (Nueva Imagen, 1996; Seix Barral, 2004) Sanar tu piel amarga (Nueva Imagen, 1997; Algaida, 2004) y El juego del Apocalipsis (DeBolsillo, 2000).  También lo es  los ensayos La imaginación y el poder. Una historia intelectual de 1968 (Editorial Era, 1998) y La guerra y las palabras, Una historia del alzamiento zapatista (Editorial Era en México y Seix Barral en España, 2004).

En 1999 obtuvo el Premio Biblioteca Breve por su novela En busca de Klingsor (Seix Barral, 1999), con la cual inició una “Trilogía del siglo XX”, y de la cual se han publicado ediciones en veintisiete idiomas y más de treinta países. En 2004 publicó la segunda parte de la trilogía, El fin de la locura (Seix Barral) y en 2006 la última parte, No será la Tierra (Alfaguara).

Ha sido profesor en las Universidades de Emory, Cornell y Las Américas de Puebla y ha dado conferencias numerosas instituciones educativas en México, Europa, América Latina y Asia. Fue miembro del Sistema Nacional de Creadores de México y becario de la Fundación John S. Guggenheim. Actualmente es director del Canal 22, televisión cultural del Estado mexicano.

abril 9, 2010

Premio Nacional de Novela Manuel de Jesús Galván, República Dominicana

Veredicto: Los jurados del Concurso de Novela de la República Dominicana, los escritores Roberto Marcallé Abreu, Jorge Volpi y Manlio Argueta, desean expresar que, tras analizar las obras presentadas a este evento, acordamos conceder por unanimidad el Premio Único a la obra “A la sombra de mi abuelo”, cuya autora es Aída Trujillo.

El jurado considera que la mayor parte de las novelas recibidas está relacionada con hechos de la historia del país como una aspiración de fijar en la memoria histórica momentos fundamentales por los que ha transitado la República Dominicana y en el contexto de una línea que han cultivado y cultivan novelistas de reconocimiento universal.

Este jurado desea manifestar que “A la sombra de mi abuelo” es una obra en la que su autora revela traumas, obsesiones y estigmas derivados de su condición de nieta de Trujillo. La exposición es tan abrumadora que la autora siente la necesidad perentoria de expresarse en tercera persona.

Sus páginas, que pueden leerse en el marco de lo que Norman Mailer y Truman Capote consideran novelas de la realidad, descubren un espíritu atormentado que se afana por desasirse de actitudes apasionadas o emocionales con el deseo de evaluar de manera fría y objetiva los eventos que se produjeron durante los gobiernos en los que su abuelo manejó con mano férrea e implacable los destinos del país.

Deseamos manifestar que la vigorosa negación y el rechazo indeclinable a aspectos censurables de ese ejercicio de Gobierno de una persona vinculada por lazos de sangre a sus más encumbrados responsables, es un notable acto de valentía.

El texto, en su conjunto, está estructurado de manera sugerente y esclarecedora por lo que pasará a ser referencia importante para conocer o vislumbrar hechos y circunstancias cuyo sesgo trágico seguirá vigente por mucho tiempo en la conciencia de los dominicanos.

“A la sombra de mi abuelo” mantiene un equilibrio imparcial entre realidad y ficción. Ambientes y personajes están elaborados a conciencia y se arroja luz sobre situaciones hasta ahora desconocidas. La anécdota se desarrolla sin mayores tropiezos. El texto en su totalidad es aleccionador y trascendente.

marzo 25, 2010

Roberto Marcallé Abreu, escritor, jurado del Premio Nacional de Novela de Republica Dominicana

Santo Domingo.- El escritor Roberto Marcallé Abreu, uno de los tres integrantes del jurado que otorgó el premio de literatura a la novela “A la sombra de mi abuelo”, escrito por Aída Trujillo, rechazó ayer las críticas a la decisión y defendió las actuaciones, capacidad e independencia del jurado.El también Premio Nacional de Literatura atribuyó los comentarios en contra de la selección por parte de escritores y organizaciones patrióticas a que la figura de Trujillo sigue viva en el alma nacional y se presta a polémicas.

Señaló, además, que el texto de Aída Trujillo no era el único de los 14 presentados que se refería a la persistente presencia en el espíritu nacional, del paso de su abuelo por el poder y su dictadura de 30 años. “En la mayoría de las obras estudiadas, quizás 12 del total de 14, la personalidad de El jefe es como un espectro que planea –y lo sigue haciendo– sobre la vida de los dominicanos”, afirmó.

También es de la opinión que la mayoría de los comentarios se originan en el desconocimiento del texto premiado.

Manifestó que la obra pertenece a la categoría de novela, en contradicción con la afirmación de varios escritores.

Tampoco “A la sombra de mi abuelo” es una apología, enfatizó. “No es un escrito en el que se defienda las maldades y perversidades del régimen de Trujillo”, dijo.

Narrador y periodista. Nació en Santo domingo, el 30 de mayo de 1948. Durante muchos años ha desarrollado una activa labor periodística en distintos medios de comunicación, tanto en el país como en el exterior, distinguiéndose por sus trabajos de investigación sobre la realidad social dominicana. Desde muy joven se distinguió por su participación en concursos literarios celebrados en el país, habiendo obtenido premios y menciones en poesía, cuento y novela. En 1979 fue galardonado con el Premio Nacional de Novela con Cinco bailadores sobre la tumba caliente del licenciado. En 1999 obtuvo el Premio Anual de Novela con Las siempre insólitas cartas del destino.

