Aída Trujillo

agosto 29, 2011

Publicaciones en el periódico El Nacional, La parte oscura de las bellezas de nuestro país, primera parte

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Playa de Sosúa, desde el mar

Playa de Sosúa, desde el mar

Vivencias cotidianas de allí y aquí

La parte oscura de las bellezas de nuestro país (I)

Escrito por: Aida Trujillo Ricart (https://aidatrujillo.wordpress.com/)

El pasado sábado, gracias a la grata visita de mi hija, que me llevó en su automóvil, pude deleitarme, al volver a zambullirme, en un delicioso baño de mar, en las transparentes aguas de una playa que mi madre me enseñó a amar: la de Sosúa.

Mi hija Haydée, en el mar, al que ama

Mi hija Haydée, en el mar, al que ama

Aunque sigo estando absorbida por los múltiples arreglos “post mudanza”, el hecho resultó ser muy agradable. En otra ocasión me extenderé en describir la belleza de ese paraje y lo que representa para mí.

En octubre 2010. con "Tomás", el mar estaba enfadado

En octubre 2010. con "Tomás", el mar estaba enfadado

También comentaré los cambios que he percibido que se han producido en ella, la playa de Sosúa, desde que, de adulta, y de las manos de mis primeros tres hijos, la reencontré, allá por el 1983.

A pesar de "Tomás, mi hijo Carlos y mi nuera Mayte, se metieron en el agua

A pesar de "Tomás, mi hijo Carlos y mi nuera Mayte, se metieron en el agua

Sin embargo, el gozo que sentí en un principio, se vio súbitamente truncado  por un inesperado y triste acontecimiento. Uno de tantos que se producen a diario y que parecen ser ignorados por una gran mayoría, que los vive como si de algo natural se tratase.

Mientras ella, mi hija, una amiga suya y yo disfrutábamos del hermoso entorno, sentadas y bien atendidas, apareció un jovencito.  Calculo que tendría menos de veinte años de edad e iba sosteniéndose mediante un par de rudimentarias muletas.

Vestía un pantalón corto que permitía vislumbrar una profunda herida en su pierna derecha. La hendidura era de tal magnitud que dejaba ver, con claridad, la tibia y el peroné.

Como es obvio, entablamos conversación con el chico. Le dimos algo de dinero y le preguntamos lo que le había ocurrido.

Nos dijo que fue atropellado por un vehículo al que ni se le ocurrió detenerse. Esto es algo que ocurre, por desgracia, en todas partes, incluso en lugares supuestamente altamente civilizados; un hecho criminal, indignante y carente de humanidad.

Quise averiguar si se le había llegado a gangrenar parte de la pierna o del pie. El joven respondió negativamente y le dije, entonces, que todavía había esperanzas de salvársela. Añadí que no debía llevar el hueso destapado ya que, aquello, podría ocasionarle una infección que afectaría todo su organismo.

En su caso, se lo habría advertido su médico, era indispensable someterse a un implante de carne sustraída de alguna parte de su propio cuerpo. Una simple sutura no podría sustituir esa intervención pues, el golpe, le había arrancado extensos fragmentos de la misma.

Aunque no me entendió bien, era consciente y estaba resignado a su destino: de todos modos se la iban a amputar. A su familia le es imposible solucionar su terrible problema, dada su precaria condición económica.

Lo más que se puede hacer es cortarle la pierna, evitando así su muerte que, de seguir en ese estado, se produciría más temprano que tarde.  Eso es lo que sucede en este país, aunque no sea necesario, al que carezca de caudales y padezca una enfermedad o sufra un accidente,

Tras referirme su situación, el chiquillo me expuso que,  ya que la pérdida de su extremidad era inexorable, y aunque le hace padecer intensos dolores, había pedido un favor al galeno que le atiende: que le conceda unos días de margen con el fin de poder pedir limosna.

Una limosna que, con tantísimos amputados que pululan por nuestra patria, se reducirá considerablemente desde el momento en el que se le seccione la pierna.

Por supuesto, no me animé a hacerle una fotografía, aunque ahora creo que tenía que haberlo hecho para, de ese modo, denunciar el hecho y pedir ayuda.

