Aída Trujillo

enero 28, 2011

Publicaciones en el periódico El Nacional, “Ciutat d´Elles”, Una esperanza para la Tercera Edad

27 Enero 2011, 10:30 AM

Vivencias cotidianas de allí y aquí

Escrito por: Aida Trujillo

 

Una esperanza para la Tercera Edad

“Ciutat d´Elles” es un proyecto que considero imprescindible y que pronto debería convertirse en una realidad.  Y no solo en España sino también en nuestro país y en todo el mundo. En él, las ideas humanitarias y prácticas van entrelazadas. Por falta de espacio, me limito a resumir de lo que trata pues resulta imposible describirlo en su totalidad, aunque, quien desee más información, puede dirigirse a su  blog.

http://ciutatdelles.blogspot.com/

“Hace relativamente poco tiempo, a una persona de 60 años se la consideraba vieja. Hoy en día, la situación ha cambiado y, a esa edad, aún nos sentimos llenos de vida, con deseos de disfrutar de los años venideros. Muy pocos sentimos la necesidad de ingresar en una residencia tutelada pues ser mayor no equivale a ser minusválida/o, o incapaz de tomar decisiones. No queremos ser tratadas/os de ese modo y nos consideramos con plenas capacidades, conocimientos y deseos de decidir sobre nuestras vidas e independencia.

Al ingresar en una residencia debemos renunciar a nuestra autonomía, espacio propio y a nuestra autoestima, bases imprescindibles para gozar de buena salud y equilibrio psíquico. Por ello, muchas personas optan por vivir solas, aunque eso signifique renunciar, en gran parte, a la comunicación y cooperación social.

Nos hallamos en un momento que explora nuevas formas de vida y muchas/os deseamos, al llegar a la edad madura, algo mejor que lo que hoy nos ofrece la sociedad. Queremos no tener que elegir entre autonomía y soledad ni renunciar al capital de sabiduría acumulado durante nuestra vida. Reivindicamos el derecho a recoger sus frutos, sintiéndonos útiles y vivas/os, que es la meta de este proyecto.”

Un grupo de mujeres mayores, residentes en las Baleares, jubiladas o trabajadoras en edad próxima a la jubilación, y que actualmente viven solas, fueron las que se plantearon el desarrollarlo. Así, en el 2003, nació el grupo promotor de esta asociación.  La idea surgió al conocer experiencias similares que afirmaban poder realizar que un conjunto de personas mayores creasen espacios funcionales.

Por otra parte, la utilización de la permacultura como herramienta para trabajar la tierra, consiguiendo con ello una alimentación más sana y permitiendo llegar al autoabastecimiento, les animó a ponerlo en  práctica. Experimentar una coexistencia enlazada con la sociedad y que permita contribuir y recibir experiencias desde otros colectivos, administraciones públicas y diversos proyectos nacionales e internacionales. Promover un urbanismo autosuficiente, utilizando energías renovables. Basarse en la arquitectura bioclimática, construyendo dentro de las normas de la bioconstrucción, rodeándose de jardines y huertos biológicos.

Hace poco contacté con las personas que están intentando llevar a cabo este fantástico proyecto y recibí una respuesta lamentable y decepcionante.  Fui informada de que, de momento, éste sigue siendo solo un sueño pues las posibilidades económicas con las que cuentan son muy escasas.  También me comentaron que no se ha logrado obtener lo necesario para emprenderlo en privado y las instituciones que desean ayudarles han tropezado con grandes dificultades. Podemos colaborar, simplemente inscribiéndonos en su página web. ¡Apoyemos, pues, esta noble causa!

http://ciutatdelles.blogspot.com/2007/03/prueba.html

Encabezamiento del blog:

Una esperanza para la tercera edad Ciutat d’Elles

¡ESTAMOS EN MARCHA!, BUENAS NOTICIAS APARECEN CADA DIA. El Ayuntamiento de Palma, encabezado por la MH. Alcaldesa Aina Calvo, apoya el proyecto, nos da ánimos y ayuda. Pronto tendremos a nuestro alcance el sueño de nuestros años dorados:  LA ECOALDEA DE CIUTAT D’ELLES.