Obras publicadas

Las dos muertes de José Inirio (1972), El minúsculo infierno del Señor Lukas (1973), Sábado de sol después de las lluvias (1978), Cinco bailadores sobre la tumba caliente del licenciado (1978), Espera de penumbras en el viejo bar (1980), La comunidad dominicana en el exterior: El desarrollo de la década (1986), Esas oscuras presencias de todos los días (1998), Las siempre insólitas cartas del destino (1999), Sobre aves negras cortes de media luna y lágrimas de sangre (2002), Contrariedades y tribulaciones en la mezquina existencia del señor Manfredo Pemberton (2007).

 

marzo 24, 2010

Paul Rivero, escritor, opina sobre Aída Trujillo, “Una discipula de Proust en la familia de Trujillo”

DIARIO LIBRE|RAUL RIVERO

Una discípula de Proust en la familia de Trujillo

  • 06.06.2009

>Jueves

Árbol y después bosque

Conocí a un poeta que, cuando murió su madre, le escribió una elegía en décimas. Un poema enorme, espiritual, de quintillas cerradas, en el que prometía reencontrarse con ella una mañana clara en un lugar de la primavera. El jefe de uno de aquellos partidos estalinistas empotrados en América le reprochó al escritor la forma subjetiva, inmaterial y desesperada que usaba -un hombre de izquierdas como él- en ese trance. El autor le respondió: «Señor, a mi madre yo la recuerdo como me da la gana».

Pues sí. Yo creo que ni las ideologías, ni el miedo, ni los compromisos comerciales, ninguna de las prótesis que se usan para andar por la vida, pueden interferir en los asuntos familiares, en los sentimientos y, mucho menos, en la memoria, ese reino de neblinas, imprecisiones y extravagancias donde todos los hombres controlan el tiempo, violan la ley de la gravedad y viven como dioses unos pocos segundos de las noches inmensas.

Todo esto viene a cuento porque en República Dominicana ha vuelto salir, como una exhalación, el tricornio de Rafael Leónidas Trujillo. Recorre pueblos, valles y montañas en las páginas de una novela escrita por la nieta del dictador, Aída Trujillo Ricart, una mujer de 54 años residente en España.

El libro se titula A la sombra de mi abuelo y acaba de recibir el Premio Manuel de Jesús Galván que entrega el Ministerio de Cultura.

Para algunos críticos y para personas emparentadas con víctimas de Trujillo, que gobernó esa nación como una finca o un cuartel durante 31 años (1930-1961), la obra no da la talla artística y enaltece la figura de uno de los numerosos payasos armados que insultaron con su espadón y su megalomanía el siglo XX americano.

El historiador Franklin Franco Pichardo, que de muy joven tuvo que salir al exilio perseguido por la policía trujillista, dijo a la prensa que el libro sobre el dictador deshonra el Premio Manuel de Jesús Galván y carece de calidad literaria.

A la sombra de mi abuelo compitió con otros 13 libros. El jurado estuvo integrado por los escritores Jorge Volpi, de México; Manlio Argueta, de El Salvador, y el dominicano Roberto Marcallé Abreu.

El ministro de Cultura, José Rafael Lantigua, tampoco está feliz con el galardón para la nieta de Trujillo, pero pidió comprensión a los sectores soliviantados porque el tribunal que juzgó las obras actuó con plena libertad.

Marcallé Abreu, quizás el más cuestionado de los jurados, dijo que el libro tiene algunas deficiencias técnicas, pero que narra un increíble drama humano.

No se trata de un apología de Trujillo, dijo el escritor, que llamó a los detractores de la obra a leerla con detenimiento. Se trata, más bien, de «una amarga situación que ella [la autora] ha sobrellevado de una manera muy sufrida toda la vida».

Las declaraciones de Marcallé Abreu no han impedido que dos dominicanos considerados héroes nacionales y siete organizaciones patrióticas hayan publicado un documento en el que recuerdan que durante el mandato de Trujillo fueron asesinados 35.000 dominicanos y otros 55.000 sufrieron cárcel y persecución.

La escritora, Aída Trujillo Ricart, explicó que su intención ha sido dar una perspectiva familiar de su abuelo, «el ser más tierno que la acompañó en su infancia».

En una entrevista concedida en noviembre, la señora Trujillo dijo que el libro es un relato novelado, en el que ha dejado volar la imaginación. «Éste», aclaró, «no es un ensayo de Historia».

Recordó que en varias oportunidades ha pedido perdón a las posibles víctimas directas o indirectas de su abuelo o de su padre, Ramfis Trujillo. «Todos tenemos derecho a tener distintos puntos de vista, por supuesto. Y más cuando, de un modo u otro, hemos sido victimas de una dictadura. Por suerte, hoy en día, tanto en Dominicana como en España vivimos en democracia», añadió.

