Aída Trujillo

junio 20, 2010

Primera presentación de “A la sombra de mi abuelo”, julio 2008, artículo en el periódico El Caribe

El 18 de julio de 2008 se hizo la presentación de mi libro, “A la sombra de mi abuelo”, en el Hotel V Centenario de Santo Domingo.

Asimismo se celebró una rueda de prensa a la que asistieron diversos periodistas de distintos periódicos y/o publicaciones.

Este es el comentario que Luis Alberto Muñoz , en representación de El Caribe, hizo del acontecimiento.

Literatura

 

Aída a la sombra de Trujillo

 

Aída Trujillo, nieta del dictador Rafael Leonidas, al presentar su primer libro “A la sombra de mi abuelo”, dijo que la obra coquetea con el género de la autobiografía y la ficción. En la novela presenta al tirano dominicano en otra dimensión: la familiar

 

Por Luis Alberto Muñoz / El Caribe
Sabado 19 de julio del 2008 actualizado a las 12:45 AM
 
Aída Trujillo vino al país para presentar su primera novela, A la sombra de mi abuelo, un texto en el que la autora imprime el punto de vista de una nieta que crece pensando que el padre de su ascendiente paternal es lo más amoroso y tierno del mundo, pero que a medida que va creciendo se atreve a indagar y darle la cara al dictador.

El color rojo del pelo de Aída Trujillo llama la atención desde lejos, un leve guiño de sus labios sirve para acentuar la palabra que sale de su boca, frases e ideas que se atiborran con ese acento característico de España.

La hija de Ramfis Trujillo aseguró tajantemente en el encuentro con la prensa local que jamás ha pretendido escribir un tratado de historia, porque de eso ya existe suficiente material, sino que la idea la percibe como un desahogo espiritual, que puede ayudar a muchas personas, según confesó Aída en entrevista con El Caribe.
La redacción de A la sombra de mi abuelo (Editorial Norma) está mezclada con hechos históricos e increíbles, combinados por muchos toques de fantasía en donde se echó a volar la imaginación.

La motivación del texto fue un diario íntimo de la autora escrito hace más de 10 años, pero cuando la cronología de su vida le tocó darle la cara a su abuelo, necesitó crear un desahogo y así comenzó a escribir el libro.
Para la escritora, su abuelo y Trujillo son dos personas distintas entre sí, el primero, según sus palabras, el ser más amoroso y tierno de su infancia; el segundo, el dictador, un sistema de gobernar que no comparte para nada Aída, porque lo suyo está alejado de la violencia y crímenes relacionados con las tiranías.

Bajo esa dinámica la novelista subrayó que está casi segura que su abuelo para aquella época habría sido elegido democráticamente, solo que le dio miedo perder el poder y sacó lo peor de sí.
Y aunque el ajusticiamiento de “El Jefe” -como se le decía a Trujillo- sucedió hace 47 años atrás, aún el sarcoma de su imagen persigue a los descendientes de su familia, un tatuaje moral que les resulta imposible borrar.

El latigazo por tener este linaje también ha sido objeto de muchas opiniones, como la que mencionó Aída que sucedió hace un par de años en España, al ser mal recibida en casa de los amigos de una pariente por el solo hecho de ser la nieta del que llevó las riendas de República Dominicana desde 1930 a 1961.

Pero eso no es todo, la escritora también manifestó que incluso aquí en el país le es imposible comprar un terreno o adquirir un departamento, porque en cualquier momento se lo pueden expropiar, “Balaguer dejó estipulado esto por ley, para alejarse del régimen trujillista, incluso, a mis hijos les afecta este mandato, hemos sido marcados”, destacó.
La autora confidenció a El Caribe que aunque hay mucha gente que critica con mucho recelo la gestión que hizo su abuelo en el país, también hay aquellos que le han comentado que cuando éste gobernaba no existía delincuencia y otros males que afectan a la sociedad actual.

Aída también mencionó lo que ha pasado en su país de residencia, España, con la figura de Franco y cómo sus descendientes son tratados en estos días.