Este es uno de los numerosos sucesos que he escuchado y presenciado en el tiempo que llevo viviendo aquí. Son situaciones que me hacen meditar mucho.

No suelo, ni tengo intención, de meterme en temas políticos, pero sí en asuntos humanitarios.

Y me pregunto, con frecuencia, si nuestro país se hará internacionalmente famoso por estar, su población, mutilada en un elevado porcentaje.

Me inquiero también cuantos jóvenes perderán su vida, su salud o su talento en el camino de un progreso del que tanto se habla.

La unión hace la fuerza, reza un conocido dicho.

Unámonos y luchemos por los jóvenes, nuestro futuro. Y también a favor de nuestros mayores, quienes hicieron lo que pudieron, o supieron, para crear y sostener esta nación.

¡ Seamos solidarios con nuestros compatriotas!

 

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agosto 27, 2011

Publicaciones en el periódico El Nacional, Las mudanzas

12 Agosto 2011, 11:08 AM

Vivencias cotidianas de allí y aquí

Las mudanzas

Escrito por: Aida Trujillo Ricart (https://aidatrujillo.wordpress.com/)

 

Suelen ser inevitablemente insoportables, a pesar de que el traslado pueda producirse de un sector de la misma ciudad  a otro. Aunque es bastante poco, he conocido, en España, gente que no se ha mudado nunca de casa.  Me parece, por un lado envidiable, pero, por otro, aburrido.

Nuevamente me toca mudarme, por sexta vez, nada menos, en mi país, desde mi llegada que cumplirá su segundo aniversario el 3 de septiembre.

Cabarete centro

Cabarete centro

Esta vez me voy hacia al norte, término de Puerto Plata, concretamente a Cabarete. Existen diversos motivos para haber elegido ese destino pero, me da en el corazón que es el que me corresponde en estos momentos.

Las mudanzas son odiosas, por lo menos para mí y la gente que me rodea y coincide conmigo. Además, cuando uno está instalado en una casa, lo tiene todo más o menos organizado. ¡O eso creía! Y lo digo porque, de pronto, uno se encuentra con que no halla tal o tal cosa que debería estar en tal sitio.

Finalmente, cuando lo encuentra, ya no sabe ni en qué caja colocarlo “para no olvidar que está ahí”.  Obviamente, lo olvida hasta que no tiene el coraje de vaciar todo, cosa que no se suele hacer en un día.

Cuando no se tienen demasiadas pertenencias, uno piensa que, en un par de días, como mucho, lo habrá recogido y empacado todo. Es una de las mentiras más grandes que me he regalado a mí misma cada vez que me he cambiado de domicilio. Pero, lo mejor de todo, es que siempre vuelvo a caer en mi propia trampa.

Preparas cajas, que nunca son suficientes, aunque uno se engaña también pensando que las hay de sobra, y te convences de que en un “plis plas”, como se dice en España, las rellenarás y vendrán a recogerlas.

Eres, obviamente, consciente de que, una vez que te hayas trasladado a tu nuevo hogar, tendrás que elegir puntualmente adonde vas a colocar los muebles y objetos. “¡Pero eso será cuando llegue allí, tranquilamente, sin prisas!” “¡Marcaré cada caja con lo que contiene, eso facilitará todo!”

Empiezas, normalmente de buen humor, si te agrada el trasladarte de adonde estás viviendo en ese momento, y a sacar cosas de los armarios, gavetas, baldas, etc. Pero, al cabo de tres o cuatro horas de extenuante y aburrido trabajo, te das cuenta de que queda aún más, muchísimo más de lo que creías. Y tu entusiasmo empieza a deteriorarse, pasito a pasito.

En estos momentos estoy en esa fase, aunque reconozco que hoy he conseguido hacer mucho, pidiendo ayuda, por supuesto. Una ayuda que pensaba, como siempre, que no me iba a hacer falta.

Ahora estoy ilusionada con “saber” que, cuando llegue a mi destino, podré desembalar y colocar a mi ritmo, despacio, con música, sin niños con sus horarios, etc.

Pero, en el fondo sé que, no será así.

Eso sí. Cuando coloque lo imprescindible,me prometo a mí misma caminar hacia la playa y darme un chapuzón en el mar.