El escritor mexicano Jorge Volpi dijo que la novela era la mejor de las que se presentaron al concurso. «El premio es para la novela, no para su autora. Y desde luego no debe interpretarse como una reivindicación de la figura de Trujillo».

La Historia es la crónica leal de la vida. La descripción, la copia al carbón de los acontecimientos. Son páginas donde la imaginación no puede (no debe) pervertir la realidad.

La memoria suele ser la evocación de una historia personal recordada y compuesta con libertad.

marzo 22, 2010

A la sombra de mi abuelo, disertación del escritor Odalís G. Pérez

Narración, Fábula y universo de sentido.

“A la sombra de mi abuelo” de Aída Trujillo
Por Odalís G. Pérez

lunes 22 de marzo de 2010, actualizado hace 11 horas, 27 minutos

Leer un universo de sentido a través de la narración y la fábula que le sirve de base, implica algunas operaciones, no solo imaginarias, sino también sociopolíticas y textuales que podemos advertir en un determinado género literario o discursivo. El texto narrativo o específicamente novelesco, transmite registros que se contextualizan en un arqueado de eventos reales o ficticios, pero sobre todo organizados en un eje de escritura, imaginación y fabulación.

Esperar de una novela una respuesta histórica, aun la misma parta de un hecho histórico, o puntualmente político, o respuesta política, significa equivocar el trayecto, la travesía literaria y ficcional de un texto novelesco articulado sobre un modo y un mundo posible de sus personajes y narradores estratégicos.  No debemos olvidar que A la Sombra de mi abuelo (2008) es un texto novelesco basado en un tema que la autora escoge desde un yo encarnado, invertido y desinvertido, posicionalmente narrado desde varias voces implicadas en la red de los veinticuatro ritmemas, inserciones, “tememas” y narratemas que componen y se recomponen en la narratividad de A la sombra de mi abuelo.  (Ed. Norma, Santo Domingo, 2009, 2ªedición).

Debo expresar que lo único que puede ser el texto de Aída Trujillo es novela, tal y como lo precisó el jurado que le otorgó el “Premio de novela 2008”.  Un sondeo a más de 120 lectores realizado por nosotros en un pesquisa sobre dicha novela, nos dice que las opiniones en tal sentido se inclinan inclusive, a favor de la “calidad narrativa” de la novela.  No quiero en este momento entrar en aspectos estructurales de las opiniones de lectores al respecto y en dicha encuesta.  Me basta con saber que los niveles de lecturabilidad del texto en cuestión, se inclinan por dicho género narrativo y por la lógica textual en el orden de un argumentario aparentemente ficcional y testimonial que evoca los varios momentos de la autora, reconocida como personaje y función en la novela.

Es por eso que A la sombra de mi abuelo abre incluso posibilidades de relato en sus “dobletes” actanciales y en sus hilos de conducción narrativa.  Las secuencias se llevan a cabo en un tipo enunciativo revelador de una diégesis y una historia concatenada con sus incidentes o accidentes ficcionales.  El cuadraje por donde circulan personajes como Ramfis Rafael, el doctor Morgan, Aída, Octavia Ricart Martínez, Tantana, Nieves Martínez, Pedro Adolfo Ricart, María Martínez, Dulce la Fiel, Adulación, Perdigón, Luigi, “Tinín”, José Manuel, Chopera, Pepa Martínez, Paloma y otros, se justifican en el trazado imaginario y narrativo de la novela.

Pero lo que no se ha podido advertir en A la sombra de mi abuelo es el “estado de personaje”, encarnado mediante el yo-Aída-personaje y el yo-narrador-narratario que incluye lo que es el territorio presentificado en el relato novelado y sus líneas de articulación expresiva y temática.  Se trata, pues, de un material narrativo donde la autora habla, dice su contenido mediante lo fantasmático de sus eventos-secuencias y tópicos narrativos.

Cada núcleo centrado en la voz direccional de la narradora espacializa, temporaliza y actorializa, en el sentido greimasiano de estos términos, la relación entre forma de la expresión forma del contenido en la novela.  Los diferentes focos que encontramos en los activadores textuales 1, 2, 3 y 4 (ver, pp. 11-68), constituyen planos narrativos donde los predicados funcionales del texto novelesco ayudan a construir el contexto-espacio-mundo, sobre la base de sus líneas morfológicas y propiamente enunciativas, tal como se hace observable en el capítulo VI, a propósito de los actores “Difteria”, “Muerte”, “Rafael”, “Julia” o “María Julia”, “Dolor” y Enfermedad, entre otras.

