Aída Trujillo

diciembre 29, 2011

Publicaciones en el periódico El Nacional, Vivir en Cabarete, Puerto Plata, dedicado a Hita Jiménez

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9 Septiembre 2011, 12:36 PM

Vista aérea de Cabarete

Vista aérea de Cabarete

Vivencias cotidianas de allí y aquí

 

Vivir en Cabarete, Puerto Plata, dedicado a HITA JIMÉNEZ

Hita simpática, haciéndome burlas, en mi casa

Hita simpática, haciéndome burlas, en mi casa

Escrito por: Aida Trujillo Ricart (https://aidatrujillo.wordpress.com/)

NOTA IMPORTANTE: ESTA ES UNA ENTRADA ANTIGUA QUE, A PESAR MÍO, NO HE TENIDO TIEMPO DE PUBLICAR EN SU MOMENTO.

No estoy aún ubicada del todo en este nuestro pueblo costero, pequeño y hermoso, aunque me falta muy poco para estarlo, a pesar de llevar aquí sólo un mes.

En general, su gente es agradable, muy acogedora y simpática.

Cabarete es conocido, incluso a nivel internacional, por ser un emplazamiento turístico en donde se realizan diversas actividades y campeonatos deportivos acuáticos:  Surf, Windsurf, Kyte, etcétera.

Este pueblecito se destaca por su abundancia de turismo aventurero y por el que también busca el descanso.

Y es que, además de los deportes marítimos, Cabarete ofrece la posibilidad de efectuar diferentes tipos de excursiones, recorriendo sus campos, tierra adentro:  paseos en bicicleta, equitación, golf o, simplemente, sintiendo el placer de acudir a observar las aves en la laguna que lleva su mismo nombre.

Hita y yo, en pleno campo

Hita y yo, en pleno campo

Localizado a unos 15 minutos al este de Sosúa, en la Costa Norte, provincia de Puerto Plata, está situado entre una bahía y esta laguna, rodeado del precioso paisaje de su campiña y de sus montañas.

Su ambiente es especial:  una colorida y divertida amalgama del folklore y costumbres dominicanas, turismo internacional, deportes, vida nocturna, cierta bohemia y el deleite de bañarse en su playa.

En la misma, encontraremos numerosos restaurantes y bares, que ofrecen comidas y cenas, servidas en mesas dispuestas directamente en la arena o, para quien así lo prefiera, en el interior de los locales.

Sus noches son mágicas, acompañadas, como lo están, de música variada, casi nunca criolla, como ocurre en otros lugares del país, y del susurro de las olas del mar.

Cabarete, por la noche

Cabarete, por la noche

De hecho, existen numerosos locales que nos ofrecen el placer de escuchar Reggae, Jazz, Rock puro y moderno, y también música local, si así lo deseamos. También en plena playa podemos encontrar estos establecimientos.

En el lugar en donde resido, que no es la lujosa construcción, provista de jardín y piscina, que suelen buscar los extranjeros, perviven algunas lindas casitas, sin grandes pretensiones. Su entorno no es suntuoso, ni mucho menos, pero sí limpio y hospitalario.

Las personas se conocen y son familiares o amigos en su gran mayoría.  Este hecho provoca que, generalmente, entre la mayoría de los vecinos, exista algo muy importante: solidaridad.

Hita con su nuera, Raquel, en mi casa

Hita con su nuera, Raquel, en mi casa

He tenido, además, la suerte de que me haya tocado una colindante a la que considero ya amiga, un gran ser humano y que me asiste, desinteresadamente, en todo lo que puede. Vive en una casa al lado de mi edificio y podemos departir desde nuestras respectivas ventanas.

A pesar de no tener pareja, al igual que yo, goza, sin embargo, de la compañía y los quebraderos de cabeza, que le proporciona un sobrinito, menor de dos años, que tiene a su cargo y al que considera y trata como si fuese su propio hijo.

Hita, el niño y yo, en el campo

Hita, el niño y yo, en el campo

Por ello, esta señora tiene muy poco tiempo libre, lo que no impide que, cuando puede, suba a visitarme. Y, si ella no puede, soy yo la que bajo y me siento en su galería, en una cómoda mecedora, a tomar el fresco de la tarde-noche, y conversar.

Hita ordenando a mi perrito, Chilling, que vuelva a casa

Hita ordenando a mi perrito, Chilling, que vuelva a casa

Muchas veces, cuando me siento decaída, esas conversaciones consiguen levantarme el ánimo y, el tiempo, se pasa volando.

Me siento orgullosa dedicándole esta columna pues, hace pocos días, caí enferma y, de no ser por ella, quizás en estos momentos no podría estar escribiendo estas líneas.

