Aída Trujillo

abril 3, 2012

Publicaciones en el periódico ADN, Aída Trujillo, La “oveja negra” de la familia Trujillo ve posible aprendizaje en dictadura

Lunes, 30 de mayo de 2011. Actualizado a las 17:59h

O te lo tomas así, o estás perdido en el dolor...

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La “oveja negra” de la familia Trujillo ve posible aprendizaje en dictadura

  • EFE

NOTA IMPORTANTE:  Transcribo este texto tal y como fue publicado. Como sabemos, muchas veces los medios informativos “trastocan” las entrevistas.  Algunas por falta de entendimiento entre entrevistador y entrevistado.  Otras, por motivos que se me escapan por no ser yo una persona de malas intenciones.  Por ello, en negrita, iré rectificando lo que nunca dije.


Autodefinida como la “oveja negra” de la familia por rechazar el régimen que por 31 años implantó su abuelo en República Dominicana, la escritora Aída Trujillo dice que tal vez ese período pueda considerarse un “aprendizaje necesario” para saber que “no es necesaria” una dictadura para que un país funcione.

Esta menuda mujer de mirada profunda y fácil expresividad admite, eso sí, que ha sido “muy, muy duro”, separar al “abuelo tierno y cariñoso” del político que -como lo juzga la historia- implantó el más tenebroso Gobierno que haya sufrido el pueblo dominicano.

Rafael Leonidas Trujillo Molina

Rafael Leonidas Trujillo Molina

“Yo soy Aída Trujillo, soy una persona individual, independiente dentro de unas normas libres, nací de un hombre de apellido Trujillo y de una mujer de apellido Ricart”, dice a Efe la nieta de Rafael Leónidas Trujillo Molina, que hace más de un año volvió a vivir en Santo Domingo, donde nació en octubre de 1952.

Pedro Adolfo Ricart, el padre de mi madre, y opositor de Trujillo

Pedro Adolfo Ricart, el padre de mi madre, y opositor de Trujillo

NACÍ EL 23 DE AGOSTO DE 1952, NO EN OCTUBRE, COMO AFIRMA EL PERIODISTA.

Durante la conversación aflora el nombre de María de los Ángeles (Angelita) Trujillo, la última hija del dictador dominicano, quien “a capa y espada”, defiende a su padre, a propósito de que mañana la República Dominicana conmemorará el cincuentenario de la muerte del tirano.

“Me aburre”, dice Aída en referencia al libro de su tía “Trujillo, mi padre, en mis memorias”, en una opinión fundamentada en que “Angelita habla de su papá como una Hermanita de la Caridad”, cuando las evidencias dicen lo contrario.

“Nunca nos hemos llevado bien, desde pequeña, para mí nunca ha sido como tía, es mi tía, pero no ha ejercido como tal”, dice.

Aída afirma que “descubrió” casi por accidente al Trujillo dictador cuando en una visita que hizo al país en 1975 procedente de España, donde vivía, entró a una librería y adquirió varias obras que hablaban del régimen.

NO ENTIENDO PORQUÉ SE PONE “DESCUBRIÓ” ENTRE COMILLAS PUES FUE UN AUTÉNTICO DESCUBRIMIENTO POR PARTE MÍA.

“Cuando veo esto no hice más que negarlo y ponerme a llorar inconsolablemente en el hotel donde me hospedaba”, recuerda.

A raíz del suceso, decide renegar de Dios y asume la ideología comunista, como forma de rebeldía ante lo que acababa de enterarse.

NUNCA RENEGUÉ DE DIOS A PESAR DE INCLINARME A LA IZQUIERDA, COMO IDEOLOGÍA POLÍTICA. NECESITABA “PONER UNA BALANZA” EN MI VIDA.

“Pasó el tiempo y empecé a escribir recuerdos de mi infancia con mi familia en Santo Domingo y de ahí surgió el libro ‘A la sombra de mi abuelo'”.

La obra (Editora Norma 2008), resultó ganadora del Premio Nacional de Literatura en el renglón novela, lo que causó más de un revuelo en el país.

“Es bueno decir que en esa oportunidad no vine al país a recoger el premio no por temor, que quede claro, sino porque alguien me dijo que si lo hacía iba a opacar a los demás ganadores de los otros renglones y eso me tocó muy profundo”.

En la actualidad, revela a Efe que escribe la novela de amor “Mas triste que la muerte es el olvido”, y que también trabaja en un texto sobre los últimos días de su padre, que murió en Madrid en 1969, dos semanas después de sufrir un accidente de tráfico.