Los ejes narrativos marcados por las pautas novelescas narrativizan el orden actancial en A la sombra de mi abuelo:

Rafael Leonidas Trujillo Molina contaba con solo cinco años de edad y se debatía entre entre la vida y la muerte.
Difteria era el nombre de la parca y le visitaba a diario con intención de llevárselo de este mundo.
Sus atribulados padres seguían teniendo un pequeño rescoldo de esperanza porque doña Chen, la santera del pueblo, había prometido que vendría a verle.
En el mismo momento en que llegó a la humilde casa, la anciana puso cara de asco cuando vio a Muerte, que vestía sus mejores galas, sentada al lado del chiquillo que miraba hacia otro lado e intentaba ignorarla.
Aquella misma noche y a pesar del cansancio que le invadía, Rafael permaneció despierto, aunque cuando su madre entraba él se hacía el dormido.
De pronto vio como una luz resplandeciente que penetraba por la angosta ventana de su humilde cuartito y que, tras ella, entraba un ser blanco, transparente, y desmesuradamente alto que le dijo…
¡Rafael, soy tu patrono, no tengas miedo!
Todavía no ha llegado la hora de que abandones la tierra.  (Cap. VI, p. 69)

Cada estructura mitográfica y fantástica, produce como elemento integrador y temático, un efecto alegórico y a la vez simbólico importante para reforzar la trama novelesca.  Lo que activa el personaje es justamente aquello que la voz autorial figuraliza en la lectura interna y externa de la novela.  Las líneas de relato, construyen también la travesía de Rafael Leonidas Trujillo Molina en el marco de la fábula-novela y sus trazados complementarios o predicativos:

    “Al cabo de tres días y sus tres noches, el niño abrió los ojos, llamó a su madre y le dijo que tenía hambre.  Julia pensó que su hijo estaba delirando y fue corriendo a despertar a don Pepe, su marido.  Pero Rafael estaba bien despierto, se sentía perfectamente y devoró todo lo que ella le trajo” (ver, p. 70)

Ciertamente, las pautas narrativas y el ritmo narrativo reconocido en la estructura de superficie, son los que hacen de este texto una novela y no historia o testimonio.  Pues el mismo hecho de que la autora utilice el marco testimonial, es que permite o lo hace movilizar desde el punto de vista meramente ficcional, las visiones propias de la novelista y su elección o elecciones particulares.

El arqueado biográfico y por lo mismo temático y narrativo, garantiza una ilocución marcada por sus indicios, tramados y funciones narrativas:

    “José Trujillo, su padre, era extremeño y como tantos otros españoles en la época había emigrado a Dominicana, buscando nuevos horizontes y mejores oportunidades.  Allí conoció a Julia Molina, una joven de estatura pequeña, rasgos bellos y dulces, ligeramente mulatos, muy piadosa, afable y amorosa y que se convertiría, posteriormente en cariñosa madre de sus hijos” (İbídem.)

La determinación de una “cursividad’ narrativa en la novela, desarrolla un campo de producción estético-verbal que enuncia y anuncia la ascendencia familiar de Rafael Leonidas:

    “En San Cristóbal, la ascendencia haitiana de Julia estaba mal vista.  A menudo la mujer se disgustaba con sus convecinos por el trato que daban a algunos de sus hijos, los de piel más oscura, y a ella misma por ese motivo”.  (Ibíd., loc., cit.)

Parecería que la problemática haitiana marcada como epígrafe en el capítulo VI y como secuencia insertada en la página 77, resalta el asesinato, la historia, el relato de “el corte”, llevado a cabo en 1937 por el abuelo de Aída, “y por desgracia” con “el apoyo de muchas compatriotas”.  El relato forma parte del argumento narrativo, equilibrando en el capítulo dos fases o focos de contenido del problema:

1ª fase
    “Muchos de los haitianos que permanecieron indocumentados en Dominicana corrieron peor suerte que sus hermanos.  Por orden de Trujillo y de sus secuaces, miles de ellos fueron asesinados impunemente.  Pero el mandatario intentó convencerse de que aquel genocidio había sido altamente justificado y necesario.  Y, en aquellos momentos, le amparaban su espíritu nacionalista y, por desgracia, el apoyo de muchos compatriotas”

2 ª fase
    “Además, un hecho histórico acontecido a principios del siglo anterior también le animó a cometer aquella terrible matanza.  El emperador de Haití hubo promulgado una orden similar en contra del pueblo dominicano.  La barbarie se produjo durante una ocupación haitiana de la que finalmente la República Dominicana se proclamó vencedora.  El triste suceso parecía tener el poder de aquietar a Trujillo”.

Las dos fases citadas de dos acontecimientos con implicaciones históricas directas, hacen que la novela “ensaye” un Factum del mundo real, documentado también como problemática no solo histórico-política, sino como trasunto ético-ontológico y fantasmático:

    “Trujillo consiguió lo que parecería imposible, y mantuvo buenas relaciones diplomáticas con las autoridades de la República de Haití, gracias a la donación de una importante suma de dinero.  Considerando que la vida de un ser humano no tiene precio, no lo fue tanto.  Gracias al dinero y al poder, que pueden resultar más nocivos que una droga dura, Trujillo soterró durante mucho tiempo el mal sabor que le dejaban algunas de las pesadillas en las que se veía a sí mismo, asqueado, nadando en un mar de sangre.  La sangre de miles de personas de cuya vida él se había adueñado y que, en sueños, venían a reclamarle”.

Al leer este complemento narrativo de las dos fases citadas anteriormente podemos destacar la combinación de dos narratemas o unidades composicionales de relato, también observables en la novela y que producen un efecto de conmutación de código en la escritura.  Se trata del nivel ensayístico y el nivel propiamente narrativo, novelesco, mezclados ambos en un mismo ritmo y movimiento.  El primero asegura el argumento histórico y el segundo el fabulario como posibilidad e invención.