Estoy segura de que comprenderán este escrito tan absurdo y tan real como la vida misma.

¡Vengan a visitarme! ¡Aquello es precioso!

EN EL MOMENTO EN EL QUE PUBLICO ESTA ENTRADA, YA ESTOY EN MI NUEVA CASITA

Primera foto en Cabarete, mañana del 8 de agosto

Primera foto en Cabarete, mañana del 8 de agosto

Primera noche, con el colchón en el suelo

Primera noche, con el colchón en el suelo

Por donde empezar...

Por donde empezar...

Pero, el 22 de agosto por la noche, víspera de mi cumple, "Irene" no nos dejó dormir...

Pero, el 22 de agosto por la noche, víspera de mi cumple, "Irene" no nos dejó dormir...

Organizando

Organizando

Por supuesto, traje mis queridas plantas

Por supuesto, traje mis queridas plantas

Chilling, mi perrito, se instaló haciendo honor a su nombre

Chilling, mi perrito, se instaló haciendo honor a su nombre

Yo, en la nueva casa

Yo, en la nueva casa

Publicaciones en el periódico El Nacional, Violencia de género psicológica, basada en una exposición de la Psicóloga Ana Martos Rubio

5 Agosto 2011, 10:45 AM
Vivencias cotidianas de allí y aquí

Violencia de género psicológica

Escrito por: Aida Trujillo Ricart (https://aidatrujillo.wordpress.com/)

El año pasado escribí una de tantas anécdotas que, por desgracia, se producen en el mundo entero, sobre la violencia física de género. Hoy voy a referirme a otro tipo de intimidación: el psicológico. No mata instantáneamente pero, como un veneno suministrado en pequeñas dosis, va asesinando la mente de la víctima.

La violencia psicológica es un conjunto heterogéneo de comportamientos, intencionados o no.

Desde el punto de vista jurídico español, tiene que existir la intención del agresor de dañar a la víctima para que se trate como un delito penado por la ley, pues implica una coerción, aunque no se utilice la fuerza física.

No se puede hablar, empero, del tema como tal, mientras no se trate de una situación continua o prolongada.

Un insulto puntual, un desdén, una palabra ofensiva, etc., son ataques, pero no lo que entendemos por violencia psicológica. Para que ésta se produzca, es preciso que pase un tiempo en el que el verdugo maltrate a su víctima, llegando a producirle una lesión psicológica.  Esa dislocación, sea cual sea su manifestación, es debida al desgaste emocional del torturado.

La violencia psicológica tiene dos caras: la pasiva y la activa.

La primera es la falta de atención hacia la víctima, cuando ésta depende del agresor, y/o el abandono emocional.

Sucede con los niños, los ancianos, los discapacitados o en cualquier situación de dependencia de la víctima con respecto al agresor.

Cuando, por ejemplo, los ancianos, menores o incapacitados son abandonados en instituciones, en donde cuidan de ellos, pero que nunca reciben una visita, una llamada o una caricia por parte de sus familiares.

Son formas de maltrato, no reconocido, los niños víctimas de abandono emocional, que  no reciben afecto o atención de sus padres, que no tienen cabida en las vidas de los adultos y cuyas expresiones emocionales, de risa o llanto, no reciben respuesta alguna.

 

La segunda cara de este tipo de agravio es el activo.  Tratos degradantes continuos, difíciles de detectar, porque la propia víctima, muchas veces, no llega a tomar conciencia de que lo son.

Las que son conscientes, en numerosas ocasiones, no se atreven o no pueden defenderse y no comunican su situación ni piden ayuda.

Estas personas son perseguidas con críticas, amenazas, injurias, calumnias y acciones que profanan su autoafirmación y su autoestima e introducen en su mente malestar, preocupación, angustia, inseguridad, duda y culpabilidad.

Otra, de tantas maneras de violentar, es el acoso psicológico que tiene el objetivo de destruir moralmente al otro.

Dentro de este tipo de asedio, no hay que olvidar el acoso afectivo. Éste se manifiesta con una conducta de dependencia en la que el acosador le hace, al acosado, la vida imposible, devorando su  tiempo e intimidad, con sus manifestaciones exageradas de afecto y sus demandas de amor.