LA NOVELA A LA QUE EL PERIODISTA HACE MENCIÓN, SE PUBLICÓ YA EN EL MES DE SEPTIEMBRE DE 2011, CON EL NOMBRE DE “MÁS ALLÁ DE LA MUERTE”.  MI PADRE MURIÓ EXACTAMENTE 11 DÍAS DESPUÉS DEL ACCIDENTE DE TRÁFICO.  ÉSTE SE PRODUJO EL 17 DE DICIEMBRE Y ÉL FALLECIÓ EL DÍA 28 DEL MISMO MES.

“Con esa obra termino de escribir sobre mi familia, es muy fuerte, duele mucho”, suspira y da una mirada a su hija Haydée, la única mujer de cuatro hijos, uno de los cuales falleció el año pasado.

Lo que no entiende Aída es el interés y la pasión que 50 años después ejercen sobre los dominicanos el tema de la dictadura de Trujillo (1930-1961), “cuando en España, por ejemplo, casi nadie habla de Franco”.

EN ESPAÑA SÍ SE HABLA DE FRANCO, COMO ES LÓGICO. PERO EL APASIONAMIENTO Y CONSTANCIA, QUE PERDURAN DESPUÉS DE TANTOS AÑOS EN MI PAÍS NATAL, SOBRE TRUJILLO, NO EXISTEN.

“No sé, habrá que hacer un estudio sociológico grande para determinar por qué sucede esto (…) es un fenómeno que no entiendo, mientras más se publiquen cosas menos se aprende, porque cada quien da su versión, creo que lo mejor es decir algo nuevo como dice mi libro sobre el momento en que mi madre vio a Trujillo llorando, después que pasó lo de las (hermanas asesinadas en 1960) Mirabal, eso no lo puede saber ningún historiador, nadie se imagina a Trujillo llorando”, infiere.

Es ahí cuandola escritora agita las manos con más rapidez y ofrece su opinión “personal” sobre lo que fue la férrea dictadura de Trujillo.

¿PORQUÉ SE PONE “PERSONAL” ENTRE COMILLAS?

“Yo no existía en los años (de la década del) treinta del siglo pasado, yo no sé si fue un error o un aprendizaje necesario para ver que no es necesario que haya dictadura para que un país funcione, mucha gente me dice: aquí lo que falta es un Trujillo, y les respondo, pues si viene otro Trujillo yo me voy, ya viví la dictadura de (el español Francisco) Franco, igualita o peor, depende de cómo se mire, a la de Trujillo”, razona quien años antes fue una bailaora de flamenco.

ESTOY CONVENCIDA DE QUE NINGUNA DICTADURA ES NI BUENA NI NECESARIA.

“No estoy con dictaduras, ni de izquierdas ni de derechas, Trujillo fue un abuelito que nos daba todo, recuerdo en una ocasión que mi hermana mayor, María, le pidió un triciclo que tenía una niña vecina y obligó a que el abuelo cruzara al patio de esa vivienda y robara el triciclo, así era él, claro que al día siguiente lo devolvió y le compró varios a la niña de al lado”, afirma.

Aída Trujillo ha logrado el equilibrio en sus dos mundos, acepta su origen, recuerda su niñez de privilegios y a la vez condena -de adulta- a quien utilizó el poder para ejercer la violencia, y hacerse cargo por su cuenta de la vida de otros seres humanos.

“Ha sido un trabajo de años, no ha sido fácil admitir cosas que no están bien, que no apoyas, que no son de tu agrado de alguien que tu quieres, es muy difícil separar una cosa de la otra, pero soy responsable (…) lo he logrado”, finaliza.

AUNQUE NO SON EXACTAMENTE MIS PALABRAS, EL CONTEXTO ES CIERTO. NO ES NADA FÁCIL SEPARAR A DOS PERSONALIDADES DENTRO DE UNA MISMA PERSONA QUE, POR SI FUESE POCO, QUIERES MUCHO. YO LO HE CONSEGUIDO, NO EXENTA DE SANGRE, SUDOR Y LÁGRIMAS. NO TODO EL MUNDO PUEDE LOGRAR ESTO, ALGO MÁS QUE COMPRENSIBLE, PERO, POR ESE MISMO MOTIVO, CASI NADIE ENTIENDE QUE YO, AÍDA, LO HAYA CONSEGUIDO.

marzo 24, 2010

Paul Rivero, escritor, opina sobre Aída Trujillo, “Una discipula de Proust en la familia de Trujillo”

DIARIO LIBRE|RAUL RIVERO

Una discípula de Proust en la familia de Trujillo

  • 06.06.2009

>Jueves

Árbol y después bosque

Conocí a un poeta que, cuando murió su madre, le escribió una elegía en décimas. Un poema enorme, espiritual, de quintillas cerradas, en el que prometía reencontrarse con ella una mañana clara en un lugar de la primavera. El jefe de uno de aquellos partidos estalinistas empotrados en América le reprochó al escritor la forma subjetiva, inmaterial y desesperada que usaba -un hombre de izquierdas como él- en ese trance. El autor le respondió: «Señor, a mi madre yo la recuerdo como me da la gana».