Esta estrategia posicional de la escritura ha llevado a algunos periodistas, críticos y ensayistas a equivocar la lectura de la novela y a plantearse si la misma es testimonio, historia o proselitismo.  Pero el error de este planteamiento y sus aseveraciones erráticas o erróneas, surge de la mala lectura del texto.  En este sentido, la autora le gana el juego a sus “desnutridos” y pobres contrincantes, alímentados solo por el hecho de que el personaje Aída no es la autora, ni mucho menos la nieta de Trujillo, sino más bien el pretexto de la novela.

¿Cómo probar entonces que la novela es historia, testimonio sincero, justificación histórica, defensa del padre, del abuelo, en fin, de la familia Trujillo?  El error de una lectura cuasi “bolchevique”  de la novela A la sombra de mi abuelo, está en la mala formación literaria de sus críticos y sobre todo de la deficiente y tergiversadora mirada política del universo novelesco presentado y narrativizado por la autora.

La relación entre historia y novela no desafirma el universo elegido por un autor o autora de motivos verosímiles o inverosímiles.  Y en este caso, en la República Dominicana el tema de Trujillo y su Era, ha dado lugar a muchos textos mal conformados y astutamente asumidos como política de la interpretación, sin advertir que toda novela histórica o historia novelada es, ante todo, literatura, modalidad de lo imaginario marcado por lo verosímil y lo inverosímil.

La discusión bizantina sobre si A la sombra de mi abuelo es novela o no, historia o novela, desconoce lo que es un género discursivo o enunciativo.  Y así, en la prensa dominicana, a propósito de esta novela, se han generado discusiones de semidoctos que pueban lo poco que en el país se ha trabajado, escrito y publicado sobre teoría de la novela e historia y crítica conceptual.

El texto escrito e inscrito por Aída Trujillo, en este caso, remite a una cardinal temática y narrativa que trasciende la tensión o tensividad existente entre historia y literatura, historia-ficción y verosímil-inverosímil, máxime si se lee atentamente el comienzo mismo de la novela que parece borrado, olvidado, desleído por los críticos o periodistas que participan en el debate sobre dicho texto.

La pauta narrativa es lo que asegura la inscripción de real de dicho texto y escritura:

    “Desde un lugar etéreo y que  después olvidaría para siempre, el alma de Aída decidió encarnarse en las entrañas de Octavia Ricart Martínez.  Nacería en una nueva vida como hija  suya y de su esposo, Rafael Leonidas Trujillo (hijo) más conocido como Ramfis”.  (op. cit. p. 11)

Lo novelesco, lo novelado, lo novelable es lo que como predicamento narrativo de un tópico propuesto, se hace legible en los ritmos de la escritura.  El predicado inicial de dicho narratema se concretiza en la siguiente unidad narrativa:

    “Aída Trujillo Ricart, ocuparía un cuerpo de niña, sano y bien proporcionado, que con los años se convertiría en el de una mujer bella.  Ella, sin embargo, sería tan poco consciente de ello, así como de otras virtudes que durante su vida haría suyas, que mendigaría el amor y la aprobación de los demás mucho, mucho tiempo” (Op. cit., İbídem)

Las peripecias y fórmulas del género novelesco abundan en el trazado de superficie de la novela, así como en el operante de profundidad de la misma.  Leemos a seguidas, y en la misma página de comienzo, las siguientes:

    “Aída no recordaría, por su puesto, que en su encarnación anterior ella había existido siendo un varón, poderoso y bien parecido, nacido en un hermoso y floreciente país del continente europeo que pertenecía a una familia de rancio abolengo”.

La continuidad de aquel foco imaginario se traduce de inmediato en un predicado textual de base explicativa y motivacional:

    “Sin embargo, aquel hombre que ella había sido, utilizó de forma errónea los privilegios de los que gozó durante su corta vida, eligiendo un camino equivocado”.

Las dos citas precedentes encuentran su forma conclusiva en la siguiente:

    “Nunca amó ni respetó a nadie ni a nada, con la única excepción de las riquezas materiales, el poder y la vida disipada e inmoral que llevaba…”

Entendemos que la falta de una lectura de profundidad de este foco narrativo de comienzo, ha hecho que gran parte del lectorado dominicano equivoque la idea de base de esta novela.  Si a esto le añadimos el falso control de la información diseminada con buena y con mala fe en los periódicos principales de Santo Domingo sobre el premio, fácil es reconocer que la novela se leyó, y aun se sigue leyendo ligada a los prejuicios de la más tergiversadora y teóricamente desnutrida crítica literaria con asiento en suplementos y columnas de opinión en periódicos del país.

Precisamente el escándalo que produjo la mal intencionada lectura de antitrujillistas de oficio y de “vividores de la fortuna histórica y crítica de Trujillo, a propósito de A la Sombra de mi abuelo, demuestra que la literatura posee un estatuto de libertad, imaginación y lenguaje atado a una sola política de la interpretación histórica y social.

El jurado que premió en el concurso anual de novela 2008 A la Sombra de mi abuelo, premió una obra literaria y un género que admite todas las aperturas enunciativas, discursivas, estructurales y estéticas que soporta hoy  el mal llamado género novela.  No vemos pertinente en este ensayo hacer una historia y una teoría de la novela para probar que A la Sombra de mi abuelo es justamente una novela en el sentido técnico y estructural de la palabra.