Existen múltiples expresiones de violencia psicológica, por ejemplo, la “sobre protectora”, la “insospechada” e incluso la “consejera”, que tiene, a veces, un matiz de amenaza y acosa, imperceptiblemente, a  la persona que no se deja aconsejar.

La violencia psicológica es más difícil de demostrar que la física, porque sus huellas no son visibles a simple vista. El maltratador suele manipular a su víctima para que crea que exagera y logra que se sienta culpable. Lo mismo hace con su entorno, intentando demostrar que es un excelente cónyuge, familiar o amigo. Existen casos en los que la agresión es tan sutil y sofisticada que resulta casi imposible descubrirla. Pero siempre deja marcas psicosomáticas en quien las sufre.

Hay varias formas de detectarla aunque, por desgracia, muchos no las conocemos o no queremos conocerlas, sintiéndonos culpables si lo hacemos. Percibir la violencia que sufre otra persona es más fácil que cuando uno es  la víctima, porque desde fuera, las cosas se ven con mucha más claridad.

La violencia psicológica se puede detectar desde tres perspectivas:

La que padecemos nosotros mismos como víctimas.
La que padecen otras personas, también como tales.
La que podemos ejercer nosotros mismos como verdugos.

Como he comentado antes, desde la posición de víctima, a veces es difícil descubrirla porque, en estas situaciones, frecuentemente, desarrollamos mecanismos psicológicos que se ocupan de ocultar la realidad, cuando ésta nos resulta excesivamente dolorosa y desagradable.

Estos mecanismos tienen la finalidad de preservarnos de la angustia y del hecho de aceptar que somos víctimas de una situación reiterada de maltrato psicológico.  Sobre todo cuando la agresión proviene de una persona a quien estimamos, ya que eso supone una titánica carga de zozobra, difícil de digerir.

En estos casos, buscamos alguna justificación para la actitud del agresor e intentamos descubrir casos similares en nuestro entorno.  Con ello pretendemos compararlo y llegar a la conclusión de que, la nuestra, es una situación común y corriente.

Otras veces recurrimos a culparnos a nosotros mismos de lo que sucede y buscamos en nuestras actitudes, pasadas y presentes, el motivo que provoca el maltrato. Cuando esto ocurre, ya tenemos un indicio muy claro de que somos víctimas de violencia psicológica.

Del mismo modo que si nos sorprendemos realizando cosas que no deseamos hacer porque van contra nuestros principios o nos repugnan.  Al igual que si hacemos cosas porque, si no, entraríamos en pánico por el posible enfado del otro.  También si hemos llegado a la conclusión de que la situación dolorosa que sufrimos no tiene solución porque la merecemos, la hemos buscado o porque no se puede cambiar.

Si nos sentimos mal frente a alguien que nos produce malestar, inseguridad, miedo, emociones intensas injustificadas, una ternura que se contradice con la realidad de esa persona que provoca que nos consideremos poca cosa, inútiles, indefensos o tontos, ya hemos identificado a nuestro agresor.

Éste es, por desgracia, muchas veces el caso de los niños, de los ancianos, de las personas más débiles que sufren este tipo de violencia por parte de alguien de quien dependen y a quien no se atreven a delatar por temor a empeorar la situación.

Es también frecuente el caso de personas que han aprendido a no defenderse y a aceptar la situación como algo no solamente normal, sino incluso deseable.

Seres humanos, y hasta animales, que sienten que, hagan lo que hagan, van a ser castigados, que nadie les va a poder defender.  Y, de ese modo, van desarrollando una sensación de continuo fracaso y de impotencia, que las lleva a una actitud de pasividad en donde aprenden a no reaccionar frente a lo que les está ocurriendo.

Deberíamos conocer que tenemos un mecanismo neurológico, llamado “habituación”. Consiste en que, el sistema nervioso, deja de responder a estímulos cuando éstos se producen continuamente.

A veces somos conscientes de la hostilidad que sentimos hacia una persona pero no del maltrato que le ocasionamos.

Sentir rabia, envidia o rencor contra otros es natural, las emociones no obedecen a la razón. Pero sí podemos controlar nuestras acciones.

 

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