“Él vivió, y murió como un dictador tendido en su cama en 1975.

Ahora sus familiares allá son parte del jet set y no son señalados por las acciones del tirano, no entiendo por qué  después de tantos años Trujillo sigue causando tanto morbo.

“No me gustó la fiesta del chivo”

Aída Trujillo también fue indagada acerca de su percepción sobre La fiesta del Chivo, de Mario Vargas Llosa, libro que se convirtió en un verdadero éxito editorial y que puso en la atención del mundo entero la figura del dictador de República Dominicana.

“Fui la única de mi familia que estuvo en el lanzamiento del libro y aquella vez lo hice con todo el valor del mundo”, recordó.

La autora también agregó: “Ese tipo de literatura no me gusta porque es muy violenta, algo que me afecta muchísimo, compré el libro solo porque tenía una cierta relación conmigo, pero para mi percepción ha sido el peor libro que he leído de Vargas Llosa”.

mayo 23, 2010

“Vida entre letras”, curioso reportaje de la presentación de “A la sombra de mi abuelo”

Vida entre letras

 

Con Guillermo Cote y Bismar Galán,

Con Guillermo Cote y Bismar Galán, Editorial Norma

Saram Leyla Puello – 7/19/2008

 
 
 

Aída Trujillo
Al pasar las puertas, adentrándome así al gran salón rojo, sospeché a sorpresa de mi estrata psíquica consciente, que vería a un monstruo. Una figura fofa hasta hacer brotar verrugas verdes como las de los sapos, ojos saltones como esos mismos sapos, tez ceniza llena de pliegues insalvables y una melena más semejante a la de un león que a la de un ser humano.

No alcanzaba a ver -ya mis compañeros de otros medios la habían rodeado queriendo azotarla con el látigo de las preguntas domadoras. No alcanzaba a ver y mientras me acercaba tuve que extender el cuello, soltar cartera y cámara en silla cualquiera hasta llegar a mi monstruo.

Me detuve a un metro suyo finalmente, ante un escenario que parecía el podium de una deslumbrante estrella.  Y vi su figura.

Pero esta ya no me parecía igual a aquella culpable, nieta de asesino, hija de asesino, ahijada de asesino, aquél monstruoso linaje que me había imaginado. Se trataba más bien de una mujer de facciones expresivas y atractivas, con un pelo rojo como el incendio de la injusticia, con unos ojos cansados por los años de llorar. Una mujer normal.

Aún así me quedé observándola por varios minutos, desconectada todavía de sus palabras, como si fijar la mirada en su iris pudiera ser la llave para liberar al monstruo que de seguro llevaría los genes de la tiranía.

Pero nada de eso ocurrió. Aída denotó el mismo porte sosegado que luce el ex-Jefe en el retrato que acosaba las paredes de los hogares dominicanos, fantasma mental hoy en día de los habitantes de esas mismas moradas. Se le veía preparada, compuesta y erguida, como quien se resigna a enfrentar el calvario, aceptando su culpa (ajena en este caso) y entregada a una voluntad suprema de salvación.

Yo conocí a Aída Trujillo y me pareció un ser normal. Tan normal que casi roza el papel de víctima frente a su casa editora, visionaria de una oportunidad de mercadeo con la publicación de su libro de desahogo, su diario hecho novela: Aída Trujillo “a la sombra de [su] abuelo”, confesando las intimidades del que alguna vez fue considerado el “Todopoderoso” y descendiente de la impunidad.

Es criticable el truco publicitario, aunque entendible e inevitable, pues imposible suprimir la herencia histórica de la persona y qué bueno, así el lector tiene la posibilidad de sentarse en primera fila para hurgar dentro del relato, las respuestas a tanta impotencia. ¿La calidad literaria de la obra? Realmente poca a excepción del desarrollo de los diálogos. Sin embargo, un brillo inesperado y un ligero quiebre de voz me dieron a entender que escribir “A la sombra de mi abuelo” fue necesario para Aída Trujillo poder destituir su impotencia.

 
 
   

 

 
 

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