Los hilos conductores propiciatorios de una narratividad explícita en su tratamiento, obligan a entender el texto en su travesía enunciativa, tópica y combinatoria, y sobre todo en su narrativa que particulariza los ejes posicionales de la misma.  El jurado que premió A la Sombra de mi abuelo no premio el trujillato, sino justamente una novela, un hecho imaginario, la textualidad narrativa y el orden escogido por su autora.

Otro aspecto que debemos destacar en este sentido es precisamente el carácter ficcional, verosímil y tensivo del texto en cuestión.  La lectura transversal de la novela implica en este caso el posicionamiento de la autoría y la revelación de un marco histórico asimilado al espacio espiritual de la autora y al territorio específico de la ficción novelesca.  La posición de género de la autora, ligada a vertientes masónicas, rosacruces, herméticas, espiritualistas, “rencarnacionistas” y origenistas, hacen de la lectura no solo un campo donde la política de la historia ocupa el foco principal, sino más bien complementario.

Todo esto argumenta a favor de una lectura direccional y abierta de la novela.  Contrariamente a lo que ha sido una embestida antitrujillista, pseudocrítica, pseudoteórica y atravesada por un prejuicio que, en todos los casos registrados, tiende a desinformar, a cambiar focos, divulgar equívocos y por lo mismo a malinterpretar textos sobre la base de una sola mirada, el escritor Diógenes Céspedes creó una “tribuna” en el Suplemento Areíto del Periódico Hoy, a propósito de premios, editoras, jurados puestos al desnudo”, valor literario, jurados y premios; sobre autobiografía, sobre el yo de la verdad, entre otros, todo esto a partir de la novela de Aída Trujillo.

Lo que se ha hecho visible en las publicaciones de Céspedes, no ha sido más que un exceso de desconocimiento sobre la teoría, la técnica y la historia de la novela no solo dominicana, sino universal.  Céspedes que, como ya hemos señalado en escritos nuestros anteriores, forma parte de una camada de “trujillólogos”, antitrujillistas y escritores de oportunidad, ataca la novela de Aída Trujillo como texto que define una heredad y como texto que aparta según el, de lo que es el género novela.

La incursión desinformativa y malintencionada de este “crítico”, revela una visión y un marco ya repetido y conocido en sus escritos, de sociologismo vulgar de comienzos de siglo XX.  Una actitud resentida y por lo mismo descalificadora notoria en todos sus llamados “escritos críticos” y políticos, lo ha convertido en autoridad de la mentira crítica, de los usos erráticos y falsos en la interpretación de textos literarios y poéticos.

Todo lo que ha publicado dicho “crítico” en el Suplemento sabatino Areíto del periódico Hoy en las fechas 18-7-2009; 25-7-2009 y 15-8-2009, principalmente, y, referente a A la Sombra de mi abuelo y su autora, desconoce las siguientes preguntas en torno a la novela dominicana:

¿Cuáles elementos específicos se pueden reconocer en la novela dominicana de nuestros días?
¿Se puede hablar de una forma de la novela dominicana actual?
¿Cuáles serían las características de la novela dominicana?
¿Se puede decir que la novela dominicana se apoya únicamente en el personaje de base de la misma?
¿Se podría hablar de un estilo o estilística formal de la novela dominicana?
¿Es la novela testimonio, ficción o verdad social?

Precisamente el desconocimiento, y, sobre todo el campo teórico e histórico de tales preguntas, es lo que ha dado lugar a la mala interpretación y a lo inexplicable de toda una masa informativa viciada por prejuicios de diversos órdenes.  Lo que ha permitido la poca comprensión literaria de A la Sombra de mi abuelo de Aída Trujillo,es justamente el obstáculo ideológico de una intelectualidad que sucumbe ante el prejuicio familiar, y que quiere escribir la historia a partir de la genealogía y los imperativos de la marca familiar, esto es, del apellido y la progenie.

En el libro titulado Primeras Novelas europeas del estudioso español Carlos García Gual, (publicado en Ed,. İstmo, Madrid, 1974; Biblioteca de Estudios Críticos), se registran varios tipos de novela y de novelar, procedentes de la tradición occidental cristiana, humanística, helénica, gótica, simbólica, arturiana, en fin, caballeresca y anticaballeresca.

La variedad de lo novelesco y de la novela como género cambiante, ha sido un punto de mucha discusión en el ámbito europeo, y extraeuropeo.  No hay una sola técnica, ni una sola perspectiva, ni tampoco una única visión o modo de concebir o escribir una novela.  Pero dicha problemática no es algo nuevo, ni un tema que carezca de explicaciones en el orden histórico o teórico.