junio 18, 2010

Publicaciones en el periódico El Nacional de República Dominicana, la falta de luz y de agua y… la miseria

18 Febrero 2010, 12:25 PM

Vivencias cotidianas de allí y aquí

Escrito por: Aida Trujillo

Tras muchos años de ausencia, de regreso a mi país natal, se celebra San  Valentín, día de la Amistad  y el Amor, al igual que en otros lugares del mundo.  Pero, a pesar del hermoso festejo, en Dominicana se me vuelve a romper el corazón de pena.

Existen, en nuestra querida patria, lugares en donde mucha gente está sufriendo la falta de energías fundamentales.  La información me llega a través de los noticieros y los periódicos.  Pero lo peor son los comentarios directos de quienes las viven en su día a día.  Últimamente el problema se ha recrudecido, llegando a límites intolerables.

Juan Dolio

Juan Dolio

Yo misma estoy padeciendo los estragos de 72 horas seguidas sin electricidad.  Muchas de ellas, también sin agua.  Con todo, me considero una privilegiada pues tengo la suerte  de haberme “cobijado” en casa de una amiga, Pepa.  Ella vive en un sector de Juan Dolio en donde hay luz permanente y en donde me ha acogido con los brazos abiertos.  ¡Gracias, Pepa!

A pesar de convivir con el agua contaminada y no apta para beberse, como ya sabemos, el poder aliviarse del calor y preservar el aseo del hogar, brinda un gran consuelo a no pocos compatriotas. Su carencia es inadmisible, así como la de la luz, en un país como el nuestro.

Las noticias tocantes al asunto no son alentadoras.  La crisis continúa sin que se manifiesten soluciones inmediatas.  Los testimonios y las imágenes de personas desesperadas son graves y tristes.

Señores…  ¡Seamos solidarios también con nuestro pueblo!

Hace algunos días visité el mercado de San Pedro de Macorís y me detuve a curiosear por sus alrededores.  El olor nauseabundo de las calles circundantes me hizo escapar mucho antes de lo previsto.  Tanta miseria, tanta porquería tirada por el suelo, tanta falta de higiene, me lastimó… Y aún más me lastima el hecho de saber que  ese estado de infección continua, parece indisoluble por el momento.  Nadie le pone remedio.  La gente lo tiene asumido.

Enfermedades, contaminaciones, bacterias, virus, parásitos y un sinfín de malestares que pueden determinar hasta la muerte, hacen de las suyas en núcleos como ese.

Pero no es sólo en San Pedro en donde he podido observar ese desastre cotidiano que, por serlo, se ha convertido en algo familiar para “el ciudadano de a pie”.  Como sabemos, nuestra capital y otros municipios, también cohabitan con él. Opino que eso es algo que no debe de ser tan difícil de erradicar.  Y que lograrlo repercutiría en beneficio de todos.

Hace un tiempo, Cecilio, un señor al que considero un sabio por su trayectoria, me dijo algo que me marcó profundamente.   “Por desgracia nos resulta imposible ayudar a todos pero…  ¡lo que sí podríamos hacer es intentar auxiliar aunque fuese a una familia!”  Él, con gran tesón, rescató a un matrimonio y a sus hijos de una especie de ratonera y les ayudó a construirse una vivienda digna y sin goteras.  Este señor no es, ni aspira a ser, un magnate pero pidió la colaboración de otros y lo consiguió.  Creo que merece la pena el considerar este ejemplo de adhesión humanitaria.

Si cada uno de nosotros socorriese a una sola familia, de tantas que viven en la miseria…  ¿cuántos miles, o millones, de ellas se verían beneficiadas?  Me pregunto si  de veras desequilibraría nuestro presupuesto el donar un galón de agua potable, una libra de arroz y otra de habichuelas cada tanto a algunas personas que no pueden adquirirlas por falta de recursos…

Creo que no es necesario irse muy lejos para ser solidarios. Esto no quiere decir que no lo seamos con otros países.

 
   

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