Pues sí. Yo creo que ni las ideologías, ni el miedo, ni los compromisos comerciales, ninguna de las prótesis que se usan para andar por la vida, pueden interferir en los asuntos familiares, en los sentimientos y, mucho menos, en la memoria, ese reino de neblinas, imprecisiones y extravagancias donde todos los hombres controlan el tiempo, violan la ley de la gravedad y viven como dioses unos pocos segundos de las noches inmensas.

Todo esto viene a cuento porque en República Dominicana ha vuelto salir, como una exhalación, el tricornio de Rafael Leónidas Trujillo. Recorre pueblos, valles y montañas en las páginas de una novela escrita por la nieta del dictador, Aída Trujillo Ricart, una mujer de 54 años residente en España.

El libro se titula A la sombra de mi abuelo y acaba de recibir el Premio Manuel de Jesús Galván que entrega el Ministerio de Cultura.

Para algunos críticos y para personas emparentadas con víctimas de Trujillo, que gobernó esa nación como una finca o un cuartel durante 31 años (1930-1961), la obra no da la talla artística y enaltece la figura de uno de los numerosos payasos armados que insultaron con su espadón y su megalomanía el siglo XX americano.

El historiador Franklin Franco Pichardo, que de muy joven tuvo que salir al exilio perseguido por la policía trujillista, dijo a la prensa que el libro sobre el dictador deshonra el Premio Manuel de Jesús Galván y carece de calidad literaria.

A la sombra de mi abuelo compitió con otros 13 libros. El jurado estuvo integrado por los escritores Jorge Volpi, de México; Manlio Argueta, de El Salvador, y el dominicano Roberto Marcallé Abreu.

El ministro de Cultura, José Rafael Lantigua, tampoco está feliz con el galardón para la nieta de Trujillo, pero pidió comprensión a los sectores soliviantados porque el tribunal que juzgó las obras actuó con plena libertad.

Marcallé Abreu, quizás el más cuestionado de los jurados, dijo que el libro tiene algunas deficiencias técnicas, pero que narra un increíble drama humano.

No se trata de un apología de Trujillo, dijo el escritor, que llamó a los detractores de la obra a leerla con detenimiento. Se trata, más bien, de «una amarga situación que ella [la autora] ha sobrellevado de una manera muy sufrida toda la vida».

Las declaraciones de Marcallé Abreu no han impedido que dos dominicanos considerados héroes nacionales y siete organizaciones patrióticas hayan publicado un documento en el que recuerdan que durante el mandato de Trujillo fueron asesinados 35.000 dominicanos y otros 55.000 sufrieron cárcel y persecución.

La escritora, Aída Trujillo Ricart, explicó que su intención ha sido dar una perspectiva familiar de su abuelo, «el ser más tierno que la acompañó en su infancia».

En una entrevista concedida en noviembre, la señora Trujillo dijo que el libro es un relato novelado, en el que ha dejado volar la imaginación. «Éste», aclaró, «no es un ensayo de Historia».

Recordó que en varias oportunidades ha pedido perdón a las posibles víctimas directas o indirectas de su abuelo o de su padre, Ramfis Trujillo. «Todos tenemos derecho a tener distintos puntos de vista, por supuesto. Y más cuando, de un modo u otro, hemos sido victimas de una dictadura. Por suerte, hoy en día, tanto en Dominicana como en España vivimos en democracia», añadió.

El escritor mexicano Jorge Volpi dijo que la novela era la mejor de las que se presentaron al concurso. «El premio es para la novela, no para su autora. Y desde luego no debe interpretarse como una reivindicación de la figura de Trujillo».

La Historia es la crónica leal de la vida. La descripción, la copia al carbón de los acontecimientos. Son páginas donde la imaginación no puede (no debe) pervertir la realidad.

La memoria suele ser la evocación de una historia personal recordada y compuesta con libertad.

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