En los ya conocidos escritos de Forster, Lukács, Adorno, M. de Riquer, Goldmann, Ricardou, Todorov, Bremond, Kristeva, Sollers, Barthes, Said, y una pléyade de teóricos, críticos y estudiosos de la novela, existen numerosos argumentos y tratamientos al respecto.  Pero además, en el contexto de la literatura latinoamericana, un archivo inmenso registra estudios específicos en torno a la problemática de la novela como texto, escritura, universo y función imaginaria.  (E. R. Monegal, A. Rama, A. Carpentier, A. Cornejo Polar, Josefína Ludmer, A. Roa Bastos, M. A. Asturias, Vargas Llosa).  Poco se conoce en la República Dominicana de nuestros días sobre teoría, historia y crítica de la novela.  Es por eso que una novela como A la Sombra de mi abuelo ha levantado tantas desinformaciones y dislates bizantinos sobre lo que es, o debe ser, una novela, o la novela como género narrativo.

Finalmente, entendemos que la novela A la Sombra de mi abuelo de Aída Trujillo, es un texto novelesco escrito para ser leído en una perspectiva literaria ampliada, pero que el mismo no debe ser defendido ni atacado, sino leído, analizado en sus consecuencias estéticas, formales, narrativas y comunicativas.

marzo 9, 2010

Bernardo Vega, insigne literato dominicano

PARA BERNARDO VEGA, “A LA SOMBRA DE MI ABUELO” ES UNA NOVELA BASTANTE BIEN ESCRITA

By Editor

Jimmy Hungría [Buena Lectura]

Contrario a quienes consideran que el libro de Aída Trujillo, “A la sombra de mi abuelo”, está mal escrito y no es novela, Bernardo Vega opina lo siguiente: “Una hija de Ramfis publicó en nuestro país una novela, bastante bien escrita y que ganó un importante premio nacional, donde narra como la niña que sólo había escuchado cosas buenas sobre su abuelo llega al país y lee libros que le permiten darse cuenta cómo éste en realidad era un tirano”.

Primera entrevista de D. José Rafael Sosa, periodista y escritor

4 Junio 2009, 11:39 AM

Aída afirma ella escribió su  novela; editorial recomendó no usar pseudónimos

Escrito por: José Rafael Sosa El Nacional

José Rafael Sosa

José Rafael Sosa

La nieta de Rafael Leonidas Trujillo rechazó desde Madrid que el texto finalmente publicado en la novela “A la sombra de mi abuelo”, no fuera suyo y aclaró que hubo reducciones autorizadas por ella, en razón de que se disgregaba con algunas historias secundarias al tema central.

Apunta que su texto fue solicitado por la Editorial Norma, por lo que deja entender que no fue a iniciativa suya la propuesta para la publicación y que tampoco fuera rechazado y mandado a rehacer, como afirma el ingeniero Hamlet Hermann, en un artículo publicado en el matutino Hoy.

Igualmente revela que el texto fue escrito inicialmente con seudónimos y que por recomendación de la Editorial se pusieron los nombres reales involucrados en la narración.

Aída Trujillo Ricart  respondió  por vía electrónica un cuestionario de El Nacional. La escritora, quien es nieta, por parte de madre, de un reconocido opositor del régimen de Trujillo, Pedro Adolfo Ricart, solicitó que sus respuestas fueran publicadas como las ha enviado, en vista de lo polémico del tema y las numerosas versiones que en todo sentido han circulado. En su respuesta critica al redactor de estas crónicas por citar señalamientos aislados tomados de la misma obra, lo cual fue aceptado ayer mismo por el periodista.

***

P.¿Qué opinión tiene de las protestas que ha originado el premio a su novela?

R. Son naturales y humanas, cuando no se ha leído la novela completa y uno se ha quedado únicamente con frases sueltas, fuera de contexto.

P-En su novela hay expresiones que han provocado mucho revuelo. Llama asesinos a los matadores de Trujillo.  Niega que haya sido un ajusticiamiento. Justifica que su padre,  Ramfis, estaba en el deber de indagar y ajusticiar a los matadores de Trujillo. ¿Puede comentar esto?

R. Con gusto y punto por punto: a). Repito, si lee el libro entero, se dará cuenta de que, en ningún momento llamo asesinos a los que finalizaron los días de Trujillo.  En ese momento, la protagonista mantiene una lucha consigo misma porque, cosa también natural y humana, no quiere ver la realidad.  Entonces intenta ampararse, infructuosamente, bajo el significado de una palabra.  Pero, al final se da por vencida, reacciona  y toma conciencia de que, por mucho diccionario que consulte, por mucho que rebusque en cualquier libro, tiene que rendirse a la evidencia y enfrentar los hechos.  Y queda moralmente destrozada, como es lógico.

b)      Con respecto a mi padre ocurre lo mismo.  Si se lee el texto completo uno se da cuenta de que aquellos son pensamientos que tuvo él, en su momento.  Nada que ver con lo que yo opino.  Soy una persona pacifista, rehúyo la venganza, repudio el crimen.

Aunque en silencio, por ser menor (cuando él murió yo contaba con 17 años de edad), siempre le reproché el hecho de que él hubiese asesinado a esos hombres.  Y, cuando mi madre me contó lo de las torturas, sufrí indeciblemente, temí por su alma, recé mucho por él. Este es un doloroso tema que estoy tratando de explicar en el libro en el que estoy trabajando ahora. En “A la Sombra de mi Abuelo” reconozco que lo evité todo lo que pude.  El asunto de Trujillo ya me resultaba demasiado penoso como para profundizar en el de mi padre.