En cuanto se percató de que me encontraba muy mal, sin dudarlo ni un solo instante, preparó a su niño y me condujo a una clínica en donde tuve que permanecer interna durante dos días. Hasta que mi hija no llegó, desde la capital, no se movió de mi lado, con bebecito incluido.

Hita Jiménez

Hita Jiménez

Su nombre es Hita Jiménez, es dominicana “de pura cepa”, conoce prácticamente a todos los habitantes del pueblo y me aconseja a quien debo de tener confianza y a quien no.

Hita me ha encauzado, en muchos aspectos, y ha provocado que me carcajee, contándome anécdotas y pronunciando expresiones típicamente criollas que, después de haber yo vivido tantos años fuera, había olvidado.

Vamos a jugar al 2, dos veces...

Vamos a jugar al 2, dos veces...

Para mí, el ser humano, las buenas personas y el cariño son las cosas más importantes de la vida.  Por ello, he preferido mencionarla, antes de resaltar las maravillas de Cabarete.

Aunque la verdad es que, este pueblo de mar, ya ha conseguido enamorarme.

 

 

 

 

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julio 7, 2011

Publicaciones en el periódico El Nacional, Anécdotas de nuestro país: Después de una mañana de surf en Playa Patos

30 Junio 2011, 12:35 PM
Vivencias cotidianas de allí y aquí

Anécdotas de nuestro país

Escrito por: Aida Trujillo Ricart (https://aidatrujillo.wordpress.com/)

El otro día, mi hija Haydée, se fue a practicar surf con unas amigas a una playa llamada Patos. No la conozco, y creo que no lo haré pues prefiero el mar en calma.

De izquierda a derecha, Cristina, Estefanía y Haydée

De izquierda a derecha, Cristina, Estefanía y Haydée

Según me comentó ella misma, que es demasiado intrépida para mi gusto, las olas estaban fuertes, medían el doble de altura que su estatura. El caso es que, las tres, Cristina, Estefanía y ella, regresaron a casa sanas y salvas.

Mi hija aseguró que, a pesar del enfurecido mar, lo pasó muy bien. Las otras, parece ser que no tanto. Yo, en mi sin vivir de madre, siempre le recomiendo que se dedique a otras aficiones, durante su tiempo libre, menos peligrosas.

Podría, como yo, pintar al óleo, bailar, etc. Pero no, a ella le gustan los deportes de riesgos con el “subidón” de adrenalina que conllevan.  En eso no nos parecemos en absoluto.

El caso es que, cuando regresó a casa, lo hizo portando un ramillete de flores preciosas, que me ofreció con gran cariño. Unas eran blancas y las otras rojas. De las primeras, muy bellas, no conozco el nombre. Me recuerdan un poco a las hortensias, pero sus pétalos son más grandes. Las segundas sé que son coralinas, pues tengo una jardinera pequeña en casa con una de esas plantas que brindan, como casi todas, lindas flores.

Pero lo más encantador del asunto, que quiero compartir con ustedes, es cómo fue que Haydée las consiguió. Por obligaciones laborales, tenía que viajar a Puerto Rico y no regresaría hasta el pasado domingo.

De pronto, por el camino de vuelta, mi hija detuvo su vehículo. Había visto a una doña que llevaba aquellas flores que, después, me trajo. Entonces, al parar, le preguntó que si las vendía, pensando en dejarme su cariño, simbolizado en ellas.

La señora, entre sorprendida e indignada, contestó que no. Las había recogido ella misma para llevarlas a la tumba de su madre. “Eso no se vende”, le aseguró.

Sin embargo, curiosa por su interés, le preguntó para qué las quería. Mi hija contestó que deseaba llevárselas a su mamá. La doña, una mujer no muy mayor, la miró de forma compasiva y le preguntó si también ella había perdido a la suya. Haydée, con un nudo en la garganta, le contestó negativamente. Entonces la mujer, más curiosa aún, quiso averiguar cual era, entonces, el motivo por el que deseaba traérmelas.

Mi hija le explicó que se marchaba de viaje, que iba a estar unos días fuera del país y añadió que yo estaba triste porque, el mes que viene, se cumplirá el primer aniversario del fallecimiento de su hermano Jaime, mi hijo.

Mi hijita Haydée

Mi hijita Haydée

La señora se conmovió visiblemente y le ofreció, entonces, su ramo.  Mi hija, en un principio, no quiso aceptarlo. Se detuvo a considerar el valor y  el fin de aquellas florecillas y la importancia que tenía para esa persona. Pero la doña insistió, quizás evocando a su perdida madrecita.  Haydée le hizo un regalito económico, cuando ella la convenció para que se las llevase, y le aseguró que iría a buscar más.