P-  Hamlet Hermann  sostiene que su texto inicialmente fue rechazado por Editorial Norma y que viendo las condiciones del mercado, mandó a reconstruirlo por parte de su editor en jefe para rehacerlo. ¿Es cierto? El texto que usted escribió es el que se publicó finalmente? Hermann dice que tenía 100 páginas más de las que se publicaron. ¿es cierto?

 R. Punto por punto, de nuevo: a)      No sé en qué argumentos se basa este señor para afirmar tal cosa.  Conservo todos los emails de la época y puedo asegurarle de que, desde el principio, Norma Editorial estuvo interesada en mi escrito.

b)      Una cosa es “reconstruir” un texto y otra son las correcciones que normalmente sugieren las editoriales y que siempre tienen que ser supervisadas por el autor, salvo que se haya pactado lo contrario.

c)      Sí, es verdad que el texto era demasiado largo y se suprimieron, siempre con mi autorización, bastantes páginas.  Pero también es cierto que dichas páginas, en términos generales, desviaban la atención del tema central de la novela.  Por ejemplo, en alguna de ellas se relata cierta historia.  Ésta trataba sobre el hermano de mi ex marido, el torero, que tuvo un desafortunado accidente cuando toreaba y tuvieron que amputarle una pierna, a la edad de 16 años.  Por supuesto, pienso aprovechar para un cuento corto ese relato.  No me voy a pasar la vida escribiendo únicamente sobre Trujillo y el resto de la familia. Pero la novela es mía y, repito, no ha sido reconstruida, ni mucho menos.

d)      Lo que también me llama mucho la atención es que el señor Hermann no mencione un detalle muy importante, ya que parece conocer,  mejor que yo misma, el proceso de creación y realización del libro.  En un primer momento, éste fue escrito con pseudónimos.  Obvia y humanamente era natural que yo no tuviese el valor de enfrentarme a todos aquellos fantasmas, llamándolos por el  suyo verdadero.  Pero, la idea de restaurar los auténticos, fue también mía.  Pensé, “Aída, si vas a dar la cara, ¡hazlo de verdad!  No te refugies en unos nombres falsos…”  Por supuesto, este reemplazo fue bien recibido por la editorial.

P- ¿ Está dispuesta a venir al país a recibir su premio?

R- ¿Esa es una pregunta que se suele hacer? 

P. Alguna otra consideración sobre el tema?

R- Sí, señor Sosa.  Y esa va dirigida a usted directamente.  No se puede titular un artículo, como hizo usted en “El Nacional” del día 1 de este mes, con una frase que es una auténtica calumnia.  Jamás he llamado “asesinos” a los Héroes, entre otras cosas porque nunca he pretendido, ni pretendo, meterme en asuntos políticos, ni aquí en España, ni allá en la República Dominicana, ni en ninguna parte.  ¡Y afirmar algo de ese calibre sería llegar demasiado lejos! Eso, como lo ha logrado usted con el mencionado artículo, significa herir a muchas personas.  Y no sólo eso, sería intentar alterar lo que fue la verdadera historia.

Con mi libro quise compartir con mis lectores el estado de mi ánimo, el sufrimiento y la lucha interna que mantuve conmigo misma, cuando descubrí “la otra cara” de mi abuelo.  Una cara que yo desconocía y que no fue fácil digerir.  Hay que tener en cuenta que, por entonces, aún vivía Francisco Franco y que aquí, en España, sólo se hablaba bien de sus homónimos.  Eso, sin contar que yo creía en lo que mi familia, y los amigos, me contaban.

Si describo “la parte tierna” de mi abuelo es porque la hubo.  Hubiese sido mucho más fácil aceptar la realidad si él hubiese sido también un déspota en casa.  Eso existe en muchos más hogares de los que imaginamos, por desgracia.

 
   
JOSE RAFAEL SOSA

JOSE RAFAEL SOSA

marzo 6, 2010

PREMIO NACIONAL DE NOVELA DE REPUBLICA DOMINICANA

27 de Mayo del 2009, 12:00 AMCultura anuncia ganadores Premios Anuales de Literatura y Música

 
 

Con la presencia del Secretario de Estado de Cultura, licenciado José Rafael Lantigua se dio a conocer el veredicto de los “Premios Anuales de Literatura y Música”, correspondiente a la edición 2008.  Los ganadores recibirán como premio 250 mil pesos cada uno, certificado y la publicación de las obras inéditas.

La actividad coordinada por la SEC y la Dirección de Gestión Literaria, tuvo lugar en la Sala de Arte Ramón Oviedo, a las 5:00 de la tarde, y contó con la asistencia de autoridades de la institución y personalidades del ámbito artístico y cultural del país.

 Los Premios Anuales de Literatura están destinados a galardonar los libros de escritores dominicanos que sean juzgados como los más sobresalientes durante el año en los distintos géneros literarios, así como promover el cultivo de la literatura y la trascendencia del oficio en República Dominicana.

El Premio Nacional de Novela Manuel de Jesús Galván lo ganó la obra “A la sombra de mi abuelo”, de Aída Trujillo.

Novela JURADO:

Manlio Argueta (El Salvador), Jorge Volpi (México) y Roberto Marcalle Abreu.

Prensa CIG

 
 
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