El caso es que, al final, me trajo mi hermoso ramito, que coloqué en un jarroncillo de cristal, al lado de la foto de mi hijito, emocionada por su detalle amoroso.

Estas son las sencillas, pero maravillosas, anécdotas que ocurren cada día y que, por desgracia, muchas veces no nos paramos a considerar.

Mucha gente, a pesar de su miseria, sigue siendo bella y generosa en su interior, que es lo más importante.

junio 19, 2011

Publicaciones en el periódico El Nacional, Playa de Palenque

16 Junio 2011, 11:14 AM

Vivencias cotidianas de allí y aquí

Escrito por: Aida Trujillo Ricart (https://aidatrujillo.wordpress.com/)

 

Beldades naturales de nuestro país: Playa de Palenque

Aunque pueda parecer increíble, hasta hace pocos meses, no tuve el placer de disfrutar de esta playa situada cerca de la capital, a unos 30 kilómetros hacia el oeste.

Y, lo más grande de todo ha sido que, quien me la descubrió, fue un gran amigo mío, español, médico y enamorado de nuestro país.  Sobre él escribiré pronto pues merece la pena el conocer a esa eminencia de la medicina y, al grandioso y culto ser humano que es el doctor Andrés Rodríguez Alarcón.

A los compatriotas que preguntaba, siempre me recomendaban ir al el este, cuyo litoral suele gozar de cristalinas aguas de color turquesa y de fina arena blanca, y no está lejos.

Sin embargo, mi amigo, se empeñó en que conociese una playa más popular, más familiar y con su “arena prietica”, como él la denomina. Me comentó que, allí, me iba a sentir más tranquila pues, casi todos los que la frecuentan, son dominicanos.

Desde el primer día que me llevó, junto a su esposa y unos familiares, me enamoré de Palenque y de su gente.

Nuestra bandera por encima nuestro

Nuestra bandera por encima nuestro

Ayuda en plena carreyera

Ayuda en plena carreyera

Es verdad que, aparentemente, el mar es más oscuro, debido al color de su fondo. No obstante, cuando penetras en él, te das cuenta de que es transparente y limpio.

Como es lógico, llegando casi a la hora de almorzar, el sol pega fuerte, pica.

Después de disfrutar de ello, coger un poco de color y bañarse en ese agua, de temperatura ideal, empiezas a regocijarte con sus atardeceres espectaculares y dorados.

Aunque aún no he tenido la ocasión de conocer esa faceta de esa parte de nuestra isla, me han comentado que, allí, playas, ríos y montañas se conjugan, invitando a la aventura.

Restaurante

Restaurante

Andrés, mi amigo, me recomendó un comedor, Mary Mar, regentado por el hijo de su dueña: Cheo.

Este hombre, de facciones exóticamente dominicanas, es más que amable y siempre está dispuesto a complacer y a servir bien a sus clientes.

El kiosco de las Kativias o cativias, como quieran escribirlas

El kiosco de las Kativias o cativias, como quieran escribirlas

En su kiosco se pueden degustar unas “kativias” realmente deliciosas.  El pescado que su madre cocina, a gusto del comensal, siempre está fresco y bien preparado. Suelen acompañarlo de tostones y moro de guandules, a menos que uno desee otra cosa.

Recién salidos del mar

Recién salidos del mar

El pasado domingo, cuando mi hija casi tuvo que obligarme a salir, pues suelo pasarme el día delante del computador, cambiamos el segundo plato por un “picapollo” que resultó ser excelente.  Los precios son muy razonables y las mesas están instaladas en plena playa.

En una ocasión, una amigade mi hija, Cristina, nos invitó a quedarnos a dormir en el hotel Playa Palenque, situado a pocos metros de allí. Sus habitaciones son limpias y confortables.

Hotel Palenque

Hotel Palenque

Tiene un jardín preciosos, digno de ser visitado, y una piscina pequeña situada delante del comedor. Allí, en otro plan, se come muy bien también. Sus propietarios, un señor suizo y su señora, una dominicana muy simpática, son verdaderamente encantadores. Los precios de este establecimiento también están bien en su relación calidad-precio.

Piscina del hotel

Piscina del hotel

Esta zona se caracteriza por el hecho, sinónimo de sosiego, de que el turismo masivo aún no ha echado raíces allí, pues la desconocen. En ella aún se puede vivir la originalidad de los pueblos indígenas que se destaca por ser sociable y hospitalaria.

Simpática foto de Cheo conmigo

Simpática foto de Cheo conmigo

Playa Palenque forma parte de las vírgenes y ocultas playas que embellecen esa región de nuestra isla. Vale la pena conocerla y disfrutar de ella.

Aída Trujillo Ricart             https://aidatrujillo.wordpress.com/

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